Ricardo S, uno de los nuestros
La tristeza por la muerte de Ricardo Sabanes, ocurrida ayer, se dispara hacia muchos y variados rincones. Lo van a extrañar, por supuesto, sus afectos mas cercanos, lo va a extrañar el rugby y, en particular, San Albano, Córdoba Athletic y San Cirano, sus segundas casas ovaladas, lo va a extrañar la literatura y el negocio editorial y ya lo estamos extrañando nosotros, la familia de Periodismo Rugby porque, como Ricardo S, participó del blog desde el comienzo con sus acertados comentarios y también sumó sus brillantes artículos, generalmente centrados en el rugby de las Islas Británicas. Luego de años de una valiente batalla contra el cáncer, se fue uno de los nuestros.

Ricardo Sabanes, junto a su hijo Dylan, en el lugar donde nació su pasión.
(Ofrezco mis disculpas por la autorreferencia y el uso de la primera persona.)
Ese caluroso y pegajoso anochecer de un domingo de marzo de 2011 llegué agotado a mi casa, luego de un día de esos en que uno quisiera ser otro al que no le pasó nada de lo que me había pasado. El remate de la jornada oprobiosa había sido una goma pinchada a diez cuadras de mi destino final, y todo agravado por el deprimente síndrome del domingo a las 19.30. Abrí la computadora y vi un mail de Sabanes. Pensé; ” cartón lleno, lo único que me faltaba, seguro se viene una puteada de Ricardo por mi atraso en la entrega”. A continuación copio el mail textual porque lo tengo guardado:
Daniel, acabo de volver de un periplo más complicado de lo previsto. De todos modos he estado disfrutando de tus relatos, como en un buen tercer tiempo. Tenés más? Se viene un librazo!
Cheers!
Ricardo
BRINDIS
En un final de año en el que todo parece que termina, pero todo vuelve a comenzar, les proponemos un brindis:
Por las mujeres, las que van a ver jugar rugby a sus hijos, novios, candidatos o maridos y que, como madres permisivas, aprueban que sus hombres-niños se porten como salvajes durante un rato los fines de semana, sin expresar su angustia cuando el suyo se golpea (porque le han dicho que el rugby es un deporte muy seguro), ni pretender un lugar en la barra del pub cuando llega el momento de hablar de un juego de hombres; que durante el partido venden cheesecakes pro-gira a Nueva Zelanda o pastafrolas pro-agua caliente en los vestuarios… ¡Salud!
Por ese rugbier postergado que apenas entró un par de veces como sustituto en la Intermedia; que sus mejores partidos los jugó soñando despierto, y que llega al club todos los sábados a las 10:30, bolso en mano, para ver si queda un lugar en la Pre “C” y jugar de lo que sea, sentirse Richie McCaw por un rato y comprobar, así, que en el rugby hay lugar para todos… ¡Salud!
Por los forwards, que se hacen llamar pack (jauría) hasta que transpirados, resoplando, sin aire ni piernas, van perdiendo la ferocidad del lobo. Con el sindicato de las primeras líneas que dice poseer el secreto alquímico del rugby esencial; con las torres de la segunda línea que ven pasar la pelota sobre sus cabezas en cada lineout; con los alas, psicópatas especialistas en tacklear a destiempo al apertura contrario, y el octavo, el único que se nombra por su número, especie de nowhere man que siempre quiso jugar de back… ¡Salud!
Por los árbitros, verdaderos jueces de última instancia de un juego en el que las reglas se llaman “leyes”; que conocen sus mil y una interpretaciones aunque “no discutirás con el réferi” es la principal; que a veces pueden cambiar de parecer, y en medio de una explicación paternal lo piensan mejor y te mandan al sin-bin; que hablan, hablan y hablan más que los dos medio-scrums juntos pero que, sin ellos, tampoco sería posible jugar… ¡Salud!
Por los seguidores de Periodismo-Rugby, los jugadores y los veteranos; los chicos de la elite, los nacionales y populares, los snobs; los racionales, los pasionales, los doctorales, los historiadores y los cronistas; los chicaneros, los punks, los posmo y los trolls; los amateurs y los profesionales; los que leen y no escriben, los que escriben y no leen y los que saben más de lo que escriben; los porteños, los del interior, los del exterior, los old-boys y los newcomers… ¡Salud!
Y por los que partieron de gira y que ahora, allá, deben estar organizando un tercer tiempo de aquéllos, mientras el eterno William, haciendo gala de una gran indiferencia por las reglas del football que se jugaba en aquellos tiempos, les muestra cómo tomó la pelota con las manos y corrió con ella para apoyar el primer try de la historia en el Close de Rugby School, en Warwickshire… ¡Salud!
Richard S






Pumas (Wallabies)
Pumas (Wallabies)
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