Tiempo (Crónicas desde el Cedar-1)
Hay fechas que convienen recortar y guardar. En este caso, el lunes 19 de enero del 2015. Día de fuertes lluvias en buena parte de una Argentina que amaneció conmocionada por la noticia de la muerte del fiscal Alberto Nismam. Pero lo que aquí va es que también es el día del comienzo de la actividad de los distintos jugadores seleccionados bajo la categoría Seniors en los 5 Centros de Alto Rendimiento (Cedar) de la UAR. Y éste no es un año más; es el año del Mundial. Primera vez, además, con doble competencia: Rugby Championship y Mundial. Año previo al Súper Rugby, para agregar otro porqué a la fecha del comienzo. Hay convocados 64 rugbiers dispersados en Champagnat de Talar de Pacheco, en el Parque San Vicente de Mendoza, en el Old Resian de Rosario, en La Tablada de Córdoba y en Los Tarcos de Tucumán, correspondientes a las Regiones Buenos Aires, Oeste, Litoral, Centro y NOA, respectivamente.
La lluvia en Buenos Aires no sé porqué me lleva al recuerdo del 1º de mayo del 2000. Lluvia como la de éste lunes 19 de enero del 2015. También en un club de rugby, pero en este caso Liceo Naval. Fecha y condiciones climáticas que marcaron el inicio de Marcelo Loffreda como entrenador de Los Pumas, en pareja con otra gloria del seleccionado, Daniel Baetti. Otros tiempos y no meteorológicos, precisamente. Se venía de la hazaña del quinto puesto en el Mundial de Gales 1999 y ya a esa altura el éxodo era imparable. Empezaba una nueva era. A los titulares de Los Pumas había que irlos a buscar a Europa, negociar con los clubes de allá -siempre en inferioridad de condiciones- rogando para que los cediesen en un calendario que, a lo sumo, ofrecía 6 test-matches por año. No nos estamos refiriendo al siglo pasado, sino a una década y media atrás. Hasta que se despidieron, luego del Bronce en 2007, Loffreda y Baetti nunca fueron entrenadores fulltime. El Tano trabajaba en Topper y en su profesión de ingeniero y Banana como médico en consultorios y hospitales de Rosario. Para ellos armar un plantel en una gira fue casi siempre un suplicio. Me quedan imágenes de jugadores a las apuradas poniéndose la ropa oficial antes de subirse al avión en Ezeiza. Me acuerdo del partido con los Lions en Cardiff, en el 2005. Una semana antes no podían juntar 23 porque se jugaba fuera de la ventana de la IRB… Lo que sí continúan son algunos dirigentes de ese entonces.
Pero volvamos al lunes 19 de enero del 2015. Kick-off para los Seniors con distintos testeos físicos. Lo mismo para 89 jugadores entre M20 y M19. Se pone en marcha la maquinaría y de eso se va a seguir ésta crónica y la que seguirá mañana.
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Es jueves 29 de enero. La lluvia y el cambio de viento del miércoles trajeron el sol y 20 grados menos. En la sede que tiene Champagnat en Talar de Pacheco, alquilada por la UAR para su Cedar Buenos Aires, la mañana es lindísima. Es el mejor día desde que empezaron los entrenamientos. Ni punto de comparación con los agobiantes lunes y martes, con temperaturas que rondaron los 40 grados. Los jugadores no sólo vienen de su día de descanso, sino que hoy van a llegar más tarde de lo habitual (las jornadas arrancan a las 8) porque les toca un examen médico que no dista del apto que se le pide a cualquier jugador de rugby del país.
Son las 9 menos cuarto y está fresco en este enero de Buenos Aires. Martín Landajo y Santiago González Iglesias compiten, cada uno con su auto, a ver quién recorre más rápido el kilómetro que separa la Colectora de la Panamericana y la puerta de Champagnat. El medio scrum llega primero y lo festeja no bien baja de uno de los Jeep que varios jugadores disponen como parte del fuerte sponsoreo que goza el rugby argentino en su alta competencia. Es curiosa la figura de la llegada. Landajo es el único que sobrevive desde aquel primer entrenamiento del Pladar llevado adelante en la sede Pinazo de Belgrano, en el verano del 2009. González Iglesias, por su parte, es el único que jugó todos los torneos con los Pampas: las Vodacom de 2010, 2011, 2012 y 2013 y la Pacific de 2014.
