Día

Mañana es, finalmente, el gran día. Espera el fastuoso Stade de France en la más fastuosa París. Será a las 16 de la Argentina, las 21 de Francia. Los Pumas, por tercera vez consecutiva, abrirán un Mundial. Y nuevamente contra el local. Es el partido que todos vienen aguardando desde hace mucho tiempo. Para varios, desde que se perdió en el debut ante Australia, en el 2003.
Será, no hay dudas, un test de tremenda dureza. Habrá batalla sin tregua por el lado de los forwards y lo mismo en el centro de la cancha. Y un sensacional duelo de defensas. Quien saque ventaja allí tendrá más de medio triunfo en el bolsillo. Pero no son los únicos elementos a tomar en cuenta. Los primeros minutos también serán decisivos. El que quiebre puede dar un golpe clave de allí al final.
Los Pumas presentan, según mi punto de vista, el mejor equipo que tienen a disposición. Hay experiencia, dureza, peso y altura en el pack. Y los backs que eligió Marcelo Loffreda le causan temor a los franceses. Agustín Pichot, el capitán, es el gran estratega, el hombre que va por su cuarto Mundial y el que lleva la voz de mando afuera y dentro de la cancha. Junto a él se encolumnará el trío de oro: Juan Martín Hernández, Felipe Contepomi e Ignacio Corleto.
Si los forwards ganan la batalla, los tres cuartos tienen posibilidades de quebrar, pero sobre todo de sorprender. Hernández está en condiciones de ganarle el duelo a David Skrela, en tanto que Felipe (será el pateador) en el puesto de 12 puede poner al equipo adelante como lo suele hacer él. Corleto, por su parte, va en el lugar que más le gusta adentro de la cancha y allí, desde el fondo, está en condiciones de desequilibrar con su potencia y velocidad.
Pero, sin dudas, la primera batalla estará en los forwards. Habrá que tener una disciplina absoluta en los 80 minutos. Evitar los penales, sobre todo con un árbitro como el inglés Tony Spreadbury, siempre tendiente a favorecer a las potencias. Habrá que imponer el scrum y no perder ninguna pelota arrojada en el line. Jugar los rucks con velocidad y avanzar con el maul. Mucho eje profundo, mucha pausa, nada de prisa. Se sabe que cualquier pelota perdida, Francia la convierte en try.
El centro de la cancha es otro aspecto clave en el partido. Los mellizos son una garantía en defensa. Manuel se las verá con el peligrosísimo Yannick Jauzion, el que quiebra o abre el juego para los dos lados. Y habrá que evitar que la pelota les llegue a Cristopher Dominici (una pesadilla para los argentinos) y Aurelien Rougerie. Lucas Borges y el jóven Horacio Agulla no podrán fallar ni un tackle. Bah, nadie en todo el equipo puede errar un tackle. La defensa será fundamental.
¿Pueden ganar Los Pumas? Acá nadie piensa en una derrota de les bleus. Es más: todos creen que habrá una final con los All Blacks. Pero no importa en estos casos qué opine la mayoría. Los argentinos tienen un espacio para soñar pese a tener enfrente a un rival que será local y que cuenta con un equipazo. Pichot hablaba ayer de obligarlo a Francia a que sienta la presión de tener que ganar. Porque, como siempre ocurre en el rugby, habrá otra batalla, que es la del corazón. Los dos equipos tienen una arraigada historia en esto de desnivelar con el corazón. Yo le apuesto unas fichas más esta vez al corazón de Los Pumas. No se desnivela sólo con eso, pero sí prevalece el que más pasión y locura pone cuando el trámite es parejo.
Llegamos, al fin, al día esperado. Mañana, en horario de oficina en la Argentina, los fanáticos del rugby harán arder los televisores. Acá, el pequeño grupo que anda dando vueltas por París (el grueso de argentinos se espera para los dos últimos partidos), hará ruido desde las tribunas de un estadio que estará colmado por 80 mil almas. Adentro de la cancha, Los Pumas harán todo por escribir otro capítulo grande de una historia rica. Los corazones, damos fe, ya están palpitando.






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