Destino
Hemos llegado a éste mundo con un preciado paquete de dones. Algunos vinieron incorporados; otros, los fuimos desarrollando. Pero hay un don que nunca tendremos y que la mayoría de los mortales desearíamos tener: el de saber nuestro destino. Podemos forjarlo, programarlo, imaginarlo, pero seguimos sin saber qué pasará dentro de un rato. No ha existido aún avance científico capaz de dilucidar qué será de nosotros mientras estemos vivos. Alguna vez, en un intento similar de reflexión como el que estoy intentando ensayar acá, escribí sobre el poder del instante. Cómo en el deporte, por ejemplo, un milímetro en una pelota puede cambiar una historia, o cómo un cruce de miradas puede derivar en una vida nueva. No sabemos qué nos deparará el próximo instante. Por eso, entre otras cosas, la vida es tan maravillosa.
En septiembre del 2006, los jugadores liderados por Agustín Pichot soñaban y proyectaban con un brillante Mundial al año siguiente. Tiempos aquellos de peleas entre esos mismos jugadores y la dirigencia de la UAR, con huelgas, solicitadas, cruces mediáticos, SportFive y la mar en coche. Tiempos en los que muy pocos imaginaban un gran Mundial Puma. Recuerdo que en una cena de amigos, el Bambi Soares Gache dejó en silencio al resto al afirmar: “Los Pumas pueden ser campeones del mundo”. Como cuando jugaba, el Bambi tenía el mapa en la cabeza: “Cada uno de los nuestros es titular y figura en sus clubes europeos. Tenemos excelentes jugadores en la columna vertebral del equipo. Y, además, díganme cuántos equipos tienen mejores jugadores que nosotros”. Las respuestas fueron en el orden de “Sí, pero ¡andá a ganarle a Francia de local en el partido inaugural…!” Yo, que en una parte coincidía con el Bambi, también adhería a éste último razonamiento.
No eran cortos los sueños de los jugadores liderados por Agustín Pichot. Soñaban con ser campeones del mundo. Ni más ni menos. Sin embargo, ninguno de ellos pudo prever lo que terminó sucediendo después del Bronce en Francia. Y lo que terminó sucediendo fue que tras el tercer puesto, el mapa del rugby argentino cambió sustancialmente. De un mundo a otro. Fueron apareciendo, uno atrás de otro, becas, planes de alto rendimiento, acuerdos con la ex IRB, con el Estado, con la Sanzar, ingresos millonarios, Pampas, Jaguares, Rugby Championship, Súper Rugby, competencia interna y externa casi once meses por temporada, Seven, Juegos Olímpicos, Panamericanos, Nacional de Clubes, Torneos del Interior, nuevos actores, sede nueva de la UAR, contratos, profesionalismo. Y no estamos escribiendo sobre 50 años atrás. Todo esto ocurrió en menos de ocho.
El 7 de septiembre del 2006, mientras los jugadores liderados por Agustín Pichot soñaban y planeaban con ser campeones del mundo, este blog daba a luz. Como ya destaqué varias veces, periodismo-rugby empezó como una necesidad mía de escribir sobre rugby y otros temas después de haberme decidido dejar el diario Clarín, en busca de un poco más de libertad por sobre un buen sueldo y otros beneficios extras. Tampoco podía prever lo que sucedió después. Porque éste espacio dejó de ser mío para ser de quienes lo leen todos los días, que son los que verdaderamente lo llevan adelante. No voy a abundar sobre cuestiones que ya saben y que las hemos intercambiado decenas de veces, pero en estos menos de nueve años el blog ha atravesado por innumerables vivencias y también vaivenes. Propios y de ustedes. Muy buenas, buenas y otras no tan buenas. Como la vida misma.
Lo que en 2006 parecía un salto al vacío terminó siendo un salto a la felicidad y al crecimiento mío como periodista, porque sigo aprendiendo todos los días. No abonaré con todas las letras al discurso “Se llena de anónimos”, “dicen cualquier cosa”, “entra gente que no sabe de rugby”. Todo eso sucede, pero para mí el blog o esta forma de hacer periodismo que nos regaló la tecnología es la herramienta más valiosa que ha existido hasta ahora. Es el periodismo verdaderamente independiente, de contacto directo con la gente, sin máscaras y sin compromisos con nadie más que con quien lo lee. Porque así como a veces “entra gente a decir cualquier cosa desde el anonimato”, muchas otras se dicen cosas valiosas, desde la información hasta la opinión.
