Lapasset (Día 3)
La noche empezaba su función y el insólito calor de mediados de mayo ahora es una suave brisa típica de verano. Bernard Lapasset, el francés que preside el International Rugby Board (IRB), hacía su última escala de un día que arrancó bien temprano, cuando lo pasaron a buscar a las 9 de la mañana por un elegante hotel de Puerto Madero. El escenario, Virreyes Rugby Club, enclavado en el partido de San Fernando, a cuadras de la Panamericana y el Camino del Buen Ayre. Los reflectores alcanzan para iluminar sólo la cancha 1, recientemente sembrada y con un verde envidiable. Las otras dos, en penumbras, se van poblando de los juveniles que llegan para el entrenamiento de los jueves. Con los infantiles, suman unos 600. Se respira rugby.
Lapasset, al igual que en la recorrida que incluyó a los clubes San Martín, Belgrano, CASI y SIC, luce un rostro que denosta asombro por el escenario con el que se topa. Lo reciben Marcos Julianes y Carlos Ramallo, hombres del CASI y del SIC, que hace seis años iniciaron este proyecto con chicos que no sabían lo que era una ovalada. En la cancha que lleva su nombre, Rodolfo O’Reilly, otro símbolo de Virreyes, lo espera para acompañarlo en el primer vistazo. El francés lo abraza emocionado. Lo recuerda de cuando Michingo era entrenador de Los Pumas: “Hace como 15 años que no te veo”.
Inmediatamente, Lapasset es invitado al primer piso de la construcción que todavía está en ciernes. En la sala armada especialmente para que los chicos estudien mientras no juegan al rugby, al francés lo esperan unas facturas y unas gaseosas que no aceptará “porque vengo de comer en todos lados”.
Se inicia una breve e intensa charla, con Porfirio Carreras, el presidente de la UAR, como principal testigo. Julianes es enfático: “Este es un club pobre, pero así es la mayoría de los clubes de la Argentina. Nosotros queremos manifestarle nuestra preocupación porque no queremos que el profesionalismo termine matando a nuestros clubes. Y observamos que ese peligro existe”. Lapasset coincide al principio: “Nosotros también estamos preocupados y estamos trabajando para que se preserven los valores del rugby. Sabemos de los peligros que puede llevar el profesionalismo en un deporte como el nuestro. Pero quiero decir que la Copa del Mundo fue un ejemplo. Millones de personas han visto a jugadores con sus rostros limpios, jugando con corrección, sin un solo incidente dentro y fuera de las canchas. Eso también está en el rugby profesional”.
O’Reilly le explica que la realidad argentina es distinta a la de otros países. Que aquí existe una cultura muy fuerte de clubes y que el rugby “no es sólo saltar, empujar y correr; así lo entendemos nosotros”. Y sigue: “En la Argentina este es un deporte en el cual todos siempre pusimos sin llevarnos nada. Y Porfirio es un ejemplo de eso”.
El intercambio es breve pero intenso. Lapasset escucha atentamente. Antes, en díalogo con este periodista, sentenció que “Nosotros estamos comprendiendo que la realidad de todos los países no es la misma, y que Argentina tiene que mantener ese espíritu que se notó en el Mundial, donde Los Pumas han sido un ejemplo para todos”.
Carreras asiente en otro díalogo con el mismo interlocutor: “Creo que han entendido que nuestra esencia está en los clubes y que lo que generen Los Pumas también tiene que ser invertido en ellos”.
Ese es el debate que se viene. Qué hacer con los millones de dólares que ahora sí vendran. Cómo y de qué modo se construye la pirámide. Si de arriba para abajo, con resultados inmediatos y futuro incierto, o a la inversa, con un proyecto que llevará mucho tiempo pero que el rugby argentino sabe de qué se trata porque tiene la base. Es una tarea que debe involucrar a todos y no sólo a esta dirigencia. Y en medio de tantos números vale recalcar por ahora que Carreras, que es el presidente de la UAR, sigue hablando de la importancia de los clubes.
En su periplo, Lapasset fue recibido por distintos Pumas. En San Martín, por Jorge Dartiguelongue; en Belgrano, por Alejandro Cubelli; en el CASI, por Alejandro Travaglini y Gonzalo Beccar Varela, y en el SIC, por Diego Cash, Gonzalo Longo y José Cilley.
“Cuando vio nuestro club dijo que era fantástico”, contó Dartiguelongue, Puma del 65. El francés quedó impactado por la sede de Belgrano de Virrey del Pino, donde almorzó con dirigentes de los cuatro clubes fundadores de la UAR. También se maravilló por la edificación del CASI, mientras que en el SIC no sólo hizo escala en el club, sino que fue al Anexo, acompañado además por el ex presidente de la UAR, Emilio Perasso.
A la noche, Lapasset tuvo distracción. Cena a la Argentina y espectáculo de tango.
Mañana, a las 10.30, en el Hotel Panamericano, dará una conferencia de prensa. A la tarde volverá a Europa. Allí transmitirá sus experiencias en un país que vive el rugby de una manera que quizá no entre en las estructuras ni en los conceptos de quienes hoy manejan el negocio de la ovalada. Pero esa es otra historia.






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