Realidad
Terminó siendo un junio bastante duro para la alta competencia del rugby argentino. Se prevía duro, pero no tanto. Los Pumas mostraron una débil imagen en la ventana con Inglaterra y Georgia; los Jaguares dieron un paso en falso en la Nations Cup de Rumania y los Pumas 7 quedaron muy lejos de la lucha por el título Mundial, en Moscú, al quedar eliminados en las semifinales de la Copa de Plata. Sólo los Pumitas exhibieron un juego de talla internacional, más allá del sexto puesto final en el Mundial M20 de Francia.
Hoy el tema es el Seven, porque es lo más cercano en el tiempo pasado, pero no se lo puede deslindar del contexto general que tiene el rugby argentino en su fuerte intención de estar en la elite mundial. Este es un año de transición muy delicada porque se corren serios riesgos de sumar más derrotas y de sembrar más dudas en cuanto al futuro, pero es ese futuro al que hay que analizar y no quedarse sólo con la actualidad rabiosa.
La misma UAR, a través de su dirigente principal, Agustín Pichot, había anunciado el año pasado que el Seven no estaba en la lista de prioridades, encabezadas por la incorporación de Los Pumas al Rugby Championship y por el crecimiento del Plar para abastecer a los otros seleccionados (Pampas, Jaguares, Pumitas). Por eso, afirmar -como se llegó a decir- que éste seleccionado de Seven que viajó a Rusia estuvo bien preparado sólo porque hizo una pretemporada en Los Angeles es mirar apenas una parte de la realidad.
El Seven argentino retrocedió más allá del enorme esfuerzo que hicieron los jugadores que estuvieron en Moscú y que se quedaron entre tristes y calientes por la eliminación ayer ante Samoa (21-14 después de ir 14-0 en el primer tiempo). Porque, a diferencia de las potencias, no se formó a tiempo un plantel y staff estables y porque recién este año se puso la proa en serio con vistas al Mundial. Que se tome de ejemplo para que no pase lo mismo en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.
Y si el Seven argentino retrocedió es también porque la UAR no encontró la forma de atender todos los frentes de alta competencia al mismo tiempo. Se entiende porque todo este proceso es muy reciente, pero no deja de ser una alarma para el futuro.
El 2012 fue un año de alto impacto. El 2013 viene con pinta de muy duro. ¿Y del 2014 hacia adelante? Ahí es donde hay que apuntar y donde todavía no se pueden abrir pronósticos. Pueden ser muy bueno el futuro y, también, muy delicado. No hay que perder de vista nunca que los que ponen el lomo y la cara (muchos, es verdad, a cambio de dinero) son los jugadores. Curiosas variables de estos últimos tiempos han encontrado a algunos (incluso muy críticos en otras épocas) en quitarle toda culpa en la dirigencia.
En lo que hace a lo que ocurrió el fin de semana en Moscú, ayer Nueva Zelanda se consagró campeón mundial en hombres y en mujeres. Una demostración extraordinaria del juego de 7, con el equipo masculino apabullando en semifinales a Fiji (17-0) y a Inglaterra (33-0).
Nueva Zelanda es el actual campeón del mundo de 15 y de 7 (también de mujeres en esta última especialidad), del Rugby Championship y del Circuito de Seven 2012-2013. Su reinado en el rugby sólo fue interrumpido por Inglaterra en el Mundial M20.
Para la IRB, la excursión a Moscú resultó un enorme fracaso. El estadio estuvo semivacío los 3 días y en el último, ayer, una tormenta impresionante de lluvia cortó durante un largo rato las transmisiones televisivas oficiales. No fue una buena señal hacia el mundo olímpico. Eso también forma parte de la realidad.
Crédito Foto: Prensa UAR







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