Estupor
“Lo atacó una patota de rugbiers y ahora trata de rehacer su vida”. Ese es el título que domina la página 37 de la sección Sociedad del diario Clarín de hoy. En la nota se señala que una “buena parte del plantel superior del Club Atlético San Isidro” agredió brutalmente a la salida de un boliche a Malcolm Glass, un chico de 23 años que a quien le fracturaron el macizo facial derecho, el piso de órbita y la pared lateral del seno maxilar derecho, por lo que su cara debió ser reconstituida con la ayuda de tres placas de titanio y 35 tornillos.
Duele publicar este tipo de noticias pero en estos casos es peor es hacerse el distraído. Como suele ocurrir con los medios periodísticos en estas situaciones, Clarín publica una serie de casos similares en los que estuvieron involucrados rugbiers. Se denuncian desde violaciones hasta muertes.
Es verdad que algunos medios se ocupan de algunos deportes -no sólo el rugby- cuando aparecen este tipo de noticias, pero también es cierto que ocurren y que este es uno de los temas que más preocupan en el rugby argentino: la violencia que se produce a las salidas de los boliches o de los terceros tiempos.
Habrá que agudizar las charlas de prevención y de seguir alertando sobre los peligros de la violencia y del alcohol en exceso. El rugby, hay que decirlo, sufre este problema y tiene que atenderlo, como, también vale aclararlo, lo está haciendo desde muchos clubes y hasta de la misma URBA.
Hace un par de años un grupo de madres de la zona Norte del Gran Buenos Aires también denunció la violencia que exhibían distintos grupos de rugbiers en las madrugadas de los domingos. Incluso existen decenas de denuncias judiciales y policiales.
La familia de Malcom Glass, quien jugó al rugby en San Andrés, dijo que le envió una carta al CASI pero que todavía no recibió ninguna respuesta. También hubo denuncias en la Justicia y a través de cartas de lectores a los diarios.
Hace unos meses, CUBA suspendió a tres jugadores del plantel superior que estuvieron involucrados en una pelea después de un tercer tiempo y habría que analizar si esa no es la vía indicada si no arrojan resultado las tareas de prevención.
Según la información publicada por Clarín, Glass fue agredido a la salida de un boliche en San Isidro, en la madrugada del último 29 de junio. Se agrega que el día anterior el CASI había perdido ante Champagnat, aunque ese partido no se disputó el sábado 28, sino el viernes 27.






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