Los guerreros y la década intensa (Parte 3)
Apenas tres años antes todo era euforia en el rugby argentino, cada uno de los cuatro tests que jugó el seleccionado en 1985 es una historia en sí mismo y ninguno de los protagonistas olvida esas tardes de Ferro que llenaron de calor al invierno y de un sol exuberante a la primavera. “Estos veinte primeros minutos tienen que ser la levantada del partido, ¿entienden?. Son los últimos cuarenta minutos que vamos a jugar!” le gritó Porta a sus compañeros en el entretiempo del segundo test contra los All Blacks. Lo que nadie sabía, y ahora nadie ignora, es que además, fueron los últimos cuarenta minutos de plenitud de ese grupo, porque ese año inolvidable fue el cenit y en el resto de la década, aún plagada de historias intensas y anécdotas entrañables que iluminaron muchos partidos, todo sería cuesta abajo para los fabulosos guerreros del rugby argentino. En el momento de mayor euforia, cuando una multitud rugiente y orgullosa de que su equipo ya estaba entre los mejores del mundo inundó Vélez de pasión, los conflictos salieron a la luz, las tormentas aparecieron en el cielo y empezaron a cubrir la geografía del rugby argentino, enturbiando las aguas gloriosas del 85.
“¿Se lo decís vos o se lo digo yo?”.
Junio de 1988. Ya había pasado casi un año desde el regreso de Rodolfo O’Reilly a la conducción del seleccionado y, en esta nueva etapa, lo acompañaba Raúl Sanz, el Ruso, como su principal colaborador. “Dejá que hable él, que decida él” fue la respuesta del Ruso. Los Pumas entrenaban desde unos días antes en Olivos preparando la serie contra Francia y cuando lo vieron entrar al diez por la puerta de la calle Pelliza se erizó la piel de los entrenadores del seleccionado. Aunque ambos eran dueños de personalidades potentes no era fácil comunicarle al jugador símbolo del rugby argentino que ya no lo querían en el equipo, pero Hugo Porta les hizo las cosas fáciles. Él también tenía la decisión tomada, “Llegué unos días tarde a los entrenamientos porque había jugado un partido en Australia por el aniversario 75º de la Unión y ellos sabían que yo iba a decirles que ya estaba, que me iba. Raro ir a Vélez a ver a Los Pumas desde la tribuna, pero bueno, era terminar una etapa”. Porta era grande, ya tenía 36 años en ese momento, pero no solo la edad lo alejó de Los Pumas, las grietas también jugaron en ese partido.
Las grietas
Ángel Guastella solo o acompañando a Héctor Silva, Lucho Gradín secundado por Aitor Otaño y Rodolfo O’Reilly con distintos lugartenientes fueron los entrenadores de Los Pumas en la década intensa, pero a grandes rasgos podemos hablar de la dupla Guastella/ Silva (1978 y 1984 / 1987) y Michingo O’Reilly (1982/83 y 1987/90) como los comandantes principales. Y, si bien Los Guerreros fueron un grupo homogéneo que se caracterizó por dejar todo para llevar siempre a lo mas alto la mística puma, cada comandante tenía sus jugadores favoritos.
¿Hookear o empujar en el scrum? Detrás de una polémica propia del juego se escondían otros fantasmas que agitaban algunos enconos. Se hablaba de los Guastellistas, a favor del hookeo y los Villeguistas, a favor del empuje. Carlos Veco Villegas, un señor del rugby y símbolo del SIC, le daba nombre al segundo grupo, mas cercano a O’ Reilly. El capitán Hugo Porta, si bien consiguió grandes triunfos y formó un doble comando exitoso con Michingo, claramente tenía un vínculo mas sólido con la dupla. A Papuchi Guastella, que lo llevó a Los Pumas en 1971, Porta siempre lo reconoció como su maestro y con Silva había construido un lazo indestructible a partir de las giras de 1978 a las Islas y 1979 a Nueva Zelanda. Pochola, en su última etapa de jugador fue un gran apoyo para Hugo, que daba sus primeros pasos como capitán. El trío Silva-Guastella-Porta comandó a Los Guerreros en 1985, el mejor año de la década intensa y también en el peor fracaso, el Mundial de 1987. O’ Reilly dirigió los grandes triunfos ante Sudáfrica y Australia y asumió la reconstrucción luego del duro golpe de la primera Copa del Mundo. El grupo de San Isidro tenía buena conexión con Michingo. Por supuesto que hoy, lejos de aquellas polémicas que nunca cruzaron la barrera del enorme respeto que se tenían los protagonistas, Papuchi, Michingo, Pochola y el Veco estarán compartiendo un maravilloso tercer tiempo en el cielo de los próceres del rugby argentino.
