Los guerreros y la década intensa (Parte 1)
Hace exactamente 31 años terminó una década clave en la historia de Los Pumas. El 4 de agosto de 1990 Argentina derrotó por primera vez a Inglaterra y en el último suspiro de ese partido se cerró un ciclo que marcó a fuego al rugby argentino, adentro y afuera de la cancha, en el pasto y en la tribuna. Con el empuje de la pasión, en esos años el seleccionado fue la locomotora que arrastró a todo el rugby argentino y lo llevó definitivamente a la estación del rugby internacional. Hoy, en este aniversario, va el primero de tres artículos que pretenden ser un viaje por el tiempo de Los guerreros y la década intensa.

Los Pumas, Francia, las tribunas llenas, el sol. Una postal de los años de los Guerreros. Foto: El gráfico
Se los conoce cómo los pumas de los 80 pero, en una injuria a las convenciones del tiempo y la matemática, la década de Los Pumas de los ochenta duró doce años. Es una convención apropiada, en los dos sentidos de la palabra, pero esa década se inicia el 14 de octubre de 1978 en Twickenham y termina el 4 de agosto de 1990 en Vélez. El seleccionado de la Rosa alumbró y despidió a ese ciclo.
El conflicto de los Cimarrones (ver Capitanía, ayer y hoy en P R 2/6/2021) obligó a un recambio total. Con Ángel Guastella como entrenador y Hugo Porta como capitán, llegaron al seleccionado un grupo grande de jóvenes que nunca se habían puesto la celeste y blanca o apenas la habían espiado en alguna convocatoria aislada a un sudamericano. Esos pibes, que tuvieron su bautismo de fuego en la gira a las Islas Británicas coronada con el empate de Twickenham en el 78 y en el primer viaje al, por entonces inexplorado Nueva Zelanda, en el 79, son el corazón y las vísceras de Los Guerreros de los 80. Marcelo Loffreda, Rafael Madero, Gabriel Travaglini, Alejandro Cubelli, Marcelo Campo, Sandro Iachetti, Fernando Morel, Ernesto Ure, Tomás Petersen, Alfredo Soares Gache, son algunos de los protagonistas de la década de doce años que llegaron al seleccionado en esas dos giras. Con el paso del tiempo se sumaron otros actores fundamentales de esta historia, pero en esos viajes de fines de los setenta había nacido un nuevo grupo puma.
Lo primero que salta a la vista del impacto de los Guerreros de los 80 en la historia del rugby argentino es su éxito deportivo, porque es claro que compitieron de igual a igual con las potencias internacionales. La lista de los resultados exitosos es el siguiente:
- Inglaterra: 2 empates y 1 triunfo
- Sudáfrica: 1 triunfo
- Australia: 1 empate y tres triunfos.
- Nueva Zelanda: 1 empate
- Francia: 3 triunfos.
La guerra de Malvinas fue el obstáculo para jugar, en esos años, con Escocia, Gales e Irlanda (los tests con Inglaterra son previos al conflicto y en 1990), partidos que seguramente hubieran engrosado la lista de éxitos, pero quedarse con las tardes victoriosas sería apenas sobrevolar superficialmente un ciclo que estuvo plagado de alegrías, tristezas, tensiones, pasiones y conflictos que dejaron una huella profunda en el rugby argentino, tanto en el juego como en su organización.
