Recordando a Aitor
Bernardo Otaño fue siempre Aitor. Y, como muchos en éste ambiente, hablar de él era referirse al rugby. Sin vueltas. Tuve el placer de conocerlo bastante. Hablábamos seguido y no únicamente por temas periodísticos. Aitor era un tipo simpático, con calle, con barra, pintón, ácido cuando criticaba, fanático del rugby en todos los sentidos. No había reunión en la que no estuviese Aitor. Siempre rodeado de amigos, de gente del rugby. Decía, y aclaraba que no lo escuchara Isabel, su mujer, que el rugby era su casa.
Fui uno de los tantísimos que lamentamos su muerte. Pero Aitor siempre está presente en cada charla, en cada recuerdo, como en esta nota que estoy escribiendo hoy.
Anécdotaño es un libro muy entretenido y de esos que uno se los come leyéndolo. Lo escribió el periodista Guillermo Alonso, quien lo conoció muy de cerca a Aitor por su condición de rugbier de Pucará.
De ese libro, del que no será la única vez que escribiré, estracté unos párrafos que pintan cómo era la escena en 1965, cuando el rugby argentino se hizo famoso internacionalmente a través de Los Pumas, tras la gira por Sudáfrica.
“Todo cambió con esa gira. La Sastrería González nos quiso regalar un traje o un esmoquín a cada uno. Yo fui de los que no lo acepté, no porque no quisiera sino por miedo a tener problemas, pero casi todos, calladitos se lo llevaron a sus casas. ¡Si ni siquiera nos pedían hacer publicidad a cambio! También el Consejo Deliberante de Buenos Aires nos quiso regalar una medalla de oro y la Unión no se lo permitió.
Ese año también tuve una oferta para hacer una publicidad. El whisky Old Smuggler tenía una campaña muy importante con figuras del deporte. Roberto De Vicenzo era uno y el otro Juan Carlos Harriot. A mi me ofrecieron hacerla, pedí permiso a la UAR manifestando que lo que cobrara lo donaría para el rugby infantil de Pucará, pero no me autorizaron”.






¿Para qué están Los Pumas?
¿Para qué están Los Pumas?
¿Para qué están Los Pumas?