El 7 de septiembre del 2006 no podía prever todo lo que pasó después hasta aquí con el rugby argentino. De un partido por semana (los sábados) pasamos a tener partidos todos los días. Hoy no existe un día en el que no surja una información sobre rugby. Es motivo de celebración que ello ocurra. Pero a mi, como responsable de éste blog, me superó. Nunca le encontré la vuelta para hacer crecer potencialmente a periodismo-rugby. Busqué, pensé, me junté con otros periodistas, probé, pero lo cierto es que entré en un embudo en el último año, que se complicó aún más por cuestiones de salud. El lunes pasado me pusieron otro stend. Otro tender, como escribí hace un año. Tengo que volver a parar la pelota y repensarme a mi mismo. Así como la vida es un instante, también es un límite. Y yo, debo reconocer, siempre tuve problemas con los límites.
Debo agradecer a la gente de empresas que confió en este blog para poner publicidad. Son muchos. No me puedo quejar. Especialmente porque hay muchos otros espacios de rugby en los que se trabaja mucho más de lo que lo hago yo y que rara vez reciben una publicidad. Lo mismo sucede con muchos periodistas. Hay en esto un mecanismo perverso alimentado por la UAR y la URBA al establecer contratos en los que sólo contemplan el dinero que van a recibir sin poder –ni querer, en algunos casos- medir el alcance real y verdadero de la difusión. Hay, escondida, una zancadilla al periodismo independiente. Al darles toda y la más absoluta exclusividad a una sola empresa (ahora ESPN y todas sus variantes de Scrum; en el 2006 fue Fox, ¿recuerdan?) terminan matando al resto de los medios. Con un monopolio sólo vive el monopolio. Y el monopolio da sólo lo que le conviene a su negocio. Del resto, literalmente se caga. Y el resto se caga también porque las empresas anunciantes, cuyas cabezas aún no cambiaron –ya cambiarán, por suerte- van a lo seguro o a ese latiguillo estúpido y vació que deseo no escucharlo nunca más: “¿Y vos cuántos clicks tenés?”.
En el Acerca del blog que publiqué el 6 de septiembre del 2006 y que nunca creí necesario cambiarlo, porque sigue siendo lo que pienso, planteaba que periodismo-rugby también nacía como una fuente de ingresos de su autor. Yo vivo del periodismo. De una escuela (TEA y Deportea), de la que soy uno de sus dueños, y de mis notas en el diario La Nación. Por cuestiones obvias de éste bendito país, debí aumentar mis ingresos. Crecieron mis responsabilidades en la escuela y tengo mayor participación en el diario. En el blog hace dos años que pierdo plata. No es lo más importante, pero no le encuentro la vuelta para dedicarle más tiempo y mejorarlo. El nuevo tender complicó más la situación. Entre el libro que escribí (El Rugido) y el diagnóstico de que tenía otra arteria algo tapada (el stend fue programado y los médicos me dijeron que andaré 10 puntos), este año casi no pude escribir para el blog. Y, la verdad, no sé cuándo podré volver a hacerlo. Tengo que medir mis esfuerzos.
No vengo a reclamarle nada a nadie porque aunque ahora me llamen de diez empresas (de esas que creen que su función con los periodistas es invitarlos a presentaciones con comidas y regalos) no estoy en condiciones de hacer un cambio en el blog. No tengo cuerpo para hacerlo. Pero, además, tampoco fue la intención en todo este tiempo de convertir a periodismo-rugby en un mar de publicidades, sino en un espacio donde se pudiera dar una mirada distinta, ni mejor ni peor. Un periodista tiene, como todo en la vida, opciones. Puede armar una carrera para llenarse de plata o para llegar a decir que no a lo que no quiere. Yo voto por esto último. Como dijo alguna vez Pepe Mujica, prefiero llevar una mochila liviana.
Ha pasado mucho en estos menos de nueve años que parecieron 50. No sé si los tiempos vuelan para los más de 50 o si ahora todo va más rápido. Pero lo cierto es que no estoy para correr. Y si bien no puedo saber lo que va a pasar en un rato, sí puedo decirles ahora que periodismo-rugby entra en un proceso de deliberación interna de su autor que supone una actividad casi tan nula como la de las últimas semanas. Hasta nuevo aviso. Preservando la maravillosa felicidad que me dio llevarlo adelante todos estos años. He trabajado en innumerables medios, gráficos y audiovisuales, y de la gran mayoría estoy agradecido, pero en ninguno experimenté la extraordinaria sensación de la libertad como acá. Eso no tiene precio alguno.
Creo que lo que conseguimos entre todos, salvo las contadas excepciones de siempre, es ir de frente, como lo enseña la vida y el rugby. Y en esa vía es que decidí escribir este texto al que llamaré texto y no post.
No me gustan las despedidas, así que para cerrar les dejo un regalo: Los Pumas del 65 cantando La Paloma, en el cierre de la presentación de El Rugido, el libro que tuve el gusto y el orgullo de escribir.
Besos y abrazos
JB
[evp_embed_video url=”https://www.periodismo-rugby.com.ar/videos/periodismorugby.mp4″ width=”600″ ratio=”0.56″]






Cartelera
Todos al Ingoal (24°)
Todos al Ingoal (24°)