Tender
“¿Te pusieron un tender, Titán?”.
Claudio, amigo y colega, quizá una de las mejores plumas que tenga el periodismo sobre deportes en la Argentina, es además un tipo muy gracioso. Especialmente cuando se enciende con las máximas que a lo largo del tiempo ha ido dejando en las redacciones un querido maestro del oficio, un hombre por demás generoso, pero con un problema que lo hizo célebre en el mundillo de los cronistas: su dificultad para pronunciar ciertas palabras. Al querido maestro se le mezclan las letras. Y así salieron de su boca genialidades como “topografía computada” en vez de tomografía computada; “techo vitivinícolo” en lugar de techo vinilico; “beberbusch” por leberbush; “Chipriotti” por la tenista Jennifer Capriati; “La Caminata a Bariloche” en reemplazo de “La Camerata Bariloche”; “puis” por deuce y “le salió un acceso abajo del brazo” por absceso…
El Nene Juan José Panno, a quien este querido hombre (en serio: muy querido) siempre lo llamó el “Nene Pando”, le dedicó un capítulo entero en su libro Obras Maestras del Error. Creo que lo leí cien veces y cada vez me río más.
El maestro en cuestión le dice tender al stent. Y hacia ahí giraba la pregunta de mi amigo y colega Claudio, que me despertó la primera carcajada desde que ayer regresé a mi casa. En efecto, el lunes me colocaron un stent. Tenía muy tapada la arteria principal del corazón. Me dicen todos -amigos, médicos, conocidos, desconocidos- que será para tener una mejor calidad de vida y les creo con todo mi corazón que ahora tiene un tubito milagroso que destapó una de mis arterias.
No los voy a aburrir con detalles porque me siento un poco molesto contando siempre mis penas físicas (a propósito, lo de la columna va mil puntos gracias a un osteopata que me recomendó Frankie Gómez Kodela). Sólo quiero agradecerles de nuevo por tanta banca y mensajes.
Una anécdota más. Cuando el sábado a la tarde me llevaban de la guardia de Las Lomas a la Unidad Coronaria y yo sólo había alcanzado a avisarle a mi hijo que no iba a volver a casa, me lo crucé a Nacho Fernández Madero, ex PF de Los Pumas, quien iba corriendo con su mujer porque su hijo se había lastimado en el partido en el SIC. Con Nacho tenemos un gran amigo en común, Lucho, médico y casi un hermano mío. “¿Le avisaste a Lucho?”, me gritó Nacho cuando me metían en el ascensor y él buscaba a su hijo. “No, por favor, avisale”, le pude decir. Al rato me estaba llamando Lucho y empezaron a llegar mis amigos de la vida. Gracias, Nacheli.
Bueno, ahora a empezar de nuevo. A cuidarme con las comidas y a trabajar menos. Por suerte puedo hacerlo. Pero cuando me pasan estas cosas, estas interrupciones, siempre, siempre, al primer lugar que vuelvo es a éste. Es como volver a casa.
Nos seguimos viendo.
Gracias de nuevo de corazón con stent o tender…
Besos y abrazos
JB






Todos al Ingoal (24°)
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