Pato (Pató)
Veinte años no es nada. En esa nada, por ejemplo, un adolescente dark de pelo teñido puede convertirse en un jugador respetado por el rugby internacional y amado por la ciudad dueña de uno de los grandes equipos de Europa. Y lo que es mejor, en esa nada de veinte años, se puede desandar el camino sin perder ni una pizca de rebeldía. Así construyó su historia Patricio Albacete, el hombre que el sábado último se despidió con todos los honores del Stade Toulousain. Los hitos están publicados por todos lados. Se formó en Manuel Belgrano, fue campeón de Francia y de Europa con Toulouse, jugó tres mundiales con Los Pumas, incluyendo la gloria de bronce. Sin duda es uno de los grandes segunda líneas del mundo en este siglo. Son muchos logros y Albacete consiguió todo eso porque en estos veinte años se hizo hombre. Los escalones de la madurez no los subió bajo las luces de los grandes escenarios del rugby. Llegó ahí porque antes la peleó en el día a día, en el esfuerzo de cada entrenamiento y sobre todo en la lucha interior del hombre contra la adversidad. Entre 2005 y 2006 el Pato estuvo parado quince meses por una lesión de rodilla. Sólo en Francia y con la cabeza funcionando, a veces conspirando. Ahí apareció el luchador que peleó contra todo. Contra los dolores, contra el desánimo, contra los pensamientos oscuros de una eventual declinación deportiva. A la distancia llegaba la palabra dura, pero también justa, de su padre Carlos Eduardo. El Pato en su tránsito al hombre, a veces pensó que el padre le exigía demasiado. Cuando esperaba una caricia llegaba el empujón que impulsa pero también molesta. Lo entendió tiempo después. Era la exigencia del amor. La que lo convertiría en un jugador, y lo que es mas importante, en una persona mejor. Cuando volvió del desierto de la lesión ya era un hombre. Entonces inició su gran etapa en el rugby. La que llega hasta hoy. La que lo convirtió en el ídolo de Toulouse y también en un símbolo del rugby argentino. Lo extrañamos los últimos años, luego de su conflictiva salida del seleccionado, pero Patricio Albacete ya está en un lugar que comparte con pocos. Aitor Otaño, Tito Fernández, el Chapa Branca, Nacho Fernández Lobbe y él. El Olimpo de la segunda línea argentina.
Todavía queda hilo en el carretel. Hay dos partidos cercanos que va a jugar para Barbarians. Pero empezó la despedida. El sábado, en Toulouse, ovacionaron a Pató (así con acento en la “o”). Nosotros, a una distancia física que como los veinte años también es nada, le decimos gracias a Pato Albacete, el gigante con corazón de Puma.
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