Cuando empezó el Pladar, Landajo jugaba de apertura en el CASI, formando una gran pareja junto a Agustín Figuerola, quien, precisamente, era uno de los medio scrum de aquel primer Pladar. Más aún: Marta no viajó a la primera Vodacom y Figue, sí. “Cuando empezó todo esto yo sólo pensaba que el Pladar me sirviese para jugar mejor en el CASI. Ninguno de nosotros soñaba con Los Pumas. Los Pumas eran los de Europa; estaban muy lejos”, me dice Landajo antes de empezar la práctica de éste jueves. “Hoy -me agrega- todo es distinto. Los chicos quieren estar en el Pladar porque saben que desde ahí pueden llegar a Los Pumas. Antes se querían ir a Europa; ahora ven que quedándose acá quizá hasta tengan más chances”. Landajo terminó debutando como titular en Los Pumas recién en septiembre del 2012, ante Australia, en la Goald Coast, por la cuarta fecha del primer Rugby Championship.
Rete González Iglesias también se sorprende con todo lo que ha cambiado en tan poco tiempo. El conoce las entrañas del Pladar de sus pasos por Belgrano Pinazo, el SIC y ahora Champagnat. Lo del back de Alumni es una historia increíble. Doce meses atrás había decidido largar todo el rugby de alta competencia. Golpeado por la repentina muerte de su padre, el entrañabla Geny, y sin haber podido llegar en todo ese tiempo a su meta, que eran Los Pumas, pensaba dedicarse sólo a Alumni. Pero siguió y el 2014 fue su año consagratorio, con una actuación memorable en el Stade de France, jugando de 13 y deglutiéndoselo a Bastareaud.
Los tiempos. A veces parecen volar. En 2009, nomás, los pladares ni soñaban con jugar en Los Pumas. Los veían de lejos. En 2009, Facebook tenía 4 años de vida y Twitter, 3. Cambió tan rápido el panorama del seleccionado argentino de rugby como cambió la comunicación global, salvando las distancias. Cuando la charla ya incorporó más jugadores que escuchan a Landajo y González Iglesias, es hora de ir a la cancha. Uno de ellos dice: “Vamos a correr que para eso nos pagan”.
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Champagnat está ubicado entre las rutas 202 y 197, a través de una calle que sale de la colectora de la Panamericana. Tiene dos canchas de rugby y dos de hockey. Salvo una de rugby, las otras 3 son de césped sintético. Los pladares usan 3 de ellas; la única que no pisan es la cancha grande de hockey. Las instalaciones se completan con un gimnasio (chico, pero bien equipado; tan chico que las 10 bicicletas fijas están afuera, en la galería), un vestuario, un consultorio médico, un salón comedor y otro salón que la UAR lo usa para reuniones y sesiones de video. No hay sombra posible. Si el sol pega no hay donde guarecerse. Pero es un lindo y amplio lugar. Con un movimiento que vale conocerlo. Una cosa es leer todo lo que genera la UAR con el alto rendimiento y otra cosa es verlo in situ. Es una estructura que contiene entrenadores, preparadores físicos, kinesiólogos, utileros, médicos, analistas de videos, prensa y administrativos, todos al servicio del plan que la UAR costea gracias a los fondos que le envía la ahora World Rugby. No es, vale recordarlo, un regalo de la ex IRB. La UAR se lo ganó por su condición de Tier 1 y acordó que ese dinero lo iba a utilizar en creación del Pladar y no en otra cosa, como lo pidió la FIFA del rugby. Pero esa plata -millones en libras esterlinas- se la ganó el rugby argentino. Y la inversión se nota viendo lo que sucede ahora en Champagnat, que se replica en El Parque San Vicente, en Old Resian, en La Tablada y en Los Tarcos.
Este jueves 29 de enero, hermoso, fresco, soleado, sin una nube, es un día especial, porque además de los Seniors y los M20 está el plantel completo de los Pumas 7, que por la noche viajará a Nueva Zelanda para disputar otras dos etapas del Circuito Mundial: la primera en Wellington y la segunda en Las Vegas. Por la tarde se unirán los chicos de M18. O sea, el movimiento es intenso. Salen jugadores desde todos los wines. Hay 50 entre Seniors, Pumas 7 y M20, más 20 de los staffs, que por esta semana incluye también a los responsables de los pladares de todo el país, ya que vinieron a Buenos Aires por la presencia de Dan Richmond, el inglés que fue convocado para trabajar las destrezas en el line. De ésto último tratará parte de la crónica de mañana.
