62-7
Quizá haya una figura -sin la intención de utilizar un calificativo- que refleje dos realidades del rugby argentino. Mientras en la cancha actuaba el primer seleccionado nacional rentado integrado enteramente por jugadores que están en el país, afuera los integrantes del plantel superior del CASI se turnaban para vender patys, chorizos, lomitos y gaseosas en pos de recaudar fondos con vistas la gira que en febrero próximo realizarán por Australia.
De todos modos, la imagen para el análisis en este viernes nocturno en el Atlético de San Isidro se focalizó en la primera experiencia de los Jaguares, que también vino a ser la puesta en escena del PladAR que la UAR lanzó en febrero pasado. Un debut que concluyó con un rotundo 62-7 ante un rival que apenas opuso entusiasmo. En efecto, Namibia, cuyo plantel arribó al país el miércoles, mostró un nivel tan bajo que impide un detalle riguroso de lo que sucedió a lo largo de los 80 minutos.
Fue todo de los Jaguares, que jugaron permanentemente en campo contrario. De hecho, la única vez que Namibia traspasó la mitad de cancha fue a través de una corrida solitaria tras una intercepción a un pase de Benjamín Urdapilleta y que concluyó en los únicos 7 puntos de los africanos.
Hubo, de todos modos, cuestiones interesantes. La primera es que este equipo argentino demostró que tiene un nivel de preparación atlética superior a la media doméstica. Claramente. Se jugó a alta intensidad de principio a fin y los errores de manejo resultaron escasos, teniendo en cuenta que los Jaguares tuvieron la pelota todo el tiempo.
En ese desarrollo, también hubo actuaciones individuales para destacar. Agustín Creevy, a quien desde comienzo de la temporada se lo viene probando de hooker (en Buenos Aires y en San Luis), se mostró como un buen proyecto para un puesto clave y que necesita recambio para Alberto Vernet Basualdo una vez que Mario Ledesma cuelgue los botines. Creevy ratificó su capacidad en el juego suelto y en la recuperación de pelotas, pero también rindió arrojando en el line. En el fijo, sin embargo, quedó más por ver.
También fue para resaltar la potencia de Tomás Lonardi (gran proyecto de 8 en otro puesto clave), la dinamita de Mauro Comuzzi y Gonzalo Camacho, la calidad de Santiago Fernández y de Lucas González Amorosino y el dinamismo de Agustín Figuerola. Todo dentro de un equipo que no mostró puntos débiles, con la salvedad de la poca resistencia del rival.
El equipo apoyó nueve tries: cinco de los forwards (Leonardo Senatore, Genaro Fessia, Leonardi, Creevy y Guillermo Roán) y cuatro de los backs (dos veces Comuzzi, Camacho y González Amorosino). Y jugaron los 22 citados, aunque se terminó con un enroque raro, con Camacho de ala y Martín Landajo de wing. Los entrenadores mantuvieron a la pareja de medios los 80 minutos.
El próximo viernes, a las 21.10, en La Plata Rugby Club, será la revancha y es probable que Namibia muestre algo más que lo de hoy. Habrá también nuevo plantel de los Jaguares, lo que indica, además, que hay plantel para seguir apostando al futuro.
Ante una escasa cantidad de público (el sábado, en CASI-Olivos, hubo bastante más gente), empezó nomás una nueva era para el rugby argentino. Es apenas el primer paso. Habrá que ver cómo sigue.






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