Mandamás
El International Rugby Board (IRB), como cualquier otra coorporación deportiva, ha dejado en claro una vez más que no permite ninguna señal de protesta de los que protagonizan el juego. El reclamo sudafricano por la sanción al segunda línea de los Springboks, Bakkies Botha, durante la serie con los Lions derivó en una sanción para la Unión de ese país, los jugadores y el staff de los Boks.
Un tribunal especial, compuesto por John Hansen (Nueva Zelanda), John Eales (mítico capitán de los Wallabies) y el argentino Guillermo Tragant (quien fue miembro del comité de disciplina en el último Mundial), determinó una multa de 10.000 libras esterlinas para la SARU, 1.000 para el capitán Jon Smit y 200 para cada jugador.
De todos modos, la sanción estuvo a punto de ser bastante más dura, incluso con la suspensión por un largo tiempo para todos los involucrados.
Botha fue suspendido en su momento por dos semanas por haber cargado ilícitamente en un ruck contra el galés Adam Jones, quien por esa acción quedó con un hombro dislocado. Al siguiente test, todos los integrantes de los Springboks ingresaron a la cancha con un brazalete que rezaba “Justice 4”, por el número de camiseta del áspero segunda línea.
La sanción indica la “mala conducta” de los sudafricanos y considera que se trató de “una falta de respeto y consideración para los rivales”, agregando que el campo de juego “no es lugar para protestas”.
En su descargo -del que participaron el entrenador Peter De Villiers y Smit- los sudafricanos defendieron su protesta y, según el IRB, no se registró ninguna disculpa ni señal de arrepentimiento.






Todos al Ingoal (24°)
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