Lágrimas

Fue impactante la ceremonia inaugural. Por cómo los franceses combinaron la historia del rugby y el espectáculo del arte. Sólo ellos pueden hacerlo así, con ese toque de nostalgia y glamour. Conmovedor cuando fueron entrando acompañados por chiquitos las glorias de cada uno de los 20 países que están en este Mundial. Primero le tocó a Hugo Porta, ovacionado por todo el estadio.
Pasaron Gareth Edwards, Carl Du Plessis, Martin Johnson, Jonah Lomu, Diego Domínguez (por Italia, también ovacionado por su pasado en el Stade de París) y John Eales, entre otros grandes. Y mientras cientos de chicos corrían de un lado al otro, las tribunas lucían de colorado, azul, amarillo y verde, los colores de les repartían a la entrada del estadio a cada persona que iba para su sector.
Esa pintura sólo la quebraron los argentinos, que no abandonaron sus camisetas celestes y blanca.
Más de este viernes inolvidable. Juro que se me puso la piel de gallina al momento de los himnos. Me conmovieron las lágrimas de Nacho Fernández Lobbe, de Agulla, de Pichot, de Albacete, de Ostiglia. Ver juntos, abrazados, a los hermanos Lobbe y a los mellizos Contepomi. Y también unidos, frente a ellos, a los miembros del staff que actuaban adentro de la cancha.
Estoy todavía conmovido, mientras me quedo solo en el centro de prensa y en París ya es la 1 de la mañana, con la alegría de los argentinos que no se querían ir del estadio. De sus cantos, de sus lágrimas. De ver a Nani Corleto solo, adentro de la cancha, caminando de un lado al otro, mirando para todos lados, como registrando una instantánea de este momento que no olvidará jamás.
Los Pumas provocan estas cosas. Es marca registrada de la historia del seleccionado argentino de rugby.






Planteles
Todos al Ingoal (26°)
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