¡Newmaaaaannnnn!
Conmueve, Newman. Adentro y afuera. Conmueve ver a esos 15 leones abrazados, lllorando, delirando, saltando, idolatrados por esas miles y miles de almas que no aguantan ni un segundo e invaden la cancha. Conmueve Manuel Contepomi jugándose todo con los últimos huesos sanos que le quedan y su cabeza cortada. Conmueve el Canario Gosio apostando su clavícula para salvar un try casi seguro del SIC y conmueve cuando se lo llevan en camilla sabiendo que en esa acción dejó la último que tenía. Conmueve la tercera línea, que tacklea a todo lo que pasa por ahí, al igual que Pablo Repetto y Santiago Piccaluga. Conmueve el chiquito Alfredo Cordone manejando los tiempos en un test que si bien estuvo lejos de ser lucido no tuvo un instante de pausa. Conmueven las caravanas de micros que copan San Isidro a la tarde. Y conmueven las decenas de personas con camisetas bordó que se bajan en la estación y caminan rumbo a la Catedral. Conmueve este Newman finalista por primera vez en su historia. Hasta se conmueve Mauricio Macri, ubicado en el palco VIP detrás del ingoal en el cual quedó corto el último penal que intentó Federico Serra. Atrás suyo, Gastón Gaudio observa asombrado tanto espectáculo conmevedor.
Fue 6-6, y el empate, por haber terminado mejor ubicado en la tabla -aunque los dos reunieron 47 puntos-, le sirvió a Newman para dejar afuera al SIC, nada menos, e instalarse en la final del URBA Top 14, el próximo sábado, ante el ganador mañana del derby entre el CASI e Hindú.
Es difícil hablar de merecimientos en este tipo de historias. Un análisis frío convengamos que diría que el SIC estuvo más cerca de la victoria: tuvo más la pelota, jugó casi todo el tiempo en campo contrario y Serra, en una noche fatal, falló seis penales, tres de ellos más que factibles, como el último, con el reloj en cero. Sin embargo, no propuso más que su rival. Y en estos partidos y en estas instancias, a veces no es aconsejable manejarse exclusivamente por la frialdad, porque todo lo que se juega es en caliente. Entonces, bien puede afirmarse que es justo que Newman haya llegado a la final.
Fue, como se preveía, una fiesta el CASI, donde Newman resultó absolutamente local, copando por lo menos el 70 por ciento de un estadio desbordado por cerca de 9 mil personas (la vieja tribuna de cemento sólo se habilitó para 2.500 personas) y sin un solo lugar libre. ¿Qué pasará mañana adentro y afuera? Según el libreto, misma multitud, aunque quizá con otro planteo rugbístico.
Newman tuvo el don de no desesperarse nunca y de pasarle esa sensación al SIC, que, fiel a su estilo, no cambió de pateador pese a que en cancha lo tenía a Benjamín Madero. Le siguió dando la confianza a Serra, y no hay nada que criticar, pero con uno solo de los penales que falló, ahora la historia hubiese sido otra.
Fue un partido muy trabado, casi sin acciones de try, jugado más con el pie que con las manos, con demasiados penales (25 entre los dos). Newman tuvo una chance en el primer tiempo con una corajeada de Gosio que luego concluyó en line y maul frenado a nada del ingoal. SIC dispuso de otra ya en el segundo, cuando el mismo Gosio se tiró con su hombro para frenar a Marcelo Soiza frente a los palos. El marcador fue de un lado al otro. Lo abrió Serra con un penal; lo empató Piccaluga por la misma vía al cierre de los primeros 40 y lo desniveló con otro penal al arranque del segundo. Y lo volvió a igualar Serra.
No mucho más de juego. Sí hubo bastante de emoción, con todos siguiendo el final de pie, porque en los últimos 4 minutos, Serra tuvo el triunfo en su pie derecho en dos ocasiones.
No pudo ser una noche completa para el SIC, ya que antes había clasificado para la final a la Preintermedia (43-9 a La Plata) y a la Intermedia (23-6 a Newman).
La última palabra fue del bordó. A festejar, Newman. A gozar de esta semana que queda y a disfrutar de una actuación que ya es histórica. Será tiempo de recomponer la tropa que quedó más que averiada (Gosio se fracturó la clavícula). Pero pase lo que pase, nadie olvidará este viernes de noche en San Isidro. Fue conmovedor. Claro que sí. Mañana será otra historia.






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