Limpieza
A veces, los temas nos van superando y obligan a postergar otros. Esta fue una semana particularmente intensa en el rugby argentino. Cambio de autoridades, difusión de números, idas y vueltas sobre los calendarios internacionales y versiones sobre los futuros entrenadores de Los Pumas dominaron la gran escena. Ninguno de estos hechos han pasado desapercibidos, como quedó reflejado en todos los comentarios recibidos en este blog. Bastante para discutir, como se vio. Por eso he ido retrasando día tras día una reflexión que tengo pendiente desde el domingo pasado. Es a raíz de un muy interesante artículo publicado en la revista del diario La Nación, escrito por la periodista Fabiana Scherer, y que hace alusión a la importancia del fair play en el deporte, que debería ser ni más ni menos que en la vida misma.
La nota, que contiene varios elementos que hacen recomendable su lectura, no contiene, curiosamente, ninguna referencia al rugby, un deporte que precisamente transmite una cultura de respeto desde su misma génesis. Sólo se hace mención a Agustín Pichot cuando se refiere a los ídolos que los chicos tienen como espejos. Nada más.
Entonces, me pareció conveniente aportar algunos ejemplos desde aquí, que bien podrían complementar ese artículo. Porque el rugby está repleto de hechos que respetan los mandatos del juego limpio. Allá y acá en el tiempo. Como aquel protagonizado por Guillermo Ehrman, todo un símbolo del rugby argentino, cuando jugando para Pucará contra CUBA decidió salir del campo y quedar 14 contra 14 ante la lesión de Horacio Achával, en épocas donde no existían los cambios. Y en una era donde ambos equipos luchaban por el título. ¿Qué hizo el célebre Gringo? Se quedó todo el tiempo al lado de Achával, acompañándolo, porque eso era para él más importante de lo que podía pasar adentro de la cancha.
O uno de estos tiempos, cuando Alberto Uru Sanabria, entrenador de la Menores de 16 de Los Matreros, sacó a uno de sus jugadores porque el rival, Virreyes, no lograba juntar 15. Y fue el único partido que ganó Virreyes a lo largo de la temporada. O cuando Federico Böck se arrojó a proteger la pierna expuesta a una fractura de Santiago Artese durante un CASI-SIC.
También vale recurrir a la memoria con el inolvidable Carlos Veco Villegas, cuando decidió ir a dar una mano con el scrum a CUBA. ¿En qué momento? En la semana previa a enfrentar a su SIC. ¿Qué pasó? CUBA apabulló al SIC y el Veco sintió que había cumplido con la misión que tenía con el rugby.
En tiempos de tantas discusiones y de tantos temas por resolver, nunca viene mal recordar cuál es la esencia de este deporte, la que jamás debe olvidarse. Por eso esta reflexión de domingo, con una semana de atraso.






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