A mediados de la década se dieron dos procesos auspiciosos por afuera de Los Pumas, que iban a tener una repercusión no tan auspiciosa, aunque tal vez necesaria, en el corazón del seleccionado: Banco Nación y Tucumán. En 1986 Hugo Porta cumplió el sueño de salir campeón con su club. Banco, con un rugby lujoso y desplegado, rompió la supremacía de los clubes de San Isidro que venían ganando todos los campeonatos desde 1970, con un juego sustentado en el poderío de sus fowards (con la excepción del CASI de O’Reilly 1974-76, que honraba la tradición de La Academia). Al Banco de Porta, Turnes y Aguja Gómez se lo caracterizó como el equipo del Pueblo, que vino a romper la hegemonía de los poderosos de San Isidro. “A partir de 1986 hubo un recambio generacional muy importante intentando darle otro tipo de juego al rugby argentino, cuando realmente no estábamos preparados”, así lo recuerda Diego Cuesta Silva. Como se destacó en el segundo capítulo de esta serie de artículos, Tucumán en 1985 había roto otra hegemonía, la del rugby porteño. Detrás del equipo del pueblo se alinearon los que ya no querían tanto gen de San Isidro en Los Pumas y detrás del equipo naranja, las provincias argentinas empezaron a reclamar el lugar que les correspondía en las decisiones del rugby argentino y por supuesto en las convocatorias al seleccionado.
Las grietas gruesas y las invisibles se iban a deslizar por alguna hendija de la estructura puma en 1986 e iban a estallar en el fracaso de la primera Copa del Mundo.
El fracaso
La multitud que asistió al estreno de Vélez para el rugby el 31 de mayo de 1986 celebró con alborozo el triunfo ante Francia (15-13) y el griterío tapó una realidad; el equipo no jugó bien ese día y una semana después cayó sin atenuantes en la revancha. !Pero se le había ganado otra vez a Francia!! La segunda vez en dos años¡ ¿Quién iba a preocuparse? Cuando el gentío se desparramó por Liniers y Villa Luro después del segundo test, a pesar de la derrota, llevaba el convencimiento de que los Pumas seguían perteneciendo a la elite del rugby internacional, que ya tenían su lugar entre los mejores. La gira a Australia del mes siguiente empezó a mostrar que la realidad no era tan así. Ese viaje es un mal recuerdo para Cuesta Silva “La gira a Australia del 86 fue muy mala, perdimos todos los partidos importantes”. Se perdieron los dos tests, el segundo de forma contundente por 26 a 0 y además, Los Pumas recibieron una paliza de Queensland: 59 a 9. Los malos resultados en el mismo país que tres años antes había recibido la gira mas disfrutada por Los Guerreros se conjugaron con un ambiente nocivo que empezó a contaminar al grupo. En Australia se quebró la relación de Héctor Silva con algunos jugadores y esa ruptura impactó negativamente en el gran desafío que se venía; la primera Copa del Mundo.
Muchos de los grandes protagonistas de los éxitos de la década, por distintos motivos, quedaron afuera del Mundial. Marcelo Loffreda, Tomás Petersen, Ernesto Ure, Javier y Bernardo Miguens, Andrés Courreges, Alejandro Iachetti, Alejandro Scolni, Daniel Baetti, Alfredo Soares Gache, Alejandro Cubelli son algunos de ellos. Aparecieron nombres nuevos, algunos sorprendentes, y también se empezó a hacer justicia con los jugadores de las Provincias, históricamente relegados del seleccionado argentino. En los dos años previos al mundial la presencia de las provincias en Los Pumas fue mínima. Gustavo Milano de Jockey de Rosario, Buenaventura Mingues de Sporting de Mar del Plata y Ricardo Annichini de Estudiantes de Paraná integraron el plantel en la serie ante Francia de 1985 y para la serie ante los All Blacks los dos últimos ya no estaban. En el 86 se mantuvo a Milano y para la gira a Australia convocaron a Annichini, que ya jugaba en Banco Nación. Apenas eso, la UAR miraba solo a Buenos Aires, pero ante el desafío del Mundial las provincias se hicieron un pequeño espacio que permitió el ingreso de Julio Clement de Universitario de Santa Fe, Luis Molina de Los Tarcos de Tucumán y Hugo Torres de Tala de Córdoba, junto a Milano en la lista de jugadores que viajó a la primera Copa del Mundo. El problema, uno entre tantos, fue que en la previa del Mundial ninguno de ellos, ni tampoco los nuevos convocados porteños llegó a jugar ni un partido serio junto a los hombres que vestían la camiseta de Los Pumas desde fines de la década anterior.
