Pomi
Carlos Contepomi es un reconocido médico traumatólogo, pero a los efectos de este post es fundamentalmente un hombre de rugby, ambiente donde todos lo identifican como Pomi. Fue jugador, entrenador y dirigente. En Biei y en Los Pumas, siendo el manager, por ejemplo, en aquella inolvidable gira que casi termina en una victoria en 1976 ante el poderoso Gales, en el mismísimo Arms Park, hoy convertido en el fastuoso Millennium. Su familia, entre su mujer, sus hijos, los maridos de sus hijas y los Villegas (a los que adoptó poco después de la muerte del Veco y de su esposa) es una recorrida por varios clubes de la ovalada. La casa de los Contepomi bien podría ser una Unión de rugby.
Pomi es el padre de los mellizos Manuel y Felipe, nacidos el 20 de agosto de 1977. Los chicos que empezaron en Newman y que en dúo armaron una historia de esas que bien podrían ser un libro. No sólo porque juntos han jugado nada menos que tres Mundiales, sino porque después de una trayectoria que los vio múltiples campeones en divisiones juveniles con su club y también con los Pumitas, sus vidas deportivas han transitado por caminos peculiares.
Allá por 1999, y quizá antes, todos hablaban de Manuel. Ya se había ganado la titularidad, incluso, como fullback de Los Pumas. Felipe, apertura, parecía estar un escalón más abajo -siempre de acuerdo a esa cátedra– y fue al Mundial como suplente.
Pero ese Mundial de Gales marcó precisamente el quiebre. Manuel empezó a sufrir con las lesiones y Felipe mostró su pasta de crack cuando ingresó en el momento más caliente del test con Irlanda. Flashback: aquel try de Diego Albanese arrancó con un pase de fantasía del chico al que Alex Wyllie había mandado a la cancha unos minutos antes.
A partir de ahí, a Manuel se le hizo muy difícil el camino por una serie de lesiones mal curadas y una acumulación infernal de partidos. Felipe se marchó junto a Agustín Pichot al Bristol inglés y desde ese momento fue inamovible como titular en Los Pumas.
Si Felipe fue una ratificación a su categoría de crack, Manuel resultó un canto al amor propio: superando un montón de adversidades (incluso críticas injustas), llegó con lo justo a los Mundiales de Australia y de Francia.
Los dos, cada uno a su manera, brillaron en el equipo que alcanzó el tercer puesto. Felipe quedó segundo en la tabla de goleadores y fue uno de los tres mejores del torneo. Manuel rindió como un gladiador en el centro de la cancha, al lado de su hermano, y la frutilla del postre fue ese pase de fantasía -flashback: como Felipe ante Irlanda en el 99- que culminó en ese extraordinario try de Federico Martin Aramburú en el último test con los franceses, en el Parque de los Príncipes.
Hoy, Felipe es uno de los mejores rugbiers del mundo. Y Manuel integra el selecto grupo -junto a Mario Ledesma, Ignacio Fernández Lobbe y Pichot- de haber sido titular en tres partidos inaugurales.
Hoy, mientras Felipe se consagra campeón con el Leinster irlandés en la Liga Celta, suma 1.000 puntos con esa camiseta y se perfila como nuevo capitán de Los Pumas, Manuel decidió decirle adiós al seleccionado.
Manuel regresó a la Argentina y a Newman. Aquí espera debutar como padre.
Felipe está afincado en Dublin, donde vive con su mujer y su hija Catalina, de 2 años. En Irlanda, además, se recibió de médico y cumple con la residencia por la mañana, antes de entrenarse. Quiere especializarse en traumatología. Como Pomi.






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