Puey
Esto escribí en La Nación de ayer.
Jorge Gutiérrez fundó el Club Pueyrredón en 1953 y lo presidió hasta 1983. Fue un maestro: de Educación Física en el Colegio Nacional Pueyrredón, en San Telmo, y en el rugby. Angel Guastella, otro emblema del club que se instaló desde su inicio en Boulogne, lo recordó como un hombre que jamás criticó a un árbitro, y que tras perder una final de Tercera de Ascenso entró al vestuario y les dijo a sus jugadores: “Si ustedes son serenos en la victoria, deben serlo en la derrota. Perder no es un drama. Lo importante es jugar y disfrutar de éste juego”.
Bajo esa filosofía predicaba por Gutiérrez, Pueyrredón fue creciendo también de la mano y del corazón de Guastella, uno de los padres del seleccionado argentino de rugby que está cumpliendo medio siglo como Pumas. Es el club que también llevó a Sudáfrica en 1965 al Mono Eduardo Scharenberg y al Flaco Guillermo Illia. Y en el que actuó uno de los cinco mejores jugadores de la historia local: Martín Sansot.
Impedido de crecer en el tradicional espacio de la calle Capitán Juan de San Martín, a pocas cuadras de la Panamericana, en Boulogne, Pueyrredón se instaló después de mucho debate interno en Benavídez, donde antes estaba Banco Nación. Hace tres años que juega allí, en una mudanza cargada de necesidad y dolor. Fue prácticamente otra fundación. Del partido de San Isidro al de Tigre.
Con la mitad de la aprobación municipal para lotearla concretada el miércoles, la sede de Pueyrredón, que sólo se utiliza para los entrenamientos, pasará a la historia a fin de año, y el club ampliará sus horizontes en sus nuevas instalaciones, a las que permutó por las anteriores, después de alquilarlas todo este tiempo. Pero más allá de donde vaya, Pueyrredón siempre albergará la impronta de Jorge Gutiérrez. La que lo llevó a ser.






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Todos al Ingoal (24°)
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