Las giras incómodas
Hugo Porta ya era una figura del rugby internacional cuando se realizó el primer viaje a Sudáfrica de Los Pumas de la camiseta multicolor. Las presentaciones del diez en las Islas Británicas y en Nueva Zelanda lo habían puesto en el radar del primer nivel. Es muy interesante ver no solo sus actuaciones en los tests sino también las maravillas que hizo Porta en los partidos “provinciales” de esas giras para entender la altísima calidad del rugby jugado por el apertura argentino. Por eso, cuando llegó a Sudáfrica como capitán del primer Sudamérica XV, lo estaban esperando como a una estrella y también por el prestigio alcanzado en esos viajes, catorce años después fue designado embajador por el gobierno argentino y Nelson Mandela lo recibió con todos los honores. ” La primera vez que lo vi, Mandela me sorprendió cuando me dijo que había visto mis partidos de principios de los ochenta “, afirmó mas de una vez Hugo Porta, y esa innegable simpatía del líder sudafricano por el crack argentino es uno de los argumentos que esgrimen los defensores de la conveniencia de haber realizados aquellas giras. ¿ Si hasta Mandela, el principal luchador contra el apartheid, estaba contento de ver a Sudamérica XV, porqué nosotros vamos a cuestionar esos viajes?, parece ser el razonamiento. Lejos de cuestionarse algo, Luís Gradín, entrenador en la primera gira, está convencido de que los viajes de Sudamérica XV ayudaron a terminar con el Apartheid: “Yo creo que el rugby, aunque en su momento recibió algunas críticas, fue el dique que fue rompiendo esa dureza del apartheid de Sudáfrica. Ellos estaban muy aislados y Sudamérica fue uno de los mecanismos para empezar a romper ese aislamiento o uno de los mecanismos. Y la historia lo demostró porque Mandela, cuando uno ve las películas o los libros, puso énfasis para que el rugby, que era el deporte de los blancos fuera el punto de unión de ese país…La idea nuestra era competir sabiendo que todo lo que fuera deporte no era política y si era una forma de acercamiento y diálogo. La idea no era ir con beligerancia hacia los sudafricanos sino que la idea era abrir puentes. Insisto, Sudamerica y lo que también hizo Nueva Zelanda fue oxigenando el sistema y lo fue obligando a que pase lo que pasó con Mandela” . Como veremos, otros viajeros no opinaban lo mismo y, claramente, la cuestión no era tan simple ni tan lineal. Son giras con mucha sustancia deportiva pero que incomodan a la historia del rugby argentino.
Sudamérica XV realizó tres giras a Sudáfrica entre 1980 y 1984, la última con el nombre de Hispanoamérica XV por la inclusión de un jugador español. En octubre de 1980 también jugó dos tests ante los Springboks, uno en Montevideo y otro en Santiago de Chile. Cada una de esas giras tuvo sus particularidades en lo deportivo y en lo político, pero las tres tienen un denominador común: las delegaciones (integradas en un 90 % por jugadores argentinos) violaron el boicot económico y deportivo establecido por la comunidad internacional para combatir la política de Apartheid que ejecutaban desde varias décadas atrás las autoridades del gobierno sudafricano. El proyecto Sudamérica XV no surgió de Argentina ni de Sudamérica; fue una idea de la Unión Sudafricana, con el patriarca Danie Craven a la cabeza, para darle competencia a un país que había quedado aislado del deporte internacional a partir del boicot. Un botón sirve para muestra: 25 países africanos se negaron a participar en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976 porque se aceptaba en la competencia a Nueva Zelanda, cuyo seleccionado de rugby había viajado a Sudáfrica en ese año. No solo se boicoteaba a Sudáfrica, sino también a los países que se relacionaban deportivamente con el que era considerado el país mas racista del mundo. Y el racismo se sostenía con represión. En ese mismo año 1976 la policía del régimen abrió fuego