Don Hindú
Hubo una serie de acciones que se sucedieron cuando restaban 10 minutos para el epílogo que quizá resuman porqué este partido lo debía ganar Hindú y no el CASI. Después de estar todo el segundo tiempo con control territorial y de pelota y luego de fallar un penal más que accesible, el Atlético buscó los palos en otro penal apenas pasando la mitad de cancha con el resultado 12-9 en contra. Teniendo en cuenta que Agustín Figuerola no estaba fino con el pie (sí en los kicks tácticos) y que los forwards de Hindú lucían agotados, parecía más lógico intentar el line, maul y un try o forzar otro penal más fácil. Pero no. El envío del 9 se quedó corto e Hindú despejó largo. Santiago Sanz, solo, no pudo retener la pelota que se le fue hacia adelante. Del scrum, Mariano Lorenzetti se levantó y Francisco Corbacho le cometió un burdo tackle alto. ¿Consecuencia? Penal que acertó Hernán Senillosa. O sea, de un probable 12-12 (el empate, como ayer a Neman, colocaba al CASI en la final) a un decisivo 15-9 para el bicampeón. Chau CASI y otra vez Hindú a la definición, ahora ante el conmovedor Newman, el próximo sábado.
Hindú fue un justo ganador (18-9) no sólo porque marcó dos tries -a la postre, los dos únicos de las semifinales- y mantuvo su ingoal en cero, sino porque fue el que supo manejar el peso y las presiones del partido. El CASI fue un compendio de errores, sobre todo por el lado de los backs. Salvo los dos Figuerola, el resto se sacó la pelota de encima más que jugarla, con un Martín Landajo muy impreciso, con un Tucho Méndez que jamás quebró la línea de ventaja y con un Nicolás Pandelo que falló en todas las salidas. Enfrente, los Fernández Miranda, ambos atados con alfileres, ordenaron los tiempos. Incluso con un Manasa que ni siquiera pudo patear a los palos.
Arrancó pintando para partidazo. Con los dos buscando, dándole vétigo al juego y encendiendo a unas tribunas que nuevamente estuvieron colmadas, con lógica preponderancia del local. Pero en el primer error del Atlético (Landajo dejó corta la pelota con el pie), Hindú facturó. Los backs, sus maravillosos backs, se lanzaron a toda carrera y precisión y de un lado al otro llegó Senillosa, nuevamente la figura de la cancha. Un rato después, otra mala salida de Pandelo derivó en un scrum. Juani Gauthier se paró detrás de la formación, con dos backs de un lado y dos del otro. La pelota salió volando, rompió el fullback y Belisario Agulla apoyó otro try made in Torcuato. Formidable la velocidad y el manejo.
No reaccionaba el CASI, pero Hindú, que juega muy bien pero a veces se sobrepasa en la aplicación del reglamento, se cargó de penales y tras un tremendo tackle alto de Lorenzetti se quedó con 14, y Figuerola facturó dos penales que sirvieron para irse al descanso con un mentiroso 12-6. El bicampeón había marcado diferencias mayores.
Pronto, CASI quedó a tres con otro penal del medio scrum. Y una nueva amarilla -esta vez a Agulla, por un golpe- dejó a Hindú en una situación más que incómoda. El Atlético tenía la victoria en sus manos pero, precisamente, sus manos no estaban aceitadas como el resto del año. Volvió a leer mal el partido, como ante el SIC, pero esta vez no diluvió, aunque sí está claro que la pelota estaba complicada por el rocío y que, además, la iluminación -como anoche en la otra semi- distó de ser la ideal.
Mucho se habló de que la localía iba a beneficiar al CASI. Que todo estaba predispuesto para una final CASI-SIC. Bien, ninguno de los de San Isidro estará en la final. Por suerte, esto sigue siendo un juego y todo se dirime en 80 minutos. Juan Campero, el sapiente capitán del CASI, habíia alertado: “Quizá la presión es para nosotros; ganar en casa es doble satisfacción, pero perder te duele el triple”. Está claro que la presión hoy la sufrió este joven equipo que encontró el camino histórico del club durante esta temporada y que si sigue por ahí, ya verá los frutos con un título.
Hoy, es el tiempo del Don del rugby de Buenos Aires. De Hindú, que también instaló en la final a la Preintermedia (28-17 al CASI) y a la Intermedia (20-3 a Pucará). El sábado es el último capítulo. Espera Newman, con todo el coraje de su equipo y el empuje de su gente. Quedan 80 minutos. Y las palabras serán sepultadas adentro de la cancha.






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