Todos los problemas explotaron en el debut ante Fiji, que fue una de las derrotas mas dolorosas en la historia del seleccionado argentino. Hugo Porta lo sufrió, “el mundial 87 lo jugamos antes de jugarse. El esfuerzo de ese grupo se puso en la preparación y en estar en el plantel. Entonces con toda la ilusión que íbamos y con la esperanza de la gente de que hiciéramos un gran mundial , llegamos al torneo y la realidad es que estábamos pasados en la parte física, confundidos en la parte técnica y el equipo jugó pésimo”. Cuesta Silva también pone el acento en la preparación equivocada, “Hicimos una preparación física exageradísima, con casi nada de rugby. No hubo preparación rugbística, no habíamos agarrado la pelota. Yo pesaba siempre 86 kilos y fui al mundial con 90 casi sin haber jugado. Y creímos que le ganábamos fácil el primer partido a Fiji y nos acostaron fenómeno”. Luego de perder ante Fiji 28- 9, Los Pumas le ganaron a Italia 25 a 16 y cayeron ante los All Blacks 46 – 15. Los principales responsables del seleccionado se hicieron cargo y nunca le esquivaron a la palabra “fracaso”. Para Pochola Silva fue uno de los grandes dolores de su vida rugbística “sería ingrato cuando fracasé, como fracasé en el Mundial del 87, decir “bueno, fracasé porque no hice tal cosa”. No, hice lo que tuve que hacer y ahí está”. Hugo Porta también lo sufrió, “para mi fue un golpe duro, era una responsabilidad que había que asumir porque yo era el capitán del equipo y me acuerdo que volvimos del mundial y estuve casi una semana en mi casa dentro de la cama porque no quería ni salir. Fue una mala experiencia el mundial”.
Últimas batallas
El fracaso del mundial tuvo el aroma de fin de ciclo, pero el corazón de los Guerreros seguía latiendo. Silva y Guastella renunciaron y la UAR designó una vez mas a Rodolfo O’Reilly, sabio y motivador, que supo insuflar el oxígeno rugbístico que necesitaba el grupo para sus últimas batallas.“Me llama Michingo y me dice “Perica, vamos a jugar en Mar del Plata contra España”. Y yo le digo “bueno, estoy” y Michingo me dice “Ok, pero baja la panza”. Y bueno, por primera vez fui a un gimnasio”, Andrés Courreges estaba cerca del retiro, Alfredo Soares Gache y Sandro Iachetti también, pero O’Reilly no dudó, necesitaba a los grandes, a aquellos que entendían sin decirles una palabra lo que significaba el sentimiento puma. El Tano Loffreda y Chirola Scolni son otros de los que volvieron en esta segunda etapa de Michingo que, por supuesto, también rescató del naufragio a muchos de los cracks que habían viajado al Mundial. Con esos soldados se preparó para enfrentar a Australia en Vélez, las dos grandes batallas que todavía esperaban en ese año 1987. Y los Guerreros, cansados, maltrechos, pero con la garra puma de siempre se plantaron ante los Wallabies, que venían de hacer un gran mundial y traían a un argentino en el plantel, el fenomenal pilar Enrique “Topo” Rodríguez. Perica se acuerda muy bien del Topo “Yo estaba entrenando solo en el gimnasio Olimpia Cancillería, ahí en la calle Esmeralda, y de repente aparecen los australianos, con el Topo Rodríguez incluido y yo veo que me miraban y se reían. De golpe el Topo me dice “Oíme gordo, con esa panza no podés jugar” y yo le dije “con esta panza te voy a cagar a trompadas a vos y a todos los australianos y vos pedí ser suplente porque te vamos a cagar a palos. Era nuestro amigo pero en la cancha era el enemigo. Y fue una batalla, Georgie se encargó de acomodarlo en cada scrum que formaba”. Los Pumas ganaron la serie: 19-19 el primer test y 27 – 19 el segundo, con el inolvidable try de Christian Mendy entrando al ingoal con la música de fondo de una multitud rugiendo como pocas veces se escuchó en un partido de rugby en Argentina. Porta metió la conversión, el referee pitó el final y, en medio de la euforia, el capitán giró y miró a la platea buscando a Ana Lía, su mujer. Cuando la encontró, levantó los brazos y se despidió de todos. Nadie lo sabía pero esa tarde de sol en Liniers había sido la última gran función con la camiseta celeste y blanca del mejor jugador argentino de todos los tiempos.