contra chicos de entre 12 y 16 años que protestaban contra la imposición del idioma afrikaan en sus escuelas del ghetto de Soweto. El resultado fue que mas de trescientos niños y adolescentes murieron acribillados a balazos. Ese mismo día el gobierno declaró el estado de emergencia, que se extendió hasta 1989 (es decir, incluyendo los años de las giras), durante los cuales fueron asesinados 750 jóvenes mas. En 1977, en la mesa de tortura de los represores murió Stephen Biko, el luchador de los derechos humanos que motivó la famosa canción de Peter Gabriel. Los negros no podían usar ni escuelas, ni hospitales, ni ómnibus, ni universidades, ni restaurantes de blancos. Ni siquiera podían pisar zonas o barrios de blancos sin un permiso especial. Tampoco, por supuesto, podían integrar equipos deportivos de blancos. Y para agudizar el contexto, Sudáfrica, ya sea porque financiaba movimientos guerrilleros o porque intervenía militarmente, estaba en conflicto con Mozambique, Namibia, Angola y Lesotho. Es decir, estaba en guerra con todos sus vecinos. ” Jugamos en ciudades que estaban en guerra, pero en guerra en serio” recuerda Miguel Tezanos Pinto, integrante del plantel de 1982. A ese país fueron invitados un grupo de jugadores, la elite del rugby argentino, a partir de la idea de Craven para conseguir la competencia que le negaba el mundo del deporte. En lo formal, los viajes no contaban con el aval de la UAR y los jugadores viajaban invitados individualmente por la Unión Sudafricana, salían de Ezeiza sin escudos ni distintivos y cuando llegaban a destino se los proveía de uniformes, camisetas y todo el material de gira. Recién en Sudáfrica se encontraron con la camiseta multicolor y teniendo en cuenta la situación política y social tan conflictiva, en este caso los guerreros, literalmente iban a la guerra.
En el plano deportivo, los planteles fueron conducidos por un entrenador distinto en cada viaje. La gira mas exitosa fue la de 1982, comandada por Rodolfo O’Reilly, que se recuerda por el gran triunfo de Bloemfontein, pero en 1980 Sudamerica XV llevó un equipo poderoso, dirigido por Luís Gradín y Aitor Otaño, que le jugó de igual a igual a los Springboks en los dos tests, con Hugo Porta y su magia maravillando a los sudafricanos y Gabriel Travaglini, jugando de octavo a gran nivel. “Nunca en mi carrera vi a un octavo jugar como jugó Gabriel Travaglini en esos partidos” afirmó el legendario Morne du Plessis, capitán de los Springboks. En el primer test los fowards se llevaron un premio especial: por primera vez el seleccionado sudafricano recibió un try scrum jugando en su tierra. “Para un primera línea eso es algo inolvidable.Y es lo que mas recuerdo de la gira. Para mi era ir a jugar al rugby a Sudáfrica y el tema político, social mucho no me importaba“, es la postura de Hugo Nicola, pilar de aquel equipo. Eran jóvenes que iban a jugar al rugby y desconocían o no les importaba la cuestión política. El contexto del que venían tampoco ayudaba. En Argentina se vivía una dictadura en la que la política y el concepto de democracia eran mala palabra. Si bien el gobierno argentino adhería al boicot internacional por conveniencia geopolítica y económica, en el caso de las giras hizo la vista gorda. La recepción que se le ofreció al plantel de 1980 en la embajada argentina es una muestra de eso. Lamentablemente, sin saber quién era su anfitrión, los jugadores de Sudamérica XV compartieron un agasajo con el agregado naval en Sudáfrica de ese momento, el almirante Rubén Chamorro, represor que venía de comandar la ESMA en los tiempos mas oscuros. Pero Chamorro no era el único criminal presente en ese cocktail protocolar. Entre los funcionarios de la embajada que se mostraban muy amables, también se paseaba un personaje nefasto, al cual los jugadores reconocieron algunos años después cuando adquirió notoriedad: el torturador y asesino Alfredo Astiz.
