Columna
Ya de vuelta después de un muy largo retorno desde Ciudad del Cabo en el mismo vuelo que los Springboks. También volvieron -un par de horas más tarde- Los Pumas, que se fueron directo al Sheraton de Pilar. Mientras nos acomodamos, les dejo la columna que salió ayer en La Nación, con las primeras impresiones tras el debut del seleccionado argentino en el Rugby Championship con la derrota 27-6 ante los sudafricanos, en Newlands.
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Los Pumas pudieron conocer en carne propia -y esta vez en el verdadero sentido- lo que significa competir en un torneo contra los tres mejores del mundo. Ya saben lo que es el rigor físico que existe dentro de la cancha, que no es el mismo que en una ventana, y sí en un Mundial, pero eso es cada cuatro años. Eso ya es de por sí una buena noticia, porque lo que hasta antes de pisar el césped de Newlands era un hecho histórico, ahora es algo real.
Pero hay otra buena noticia que tiene que ver con lo más importante: el juego. Los Pumas dieron buenas señales. A pesar de la derrota por 21 tantos de diferencia y de errores más individuales que de concepto, el equipo dejó una imagen de valor. ¿Qué significa esto? Que si se continúa por este camino, esas fallas son posibles de corregir con el roce de los partidos y, entonces, exista un espacio para soñar con que en el futuro, quizá no tan lejano, los argentinos estén cerca de estos tres fenómenos del rugby.
Hoy, la realidad es la que hubo después de los 80 minutos. Los Springboks están por arriba de Los Pumas. En otro nivel. Lógico, por otra parte. La dureza y la perfección con la que juegan los sudafricanos es la misma que se encontrarán los argentinos cuando luego de la revancha del sábado próximo en Mendoza tengan que viajar a la tierra de los All Blacks y de los Wallabies.
Juan Fernández Lobbe, el capitán, es contundente y creíble cuando dice que el grupo se propone mejorar cada semana. Si Los Pumas jugaron hoy un partido de buen nivel ante semejante rival y en su casa es porque, esencialmente, el plantel (jugadores y staff) están unidos y convencidos de lo que quieren. O sea, proponer un rugby que se siente sobre las bases (coraje, tackle, grandeza, actitud) y, a partir de ahí, progresar en el ataque.
En esto último fue en lo que más se falló. Si bien la defensa sudafricano fue feroz (doble tackle y al esternón, siempre), de esos intentos nacieron las fallas y las infracciones que los Boks fueron implacables en anotar puntos. Todos llegaron después de errores argentinos.
Quedan algunas dudas que se irán resolviendo en el futuro. La principal tiene que ver con que Los Pumas tienen el plantel más corto de los cuatro del Rugby Championship y el menos acostumbrado a viajes largas en tan poco tiempo. Es decir, si los cuerpos y las cabezas aguantarán el rigor como no hay otro que ofrece este torneo.
En esto, hay otra buena noticia, pues los que entraron desde el banco lo hicieron muy bien. Síntoma claro de que el grupo está en el mismo camino, convencido, confiado y con las ideas claras de la instancia a la que ha llegado y del momento histórico que protagoniza.
No hay que hablar de derrotas dignas. Los Pumas ya están en la Fórmula 1 del rugby y se prepararon para ello. Sí se debe hablar de aprendizaje y de dejar todo por ello. Por eso, esta experiencia de ayer en Ciudad del Cabo trajo buenas noticias. Es el primer paso, apenas. Queda mucho por recorrer y mucho por ganar. En todo sentido.






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