Para los Guerreros todavía quedaban algunas batallas. Luego de la salida de Porta, consensuada en el entrenamiento de Olivos, O’ Reilly designo capitán a Jorge Allen, un emblema de los guerreros y la serie ante Francia de junio del 88 fue una verdadera guerra, disputada en un ambiente muy espeso. Los Pumas salieron a jugar el primer test con una enorme carga emocional alimentada por dos cuestiones muy diferentes una de otra: la muerte del Veco Villegas, una semana antes en un accidente aéreo, había golpeado al grupo y por otro lado Francia había vapuleado a Buenos Aires 82 a 0. El dolor por la partida del maestro de muchos guerreros y el miedo al papelón que significaría una derrota abultada ante el subcampeón del mundo ocupó el ánimo de los jugadores. Además a último momento se quedaron sin Rafael Madero, que iba a reemplazar a Porta con la diez. Benjamín, el primer hijo de Rafa nació casi a la misma hora del kick off. No hubo papelón, tampoco triunfo. Ganó Francia 18 a 15 en un partido plagado de piñas que anunció lo que sucedería siete días después.
El 25 de junio de 1988 en Vélez, Los Pumas jugaron el partido mas violento de su historia. Michingo hizo dos modificaciones; entró Rafa Madero y, sabiendo lo que se venía, hizo cambio de hooker, salió Juan José Angelillo y entró Perica Courreges, “Yo les dije , muchachos yo me encargo de Dintrans en el primer line, pero banquen. Primer line, Dintrans tira la pelota y ahí nomás le meto un táckle con un cabezazo y, cuando el tipo estaba en el piso con la cara sangrando le dije “Aujourd’hui c’est la guerre, tous ces gens sont avec nous, il n’y a pas de français à Vélez ( Hoy es la guerra, todas estas personas están con nosotros, no hay franceses en Velez)”. Eran todos nuestros, no nos podíamos dejar pasar por encima”. Y sí, a partir de ese momento fue una guerra. Cada scrum, cada ruck, cada line, hasta en el juego suelto volaban las piñas. Para peor, promediando el segundo tiempo, en una acción involuntaria, Sandro Iachetti le quebró el brazo a Pierre Berbizier, capitán francés, y eso terminó de descontrolar a sus compañeros. Ganaron Los Pumas 18 a 6 con seis penales de Daniel Baetti. Los franceses se fueron masticando bronca y jurando venganza para la gira de Los Pumas programada para noviembre en su país. Los meses transcurridos sirvieron para calmar los ánimos y no hubo guerra en ese viaje de fin de año, que tampoco fue bueno en resultados para el seleccionado argentino.
La despedida
“¿La despedida Chapa?“. Marcelo Tinelli, conductor de Videomatch un programa nuevo que desde un par de meses atrás divertía a la gente en la medianoche, todavía se ganaba el peso como movilero. “Dejaste todo, eh?”, agregó. “Estoy bien, pero ya estoy grande y el deporte este es para estar con tus amigos y se está acabando la camada mía, y ya es hora de dar un paso al costado, trabajaré desde otro lado”.
Había clima de despedida ese cuatro de agosto de 1990. La conciencia rugbística que siempre inundó el alma del Chapa Branca lo entendía todo, se estaba acabando su camada. El cemento de Liniers ya no estaba caliente como en otras tardes y el frío de un largo invierno, que desafiaba las reglas de la meteorología, apuraba el adiós de Los Guerreros.