La gira de 1982 fue una fiesta en el plano deportivo. Por el triunfo del segundo test y porque en esa ocasión viajó un grupo de 42 jugadores, prácticamente dos equipos. El titular, que jugaba los partidos de los sábados y el B, que jugaba entre semana en las ciudades mas recónditas de Sudáfrica, un grupo que iba a la guerra y que fue generando una mística muy especial y hasta su propio nombre: La Legión. Capitaneada por el inolvidable Mario Negri, La Legión ganó todos sus partidos y su capitán jugó de titular en el test de Bloemfontein, el primer triunfo de Los Pumas (lo eran, solo que con otra camiseta) ante los Springboks. 21 a 12, con todos los puntos de Hugo Porta en una tarde monumental del 10, más un grupo de fowards batallando con alma y vida contra el enorme pack de los Springboks y todos los demás bancando el cuerpo a cuerpo con jugadores del nivel de Naas Botha, Ray Mordt o Dani Gerber. La leyenda de los guerreros se seguía cimentando y ese triunfo es todo un símbolo de aquel equipo; un líder mágico y cerebral comandando a catorce espartanos listos para la guerra. “Ese día entendimos que había que inmolarse por el equipo“, recuerda Marcelo Loffreda.
Dos años después se respiraban otros aires en el país y también en el rugby. La incipiente democracia argentina era el marco para la tercera gira. Michingo O’ Reilly había dejado el puesto de entrenador para asumir la Secretaría de Deportes de la Nación y lo había reemplazado una leyenda, Héctor “Pochola” Silva, pero el devenir histórico político sumaba nuevos ingredientes. La guerra de Malvinas había acotado las posibilidades de competencia para Argentina, de manera que ahora las carencias y necesidades no eran solo sudafricanas. También existía una dificultad extra, el gobierno de Raúl Alfonsín había roto relaciones con la dictadura sudafricana y se oponía abiertamente al viaje. El canciller Dante Caputo le pidió a su compañero de gabinete O ‘Reilly que intercediera. Años después Michingo lo contaba entre risas: ” Caputo me pidió ayuda y yo fui a un Argentino que se jugaba en Paraná a hablar con Pochola y los jugadores. “¿Nos estás jodiendo?, si vos fuiste hace dos años!” me decían con razón“. Finalmente la gira se hizo, se perdieron los tests, pero fue una buena experiencia y sirvió para sumar guerreros de alta alcurnia al batallón. Los mas destacados: Diego Cash y la dupla de centros formada por Fabián Turnes y Diego Cuesta Silva. El tercera línea del SIC Ricardo de Vedia, que participó de esa gira, es uno de los que cree que no debió viajar en aquella ocasión: “Ya había un gobierno constitucional y nos llamaron para intentar que no fuéramos. Hasta mi padre, que era funcionario del gobierno de Alfonsín me dijo : “te deseo mucha suerte pero para mi no tienen que ir”. Pero yo me había perdido la gira del 82 por una lesión así que no dudé, debo haber sido el primero que se subió al avión. El jugador siempre quiere jugar. Hoy, muchos años después, pensándolo con otra visión, por ahí no lo haría.” Michingo, con su honesta lucidez, fue mas contundente recordando el viaje del 82. “Obviamente revisé mucho el tema y no se si sirve decir que me arrepiento, porque ya lo hice y ciertamente en lo rugbístico pasé un mes muy lindo de rugby, pero fui testigo de una sociedad fracturada, de una sociedad en la que los que no eran blancos sufrían una segregación cierta, dura, difícil, complicada, que está en todos los libros. Pero no consideré en ese momento, en el 82 ,el peso de la decisión, no le tomé el peso a lo que hacíamos. Me arrepentí de no haber estado conteste a una definición de todos los países del mundo que habían decidido condenar al régimen y habían decidido que, entre otras cosas, no se jugaba mas al rugby contra Sudáfrica. El reglamento de gira decía que yo tenía que poner jugadores no argentinos en todos los partidos, salvo en los tests. Una truchada. Esa trampa estaba de acuerdo con la ideología de la gira. Y bueno, de eso me arrepiento, de haber sido de alguna manera, comparsa de eso”.
