Panorama
Si bien buena parte del conflicto dirigencial se zanjó consensuando una lista única que llevará a Porfidio Carreras a la presidencia de la Unión Argentina de Rugby (UAR), no hay que perder de vista lo que pueda suceder en la asamblea pactada para el lunes 11 de este mes. Si bien ese día no existirán definiciones absolutas en cuanto a una posible modificación de los estatutos, varias Uniones del Interior -las que hasta último momento estuvieron a punto de ir a una elección- esperan que la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) concurra a esa reunión con una firme intención al respecto para ahí sí conformar una comisión mixta que se aboque a ese aspecto, uno de los tantos que están aún en el centro del debate.
Antes, éste miércoles, la URBA celebrará una asamblea con todos sus clubes. De allí saldría la propuesta que llevará la entidad al cónclave del 11. Y también de lo que suceda en la sede de la calle Pacheco de Melo habrá que estar atento para empezar a ensayar un panorama de lo que pueda ocurrir en el futuro.
Se sabe: no hay un acuerdo absoluto en la dirigencia en cómo andar el camino del rugby argentino. Sí existieron acercamientos en los últimos días que permitieron evitar una elección, pero no todo está saldado. Lo dijo reiteradamente el mismo Carreras: “Hay más coincidencias que diferencias”. Pero estas últimas perduran. No son pocas las Uniones del Interior que esperan un gesto reformista de Buenos Aires, que se comprometió a ello en pos de que no se concrete una fractura.
Existe coincidencia en la creación de un ámbito profesional dentro de la UAR, pero buena parte del Interior reclama tener más participación y que no todas las decisiones pasen por la órbita de Buenos Aires.
A decir verdad, todavía existen desconfianzas, producto, claro, de las peleas de los últimos meses. Algunos representantes del Interior esperan que la URBA cumpla con los términos del acuerdo y algunos en la URBA aguardan que detrás de la línea de acción de esas Uniones no estén actuando los dirigentes que deberían marcharse el 21 de este mes. En declaraciones al diario La Nación, el sábado, el todavía secretario, Raúl Sanz -eje de casi todas las polémicas-, manifestó que “a partir de ahora, Alejandro (por el presidente Risler) y yo nos iremos a trabajar a nuestros respectivos clubes”.
De la elaboración de un nuevo estatuto dependerá en buena parte la relación con el International Rugby Board (IRB), que desde hace un tiempo no atraviesa por un buen momento. Suponer que ese vínculo se reestablecerá sólo por un cambio de nombres es tener una mirada corta o intencionada. Los popes del rugby pretenden que la Argentina muestre signos concretos de que quiere adaptarse al negocio que hoy impera en la ovalada. Y sólo se destrabarán los fondos que legítimamente le pertenecen a la UAR si el profesionalismo se extiende a las estructuras y, también, a la dirigencia.
Tampoco habrá que soñar con que si se alcanzan acuerdos, estos alcancen para abrirles las puertas de la competencia internacional a Los Pumas. Ese es un tema muchísimo más complejo. Está bien claro que ni en el Norte ni en el Sur quieren al seleccionado argentino en sus torneos más tradicionales. Y el IRB -al que el tercer puesto en el Mundial le significó un durísimo dolor de cabeza- hasta ahora sólo se ha ido en declaraciones y no da niguna señal de intentar transitar el camino de los hechos. Agustín Pichot se lo dijo con claridad en el programa de radio que se armó para debatir sobre el futuro del rugby argentino. Es más: les explicó que muchas de las recetas que obliga el IRB son imposibles de concretar en este país.
Habrá que armarse de mucha paciencia en este ítem. Pero también habrá que trabajar bastante. Con seriedad, insistencia e inteligencia.
¿Quién negociará con el IRB? Eso hoy también es una incógnita. La actual dirigencia designó a Hugo Porta, pero Carreras ya advirtió que su nombramiento lo estudiará la nueva comisión directiva. También habrá que estar atento a ese tema. Puede provocar un pronto conflicto.
Está claro que mucho hay que hacer mirando afuera, pero el rugby argentino debe mirarse más adentro. Decidir cómo se amplía la pirámide, cómo se ayuda a los clubes -que forman la esencia del rugby de estas tierras y a los que hay que cuidar más que a nada-, cómo se mejoran las competencias internas, cómo se mejora el juego, cómo se sigue el tema de los viaticados y cómo se instrumenta el gerenciamiento, en el que está vinculada la relación con la empresa SportFive, que hoy transita por los despachos de los tribunales.
Y Los Pumas, por supuesto, que todavía ni siquiera tienen entrenador y que tampoco se sabe dónde van a jugar los test de junio ante Escocia. Ojalá los dirigentes tomen como ejemplo al plantel que logró la hazaña de alcanzar el tercer puesto en el Mundial. Si siguen esa línea de acción, algo es seguro: el camino será más fácil.






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