Campeones

Ultimo post de la cobertura del Mundial.
Por Karol
Si había alguna manera de darle más brillo al bronce de Los Pumas, como si eso hiciera falta, Sudáfrica es campeón. Indiscutible campeón. Sólido campeón. Contundente campeón. Brillante (de a ratos) campeón. De punta a punta campeón. Siete triunfos. Máximo anotador, Percy Montgomery. Tryman del torneo y, posiblemente, mejor jugador del año, Bryan Habana. Paliza a Inglaterra en la fase inicial. Lección de defensa, line-out y precisión en patadas en la final ante el mismo rival. La Webb Ellis, merecidamente, vuelve a ese país que dice la última línea de la chapa recién labrada en un camarín del Stade de France.
No fue una final con rugby champange, ni malbec, ni de ninguna bebida espirituosa semejante made in Inglaterra o made in Sudáfrica. ¿Alguien lo esperaba? Salió lo que se suponía. No hubo tries sino un juego de presiones y nervios que ganó Sudáfrica. Marcó primero y, tras el empate transitorio de un Wilkinson que se merecía el título y tras la salida del genial Jason Robinson, sacó una luz de ventaja con otros dos penales de Montgomery. Y, en el segundo tiempo, luego del descuento de Wilko y de pasar el chubasco del try inglés que no se convalidó tras consultar el video ref, el equipo de White consolidó un triunfo que nunca pareció seriamente en riesgo con otra patada del 15 y una de Steyn.
Puestos a hilar fino, entonces, a los miles de hinchas que se emocionaron con estos Pumas les queda la satisfacción de haber perdido un solo partido y contra el mejor equipo del mundo. Y la sensación de que el bronce, al menos, podría haber sido plata, tranquilamente. De hecho, en la comparación estadística, el tercero perdió un partido menos que el segundo y también lo supera en varios rubros numéricos. Consuelos de resultadistas, al cabo. Porque el Mundial de Argentina tiene un valor que va más allá de esos registros. No se puede medir con números como bien lo contó Jorge Búsico en este blog.
Inmenso Sudáfrica. No menos inmensos Pumas. Hasta el próximo Mundial. O, mejor, hasta el próximo post.
Por Mario Porta
Y terminó el Mundial de rugby Francia 2007. Y no fue del anfitrión. Y el que parecía que se iría en primera ronda del “Grupo de la muerte”, no se fue. De hecho, se clasificó primero y se quedó en París. El dueño de casa, que tenía preparada una gran fiesta, tuvo que ir a tenerla a Gales. El que sería el campeón seguro, se volvió a Nueva Zelanda, vía Cardiff, por cortesía del expatriado de marras, que así se ganó su vuelta al hogar, pero sólo para nuevamente invitar a un conocido grupo de Amigos a una nueva reunión en la capital, en otro escenario, pero que nuevamente demostro como bailar el tango con la orquesta entera en contra. El último campeón, que parecía tener destino de retiro anticipado, llegó a la final, de la mano de la sabiduría de sus “viejitos”. Los de verde oscuro de Africa, que sufrieron algunos sustos en la etapa clasificatoria con unos de rojo y otros de blanco, que parecían de negro por como jugaban de a ratos, también llegaron al partido definitorio, pero sin mostrar grandes atributos ni habilidades descollantes, sino simplemente siendo efectivos y generando puntos de los errores del contrario, sumando tremendas puntería a los palos y fortaleza física para el roce.
Una final jugada con mucha precaución. Con una Inglaterra haciendo el gasto y una Sudáfrica agazapada, esperando los errores del rival y facturando a partir de ellos. Sin figuras demasiado destacadas, con excepción del fullback Percy Montgomery, que estuvo nuevamente súper certero a los palos. Un partido deslucido, sin tries. En el que el ahora campeón obtuvo el titulo por su mayor eficacia en el momento de anotar y capacidad para generar las oportunidades a partir de las debilidades del contrario.
Este fue el Mundial de las sorpresas. Del “imposible es nada”. En el que los cuartos de final brindaron partidos electrizantes y pateando el tablero de la lógica en el resultado, en que el partido por el tercer y cuarto lugar del viernes tuvo la calidad y la emoción necesarias para haber sido mas final que la mismísima del sábado. Capítulo en el que nuestros Pumas nos regalaron, con cinco cambios en su formación titular inicial y terminando el partido con varios jugadores amateurs en campo, lo que, a mi juicio, fue el mejor partido de la selección argentina en la historia de los mundiales, demostrando cómo el rugby les enseñó a sobreponerse a la adversidad y utilizarla como combustible para arrancar de nuevo.
También fue el Mundial que dejó mensajes de formación sumamente positivos a los chicos que están aprendiendo y creciendo como personas en este deporte, como por ejemplo, la tarjeta amarilla que recibe el capitán de Francia, luego de pisar arteramente a un argentino bajo la excusa de “estaba en offside”, dejando en ese acto de rabia instantánea a su equipo con uno menos y sin posibilidades de anotar luego de varios minutos de acoso al ingoal argentino, en tiempo de descuento y con un penal a favor de su equipo que, por su inconducta, termina dado vuelta y concedido a los argentinos.
El ganador del título oficial fue Sudáfrica, sí. Pero del que más se va a hablar cuando la historia revise este campeonato será de ese equipo Sudamericano, con un yaguareté en el corazón, cuya forma de cantar el himno de su país alcanzará de ahora en más, en las consideraciones marketineras, al Haka de los All Blacks, que vino como punto y se fue, no lo duden, como banca, abriendo las puertas del concierto internacional para decir: el resto del mundo rugbístico también existe, vino para quedarse y merece un lugar.






Cartelera
Cartelera
Cartelera