Tren

Puede sonar cursi, pero el tren que sale a las 14.35 en punto desde la estación de Marsella rumbo a París es el tren de la alegría. Allí viajan Los Pumas, con sus rostros encerrando la necesaria mezcla de satisfacción y de serenidad. Con ellos van familiares y amigos. También algunos enviados especiales, como quien esto escribe. Agustín Pichot lleva de sus manos a sus dos hijas. Rodrigo Roncero alza a la suya. Pasaron Francia, Georgia y Namibia. Ahora sí viene Irlanda.
Es una maravilla el tren. En apenas 3 horas recorre 780 kilómetros. Por eso, a las 18, Los Pumas ya estaban alojados en el hotel Grand Barriere, en Enghein-les Bains, a unos 20 kilómetros del centro de París. El mismo lugar donde se alistaron para vencer a Francia. Un escenario que deberá transformarse en una fortaleza para esperar a Irlanda. Porque esta semana quizá sea la más difícil de todas desde que llegaron al Mundial. Entonces, habrá que hacer oídos sordos a todo lo que venga de afuera.
Francia está pendiente de lo que ocurra el domingo a partir de las 17, las 12 de la Argentina, en el Parque de los Príncipes de París. Necesita que gane Irlanda y que Los Pumas no consigan punto bonus para así evitar a los temibles All Blacks en los cuartos de final, en Cardiff. Bernard Laporte ya empezó a calentar el ambiente. Dijo que Irlanda es superior a los argentinos.
Los diarios irlandeses, en tanto, ya dan por eliminado al equipo de Eddie O’Sullivan. No piensan lo mismo Los Pumas. Dicen que Irlanda saldrá a resurgir en el partido que más esperan en este Mundial. Los Pumas también es el que más esperan.
Mañana habrá día libre. Necesario para descansar física y mentalmente, porque se viene, según todos, el test más duro de esta primera rueda. El martes se volverá al entrenamiento, pactado en doble turno. Físico por la mañana y rugbístico por la tarde. Regresará Juan Martín Hernández.
Fue necesario recibir tanto afecto en Marsella, pero también lo es escapar del ruido ante un partido tan trascendental. El reducto en Enghien-les Bains es ideal. No queda cerca de París y, además, es imposible entrar sin permiso. Los Pumas saben todo lo que están generando en la Argentina. Lo disfrutan. Pero ellos vinieron acá con un objetivo claro, que no es sólo atravesar la primera rueda, sino quedar primeros en el grupo. Y son concientes que tienen que seguir como hasta ahora, día a día. Como leí por ahí: tackle a tackle.
Después del partido de anoche en Marsella me encontré con Mario Negri, el octavo que jugó en Alumni y formó parte del Sudamérica XV que en 1982 consiguió el histórico triunfo contra los Springboks, en Bloemfontaine. Había llegado desde la Argentina el viernes. Sorprendido por la locura que ha desatado este equipo. Me decía: “¿Sabés qué es lo más increíble? Que todos te vienen a preguntar por el rugby. Gente que no tenía ni idea de qué se trataba esto. Y lo que más los impactó fue cómo los jugadores estaban en el himno, el día con Francia. Saben que eso no es fingido, que es imposible, que sale bien de adentro”.
Coincidimos en que los jugadores argentinos, más allá de que jueguen en el rugby profesional, mantienen el espíritu que mamaron en sus clubes. “Porque -acotaba Negri- uno desde chico va escuchando las historias de Los Pumas por tipos que las vivieron, y después las vas contando vos, y así permanentemente. Es el ADN”.
Hoy, Francia está llorando la muerte del extradordinaro mimo Marcel Marceau, el genio de la cara pintada de blanco, los pantalones anchos y la remera a rayas. Se marchó a los 84 años. Hoy también, pero en el rugby, los All Blacks jugaron por primera vez en su historia con una camiseta de color gris. Fue en el Murrayfield de Edimburgo, donde apabullaron a Escocia por 40-0. Dan miedo los dirigidos por Graham Henry.
Final para este diario de viaje de domingo. De un viaje en tren. Los Pumas están de nuevo en París. Queda una semana para hacer más fuerte el sueño. Sí, ahora sí viene Irlanda.
Hasta mañana.






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