Leyendas XV, programa Sudamerica XV
Y una gira para celebrar
Lejos de las polémicas de los viajes a Sudáfrica, en esos años se intercalaron un par de giras de puro rugby que aportaron a la maduración de la mística de los guerreros. A fines de 1982, el año de Bloemfontein, Los Pumas viajaron a Francia en una gira con malos resultados deportivos, pero que fue el kick off para el gran duelo de los ochenta, porque los guerreros disputaron muchos combates, pero la guerra fue contra Francia. Y si bien no era una guerra real como la de Upington en el África profundo, las acciones belicosas siempre estuvieron a la orden del día. El recuerdo que quedó del viaje a Francia en 1982 fue un tarascón de Andrés Perica Courreges sobre la oreja del legendario pilar Robert Paparemborde. Al día siguiente, Midi Olimpique llamó “perro rabioso” al argentino y maliciosamente se echó a rodar una versión que decía que al pilar francés le habían dado una vacuna antirrábica. La guerra con Francia había comenzado.
A mediados de 1983 Los Pumas fueron a Australia en una gira que todos los viajeros recuerdan como la mejor, porque tuvo lo que debe tener una buena gira, una combinación perfecta de resultados deportivos y diversión. El equipo que le había ganado el año anterior a Sudáfrica pasaba por su mejor momento y en el primer test, disputado en Brisbane, jugó un partido perfecto, maniató a los mismos Wallabies que un año después (con el agregado del Topo Rodríguez) ganaron el Grand Slam en las Islas Británicas y consiguió un triunfo histórico por 18 a 3, con dos tries scrum de un pack dominante. Perica Courreges fue el hooker esa tarde, “En la semana habíamos hablado por teléfono con el Veco Villegas. Ellos eran mas pesados que nosotros así que tratábamos de abrirles las caderas buscando una fuerza desde abajo hacia arriba para que la segunda línea se levantara y no solo le hicimos dos tríes scrum sino que también ellos tuvieron muchas dificultades en las pelotas que tiraban”. Ese día también fue otra clase con el pie de Hugo Porta, “Entre 1978 y 1983 jugué mi mejor rugby” dice siempre el Diez. Los Pumas podrían haber ganado la serie pero un galés llamado Clive Norling lo impidió. Perica no tiene buenos recuerdos del árbitro del segundo test “El jueves ya supimos que nos iban a hacer la vida imposible porque tuvimos una reunión con dirigentes australianos en la que nos dijeron que a ellos les quedaba muy mal económicamente que los Pumas ganaran los dos partidos, que iban a hacer todo lo posible para que no pasara, y alguien le preguntó “incluido el referee? si, incluido el referee” nos dijeron. Nos cobraron un try penal en las 25 yardas, dos penales por saltar muy alto el Flaco Ure en la salida de mitad de cancha. Diez años después me lo encontré a Norling en Gales y me dijo : “Era un daño al rugby internacional que Los Pumas ganaran los dos partido en esa ocasión”. Creo que había recibido un buen fajo de dólares australianos”. Lo que Norling no pudo impedir es que Los Pumas regresaran de aquella gira australiana llenos de rugby y con el prestigio bien alto.
El triunfo de Los Pumas ante Australia en 1983
Los viajes polémicos pero llenos de rugby a Sudáfrica y la maravillosa gira a Australia del 83 prepararon a Los Pumas para el momento bisagra de esta historia, que llegaría en 1985. Después de seis años de crecimiento en sus viajes por el mundo y cuatro sin jugar de local (salvo un partido a beneficio en cancha de Atlanta en 1983), los guerreros estaban listos para llenar de pasión la cancha de Ferro y lograr una intensa comunión con el público que no se rompió nunca mas.
Daniel Dionisi
La próxima semana “Los guerreros y la década intensa (parte 2)”
Las declaraciones reproducidas pertenecen a reportajes realizados entre 2013 y 2014 por el autor, Sergio Renna y Nicolás Casanova para la producción del programa Leyendas XV.









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