El 89 había pasado de largo con una durísima gira a Nueva Zelanda que se recuerda porque Los Pumas viajaron en lugar de Francia, que había rechazado el tour por el alto nivel de los equipos que debía enfrentar. El éxodo de jugadores buscando nuevos horizontes económicos empezaba a golpear al seleccionado en un país que por muchos años seguiría atado al mas estricto amateurismo. “En el 89, cuando terminó el segundo test contra los All Blacks me dieron un reloj como premio por mi actuación y vino un dirigente a decirme que lo tenía que devolver porque aceptarlo era profesionalismo. Y todos los del otro equipo cobraban por jugar.” Así lo recuerda Serafín Dengra, que en 1990 ya viajó a jugar profesionalmente a Italia. No era el único, muchos Pumas empezaban a vestir camisetas de clubes europeos, principalmente italianos en aquel momento. Tratando de remedar esas ausencias, O’ Reilly atravesaba el último tramo de su etapa como entrenador del seleccionado, con malos resultados. El peor, una derrota ante Canadá en un partido clasificatorio jugado en Vélez, que ponía a Argentina en un grupo muy difícil en la Copa del año siguiente.
El cuatro de agosto se jugó el segundo test ante Inglaterra, que había llegado con jugadores de renombre pero también, con varias ausencias. Tres semanas antes los ingleses habían perdido ante Banco Nación, en una tarde épica del equipo de Porta que, paradójicamente, estimuló al diez a cometer el grave error (él siempre lo reconoció así) de volver a Los Pumas, ya sin el grupo guerrero, en la gira de fin de año a las Islas Británicas. Inglaterra también había caído ante los seleccionados de Buenos Aires y Cuyo, resultados que implicaban una gran presión para Los Pumas. El primer test se perdió y, en la semana, Michingo tomó una decisión triste pero también motivadora para sus jugadores: cualquiera fuera el resultado del segundo test abandonaría el cargo de entrenador de Los Pumas. Y ese cuatro de agosto de 1990 Los Guerreros salieron a jugar con el alma y dejaron la piel en cada tackle, en cada ruck, en cada rincón de sus recuerdos gloriosos. Jugaron por su comandante de tantas batallas pero también por sus historias, por las del grupo y las de cada una de ellos. Marcelo Loffreda, el capitán de esa tarde, lideró a un grupo de hombres que regaron de esfuerzo el pasto de Vélez para despedir con todos los honores a una era gloriosa. Los Pumas le ganaron por primera vez a Inglaterra con cinco penales de Hernán Vidou, crack de Biei que jugó de wing para ser el pateador. Junto con O’Reilly se fueron otros guerreros y al final, con el telón de fondo de los abrazos emocionados, el Chapa, caminando despacio y con los brazos en alto, dio una vuelta olímpica que fue de todos. Junto con él caminó una multitud de hombres y de sucesos cargados de épica. En la estela que iba dejando el Chapa y su caminata se colaron los pibes que llegaron en el 78, el primer viaje a la tierra de los All Blacks, el try scrum a los Springboks con la camiseta multicolor, la gloria de Bloemfontain, la alegría de Brisbane, la euforia de Ferro en el 85, las noches de La City, los que se quedaron afuera del primer Mundial y los que sufrieron el fracaso, Mendy corriendo al try abrumado por el griterío infernal, las piñas de la Batalla de Liniers, Hugo, el Tano, Rafa, el Tati, Georgie, Serafo, Tommy, Sandro, Chirola, Berni, Papuchi, el Bambi, Pochola, Perica, Pope, Michingo y tantos mas que hundieron el alma en ese tiempo tan intenso para dejar una huella que todavía guía al rugby argentino y que lleva el sello de Los Guerreros de los Ochenta.
Daniel Dionisi
Las declaraciones reproducidas pertenecen a reportajes realizados por el autor, Sergio Renna y Nicolás Casanova para la producción del programa Leyendas XV.
Los guerreros y la década intensa (Parte 1)
Los guerreros y la década intensa (Parte 2)










Todos al Ingoal (25°)
17º
Todos al Ingoal (25°)