Editorial
No suelo recurrir a este estilo, tampoco me gusta, pero creo que la situación lo amerita y, si me permiten, haré abuso del privilegio que me otorga ser el responsable único de lo que se escribe en cada post de este blog. Por eso, no abundaré, al menos hoy, sobre todo lo que está ocurriendo en el rugby de Buenos Aires. Porque todo está dicho, todo está expuesto y es hora, quizá, de aportar algo de serenidad.
Sólo sostendré, desde mil rol de periodista que no juega, no dirige ni entrena, lo que vengo diciendo desde el comienzo. Que los jugadores del Pladar deben jugar en sus clubes de la URBA sin modificar el actual régimen, hasta que la UAR, de una buena vez, les encuentre un calendario acorde a la alta competencia internacional para la que se preparan, que no es, precisamente, en este ámbito doméstico. Y que el doble discurso, desde el amateurismo y desde el profesionalismo, se ponga, también de una buena vez, en blanco sobre negro.
Por último, que este período de transición necesario y alentador se lleve adelante con grandeza, pensando en TODOS, y no con el ánimo de egocentrismo, soberbia y revanchismo que se advierte desde algunos sectores.






Todos al Ingoal (25°)
17º
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