Panzeri
No tuve la fortuna de conocerlo porque murió unos meses antes de que yo comenzara a transitar por el periodismo. Pero me nutrí leyéndolo, sobre todo a través de dos libros indispensables: Fútbol, dinámica de lo impensado, y Burguesía y gangsterismo en el deporte. Mi admiración hacia él también se fue forjando a través de historias que escuché, de esos vagos recuerdos que tengo viéndolo por televisión u oyéndolo por radio y del repaso a las épocas en las que dirigió la revista El Gráfico, cuando a la tapa iba aquel que se lo merecía deportivamente y no sólo aquel que “vendía”, osadía que le costó el puesto.

imagen: www.despeinados.com
Dante Panzeri, de cuya muerte hoy se cumplen 30 años, fue un símbolo del periodismo deportivo. O, para decirlo mejor, del periodismo. Claro, rotundo, defensor de la esencia del juego, honesto, audaz, defensor del lenguaje y de las buenas costumbres, implacable con los corruptos y frívolos. Todo eso y mucho más era esa persona a quien se la distinguía bastante más que por su calvicie y sus anteojos de grueso marco.
“Sin juego limpio no hay deporte posible”, sentenciaba, al mismo tiempo que era capaz de criticarse a si mismo, diciendo que su libro Futbol…, “no sirve para nada”.
En Burguesía…, escribió: “A mí el deporte me lo dio todo en la vida. Y como no puedo darle otra manera de gratitud que defenderlo, esta es mi defensa a él y a quienes pasando por él me enseñaron lo que es conducta, dignidad y alegría. Que de las tres cosas me dieron mucho. Yo solamente puedo darle protesta para defenderlo de quienes lo destruyen. Con lo que creo que construyo”.
Panzeri sería muy necesario en estas épocas donde el lenguaje está tan bastardeado, donde los periodistas ocupan lugares que no les corresponden, donde lo instántaneo le gana al análisis, donde las cámaras y los micrófonos parecen ser lo más importante, donde los intereses privan sobre las noticias, donde reina la desinformación. Epocas de mediáticos -payasos y de los otros-, de parlanchines sabelotodo, de chiveros, de histéricos por oscuros observatorios que callan donde trabajan.
Lo bueno es saber que Panzeri no estuvo solo, aunque su estilo hoy pueda parecer una rareza. Muchos siguieron su línea y muchos otros la continúan. De este tiempo, Ezequiel Fernández Moores y Ariel Scher, por citar apenas a dos. Precisamente, Ariel escribió el jueves en Clarín, con la agudeza y claridad que lo caracteriza, una semblanza.
Treinta años sin Panzeri. Cada vez se lo extraña más.






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