Los Seniors van llegando en tandas. Algunos están retrasados porque aún no terminaron con sus exámenes médicos. La tarea empieza con un precalentamiento ordenado por Gonzalo Santos, quien lleva adelante la mayor parte de los trabajos físicos. Luego, los jugadores se someten a distintos esfuerzos de velocidad, registrados con una máquina que les mide el tiempo. En un pique se queda en una pierna Lucas Martínez, pilar de Lomas, debutante Senior. Tiene que irse con el médico. No volverá. Manuel Montero mete un tiempo que lo festeja todo el grupo.
Luego viene la parte de destrezas, controladas por Martín Gaitán, entrenador de los Pampas, y Germán Fernández, hombre clave en el staff de Los Pumas. Yerman es palabra santa para los jugadores. Gaitán, en realidad, es mucho más que el entrenador de los Pampas y se notará en ésta mañana. Camina la cancha dando indicaciones con los Seniors, con los M20 y con el Seven. Está a cargo de todo lo que es el juego. No saldrá de la cancha grande de rugby de césped sintético en toda la mañana. A propósito del sintético: entrenarse acá ha facilitado enormemente la adaptación para cuando Los Pumas viajan al exterior, ya que siempre practican en ese tipo de canchas.
Además de Gaitán también están otros miembros de ex staffs de Los Pumas, como Mauricio Reggiardo, el Campeón Sergio Carossio y Maxi Marticorena (estos dos últimos del Bronce 2007), quienes están especialmente con los Juveniles. Gaitán y Reggiardo habían renunciado junto a Santiago Phelan y Fabián Turnes antes de la ventana de noviembre de aquel convulsionado 2013. Phelan se sabía que no seguía. La UAR rápidamente volvió a contratar a Gaitán y a Reggiardo, aunque en distintas funciones. El que nunca volvió fue Turnes, a quien la dirigencia, encabezada por Agustín Pichot, no quería. Por lo bajo, lo acusaban de tomar partido por Patricio Albacete y de filtrarle a la prensa las internas del plantel. La movida de ese octubre lo quitó del camino.
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Cuando los Seniors se van al gimnasio (también usan la cancha sintética más chica para entrenar al aire libre) y desde el salón retumba el reggaeton, a la cancha principal entran los Seven y vuelven los M20, que antes habían pasado por el gimnasio. Son 45 minutos de fierros. De ahí, a la única cancha de césped natural, que todavía está muy pesada por la lluvia de ayer. Mientras, Santiago Gómez Cora dirige en otro lugar todos los movimientos de los Pumas 7. Es el mediodía y más de la mitad del staff aprovecha para almorzar. Muchos de ellos seguirán trabajando a la tarde.
La parte física en la cancha de césped es intensa. Los más nuevos no puede con su alma en los últimos ejercicios coordinados por Santos y ordenados por dos preparadores físicos que están invitados esta semana a colaborar. Mientras todos corren, Facundo Bosch y Bruno Postiglioni están sentados en uno de los ingoales, agarrados en tomas de lucha. Son minutos y minutos en la que luchan cuerpo a cuerpo.
A la una y media, los Seniors terminan la rutina. Algunos aprovechan para arreglar con un administrativo de la UAR cuestiones relacionadas con las becas, como, por ejemplo, los convenios para estudiar en distintas Universidades. Las becas no las paga sólo la UAR, sino el Enard (gran aporte por haberse reintegrado el rugby al movimiento olímpico), y no incluyen sólo dinero, sino convenios para estudiar, medicina prepaga, telefonía móvil y algún otro beneficio. Los jugadores se entrenan por la mañana lunes, martes, jueves y viernes y tienen libre por la tarde y todo el miércoles.
A esa hora el sol ya pega muy fuerte. Los jugadores se van dispersando. En un costado, sentados, charlan 3 de los 4 medio scrums: Tomás Cubelli, Felipe Ezcurra y Marcos Bollini. El cuarto, Martín Landajo, ya se fue. “Me tengo que ir antes”, avisó mientras corría a su Jeep. El primero del Pladar en un rato iba a ser el primero en firmar el contrato con la UAR hasta 2017 inclusive. Síntoma de otra era, de otro tiempo.
* Mañana, segunda entrega.






Todos al Ingoal (24°)
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