Después de tres años, un plantel volvió a levantar la copa hasta el cielo. ¿Por qué?, se preguntarán. Ocurre que en el SIC, campeón del torneo de la URBA en 2002, 2003 y 2004, sostienen que “la copa nunca debe estar por arriba de los jugadores”. No piensan lo mismo en el CASI, cuyos jugadores y entrenadores el sábado se cansaron de revolear el trofeo y de llevarlo lo más alto posible. No son las únicas diferencias que separan a los dos clubes de San Isidro, pero a ambos los hermana una auténtica pasión por el rugby y una rivalidad que hace que cuando se enfrentan sea un partido único. Uno necesita del otro. Y, por eso, la final de éste 2005 quedará para siempre en el recuerdo. Por cómo la jugaron, por todo lo que había en juego, por cómo se definió, por el carnaval del ganador y la hidalguía del perdedor, y por cómo se vivió adentro y afuera de la cancha.

Hoy, la fiesta es del CASI. Empezó en Biei con una vuelta olímpica interminable y con el plantel no queriéndose bajar nunca más del podio. Siguió en las calles de San Isidro con el paseo del plantel en una autobomba, algo ya clásico en el Atlético. Y continuó en el club con fuegos artificiales, una comida para todos los socios, con vía libre para que los chicos alargaran el rito de los saltos, los cantos y las banderas, y con un baile que cerró entrada la mañana de ayer, al punto que a las 10 estaban agotados casi todos los diarios en los kioscos del centro.

Fue Eliseo Chapa Branca uno de los centros de esta nueva conquista de la Academia. Y no está mal esta vez destacar a un entrenador sobre los jugadores. El ex segunda línea tomó el equipo en tiempos convulsionados del club, sobre todo en cuestiones rugbísticas, y le fue moldeando la mística y los conocimientos de su tiempo de jugador. Levantó las banderas históricas del Atlético, soportó malos resultados (como la derrota precisamente ante el SIC como local) y fue aprovechando todas las oportunidades. Ya se sabe: entró en la última fecha a la zona campeonato y lo mismo ocurrió en el pasaje a las semifinales. Y ya en la recta final, apeló al alma para que todos se convencieran de que esta era una oportunidad única.

Y si en el SIC siempre opinan cuando salen campeones que “lo importante es que se mejoró el juego”, Branca no tuvo empachos en gritar que “había que ganar o ganar, porque el CASI es el más grande”. El Chapa había sido como jugador protagonista del último título, en 1985. Pero aquella vez no hubo festejos. Todos creían en ese entonces que una de las figuras del equipo, Alejandro Puccio, era inocente de los cargos que se le imputaban como asesino y secuestrador. Lo recordamos al mismo Branca en el vestuario, llorando, diciendo que debía tratarse de un error. Hasta que tiempo más tarde la verdad les dio una cachetada.

Pareció una crueldad del destino, pero en todo ese tiempo CASI sólo pudo festejar el título del Nacional de Clubes, en 1995 (da suerte el 5 en el Atlético, pues fue campeón en 1975, 1985, 1995 y ahora, en 2005). Hubo hasta un descenso y derrotas duras.

Hoy, el club más campeón de Buenos Aires volvió a vivir. Tiene equipo para seguir peleando arriba, porque Branca y el resto de los entrenadores no sólo se preocuparon por este título, sino en armar un equipo para el futuro, con quizá el mejor pack de la Argentina. Y atención, que el año no se terminó, porque tanto el CASI como el SIC siguen en carrera en el Nacional de Clubes. ¿Aguantarán los corazones otra final como esta del sábado?