Tati
-¿Dónde?
-Ahí. Derecho.
El díalogo se produjo en la helada noche del 20 de octubre de 1999 en el estadio Felix Bollaert de la ciudad francesa de Lens, mientras quince leones, que parecían treinta, protagonizaban una de las defensas del ingoal más memorables en la historia del rugby. El que preguntaba dónde estaban los de verde para ir a hacharlos a tackles era Santiago Phelan. El que le mostraba el camino mientras se multiplicaba junto a sus compañeros era Agustín Pichot. ¿El partido? Claro, ese con Irlanda, por el Mundial. Ambos con el carnet del Club Atlético San Isidro (CASI) y con el ADN Puma. En distintos puestos, con distintas características de juego y con distintas rutas en el el deporte de la ovalada, pero con el mismo espíritu y con idéntico cartel de líderes. Los dos, ahora de nuevo, protagonistas de un nuevo capítulo de la leyenda del seleccionado argentino. Porque el 9, el capitán, fue participe de la decisión de designar como entrenador a aquel ala desvastador.
Phelan, Tati para todos, nació el 31 de marzo de 1974 en San Isidro. Casi al mismo tiempo que empezaba el colegio abrazó su pasión por el rugby y por el CASI. Allí se formó como jugador y persona. Y fue forjando su condición de líder. Todas las divisiones lo tuvieron como capitán. Y fue campeón en todas. En Menores de 15, 17 (invicta), 19, Intermedia y del Nacional de Clubes de 1995. En este último, junto a Pichot, antes de que el medio scrum emigrara hacia el rugby profesional europeo. También fue capitán de Los Pumitas (92-93), del Sub 21 (95) y de Los Pumas, precisamente en su último partido con el seleccionado, ante Rumania, en el Mundial del 2003.
En Los Pumas debutó el 27 de septiembre de 1997, en el triunfo por 56-17 ante Uruguay, en el Sudamericano jugado en Chile. En ese año, durante la Copa Latina, compartió el plantel con Fabián Turnes, hoy su mano derecha en la conducción del seleccionado. A partir de allí forjó una formidable campaña con la celeste y blanca signada por una herramienta histórica en el rugby argentino: el tackle. Jugó 46 test y dos Mundiales: 1999 y 2003. También fue parte del equipo de Seven que alcanzó el tercer puesto en el Mundial de Mar del Plata del 2001.
Una postal de su época de jugador. De aquel famoso test con Irlanda quedaron la resistencia en los 9 minutos finales, el try de Diego Albanese y la puntería de Gonzalo Quesada. Pero a quienes tuvimos la dicha de estar ahí nos impactó en la memoria los hombros morados de Tati de tanto tacklear.
Ya casado, con hijos -hoy tiene cuatro- y con múltiples ocupaciones laborales, dejó el seleccionado tras el Mundial del 2003. En el CASI jugó un año más. Siempre prefirió quedarse en la Argentina.
Después de entrenar a múltiples divisiones infantiles y juveniles de su club, llegó a la Primera en el 2006, tras el campeonato y la renuncia de Eliseo Chapa Branca, otro símbolo Puma. También entrenó a Argentina A junto a José Orengo.
Su apellido sonaba desde que se supo que Marcelo Loffreda -otro estandarte Puma, pero del lado de enfrente de San Isidro- se marchaba a Londres. La numerosa familia y sus ocupaciones aparecían como principales obstáculos. Pero su mujer bancó y también apoyó su socio Marcelo Pájaro López Imizcoz (ayer presente en la conferencia de prensa), aquel fullback de precisa patada del CASI invencible del Luis Caña Varela y con quien comparte dos fábricas de medias, calzoncillos y gorritas.
Tipo franco, de palabras justas y de trato amable, Phelan es un símbolo del rugby argentino, y su llegada como entrenador puede aportarle mucho a la historia ya rica de Los Pumas.
En el trayecto -seguramente muy pronto- que tendrá su punto máximo en el Mundial del 2011 de Nueva Zelanda, la historia Puma le tendrá reservado un nuevo capítulo a Phelan y a Pichot. En otra escena. Quizá con el capitán, en su último acto, preguntándole “dónde”, y con el ahora head coach indicándole el camino.






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