Cesitar
Semblanza de César Silveyra, escrita por su amigo Marcos Julianes.
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Hay una sentencia popular que desprecia a quienes se jactan de tener ” muchos amigos”… Sería señal de no tener amigos o de no entender la amistad. ¿Quién no ha citado a Roberto Carlos con sorna por su millón de amigos?
Se nos acaba de ir alguien, el único que conozco, que dio por tierra con tal precepto: soy uno de los muchos, tal vez cientos, que nos llenamos el pecho diciendo que somos amigos de César Silveyra. Sólo que en este caso, el mérito es de él, pues sólo un tipo DISTINTO pudo hacerlo. Y ojo que no hablo de las humanas treguas que damos en las vísperas…..hablo de una persona que anduvo por el mundo con el corazón abierto cosechando amigos desde la primaria hasta sus últimos días, en los ámbitos más diversos, incluyendo el rugby, o con el rugby como primera fuente, en varios clubes pero especialmente su club el SIC, donde nació creció y ayer se despidió.
La otra pata que lo hace único es que, en el buen sentido, no registra enemigos; y no es que quisiera a todo el mundo, pero tuvo también el don especial de no tener hendijas en su nobleza por donde pudiera colarse una enemistad. Si alguien quiso ser su enemigo, no encontró manera de llevarlo a cabo. También me consta esto.
La crónica más “común” dice que fue un rugbier de los veros. Hijo dilecto del SIC al que llegó de la mano de su padre, Cesitar, jugador y campeón de Primera en los finales de los setenta, entrenador de todas las divisiones hasta la intermedia (mereció entrenar la Primera con el Corto Ramallo en los 90 pero no se dio). En los 2000 presidente de su club.
Tal vez lo más colorido de destacar fue que lideró aquel original e histórico equipo de Preintermedia, cuando empezaba a existir esta división, que dieron en llamar “Electris Circus” y que supo alegrar la vida del SIC en los 80 con sus terceros tiempos, sus fiestas, sus giras, su espíritu de rugby y su hermana rivalidad con sus pares del CASI. No por nada el Veco Villegas era fana de ese equipo mezcla de bohemia y caballerosidad que César capitaneaba con su gracia sin igual y sus monólogos que todos, incluyendo rivales, esperábamos y alentábamos.
En lo personal, mucho para decir en 30 años de amistad, pero se trata de representar a esos cientos o miles de humanos a quien César nos hizo más buenos y más felices. Los que lo conocemos sabemos lo mucho, lo muchísimo que lo vamos a extrañar y recordar.






Todos al Ingoal (24°)
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