Antorcha
Charlando el otro día con unos amigos les decía que iba a tener que agudizar mi imaginación para que en este espacio hubiese un post diario de los Juegos Olímpicos durante su desarollo. A pesar de una nueva ausencia del rugby, mi pasión por el periodismo y por los grandes movimientos deportivos y sociales, supuse, me generarían temas por los cuales escribir. Aunque aún falta bastante para el 8 de agosto del 2008, a las 8.08, cuando se inaugurán las competencias en Beijing, la realidad me va dando una ayuda.
Revisando hoy la lista de los que transportarán la convulsionada antorcha olímpica que el viernes recorrerá las calles de Buenos Aires, me encontré, sorpresivamente, con dos rugbiers: Manuel Contepomi y Nicolás Fernández Miranda, ambos integrantes del plantel de Los Pumas que consiguió el histórico tercer puesto en el Mundial.
Me pregunté porqué el rugby si no es un deporte olímpico, pero rápidamente me di cuenta que tanto el mellizo como Nico han hecho bastante más méritos que muchos otros que figuran en un listado donde, por ejemplo, faltan glorias deportivas argentinas como el atleta Osvaldo Suárez y el nadador Luis Alberto Nicolao. También me interrogué qué hacen tantos periodistas en un acontecimiento de este tipo y del que noi tienen nada que ver. Averigué que fueron designados -como todos- por las empresas patrocinadoras de los Juegos, por el Comité Olímpico Argentino (COA) y por la subsecretaría de Deportes de la Ciudad de Buenos Aires que lidera un ex Newman y Puma, Francisco Irarrazával. Aclaro que tengo una gran estima y respeto profesional por colegas mios como Mariano Ryan, Victor Pochat y Juan Pablo Varsky.
Pero existiendo en la Argentina tantos y tantos deportistas que durante años y años hicieron enormes esfuerzos para estar en los Juegos Olímpicos, luchando contra todos los problemas de infraestructura que hay aquí y sin otro apoyo que el de sus familiares o amigos, ¿no era esta una oportunidad fantástica de premiarlos con un símbolo tan entrañable para el deporte? No. En la Argentina todo se mezcla. Todo se faranduliza. Todo se mediatiza. Todo se olvida.
La antorcha, como se sabe, viene con un paso más que complicado a raíz de las manifestaciones contra el régimen chino y su postura sangrienta en el Tibet. De hecho, su llama fue apagada por militantes en su visita a París, el lunes pasado.
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En su blog, el periodista Marcelo Gantman da un buen pantallazo de algunas de las razones de la recorrida de la antorcha por las calles de la ciudad, la única con ese privilegio en toda Latinoamérica. Y el gran Oscar Raúl Cardoso escribió como él sólo saber hacerlo las razones de la polémica en la edición de ayer de Clarín.
Creo que los Juegos me darán material. Más allá de la ausencia del rugby.






¿Para qué están Los Pumas?
¿Para qué están Los Pumas?
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