Londres

Suenan Oasis y los Beatles en el Stade de France mientras las pantallas gigantes muestran a Sebastien Chabal llorando desconsoladamente. Los jugadores ingleses dan la vuelta olímpica y sus 10 mil hinchas festejan también al borde de las lágrimas. Hay otros 30 mil que se quedaron sin entradas y hacen lo mismo por las calles. París en esta noche de sábado parece Londres. Los ingleses, los campeones del mundo, los inventores del rugby, han dejado afuera de la final al local, al que tenía todo armado. Ellos serán los que el sábado irán por un nuevo título. ¿El rival? Los Pumas o los Springboks. Se sabrá mañana, en idéntico horario y escenario.
Otra vez Jonny Wilkinson, como en la semifinal del 2003. No metió tres drops como aquella vez, pero sí acertó de modo magistral el decisivo, el que faltando dos minutos selló la chapa en 14-9, inalcanzable ya para una Francia desequilibrada en lo técnico y en lo anímico. Genial Wilko. Antes había tirado dos drops, ambos de zurda. Uno, en el primer tiempo, se fue cerquita del segundo palo. El otro, poco antes del tercero, dio en el poste. Y el que tenía que entrar, entró. Así son los grandes.
A Francia, a esta Francia que tenía como símbolo a Chabal cuando supo gozar de jugadores como Jean Pierre Rives o Serge Blanco, por nombrar sólo a dos, la volvió a superar la presión, como en el partido inaugural con Los Pumas. Evidentemente, el equipo de Bernard Laporte no supo cómo manejar la ansiedad enorme que existía acá por ganar el Mundial. Había, sin exagerar, todo un país detrás de les bleus. Empujando con ellos, como rezan las gigantografías que aún adornan la ciudad luz. Pero no alcanzó.
Inglaterra ganó un partido durísimo, bien táctico, bien para analizar en video, al comienzo y al final. Al minuto y 22 segundos, Andy Gomarsall buscó el cajón y Damien Traille se durmió esperando que la pelota le llegara. El wing Josh Lewsey lo madrugó y abrió la cuenta.
Y faltando cinco minutos, cuando Francia ganaba 9-8, el extraordinario Jason Robinson -la figura de la cancha, uno de los distintos que tiene el rugby y que ya se retira- encaró por el medio y Dimitri Szarzewski lo agarró del cuello frente a los palos. Un regalo para Wilko.
Ya Francia había empezado a fallar más de la cuenta. Y los ingleses, como ante los Wallabies, no perdonaron. Sus forwards veteranos de mil batallas, ya con Lawrence Dallaglio en la cancha, fueron como leones a buscar la victoria. De una jugada de varias fases, todo se preparó para el estiletazo de Wilkinson, quien una vez más, enorme, hizo pasar la ovalada por el medio de la hache desde un poco más adelante de la mitad de cancha.
París se había preparado para una fiesta larga. La ciudad estaba colmada de pantallas gigantes para seguir en directo el partido. Dicen que sólo en la ubicada en la enorme plaza del Hotel de Ville (la majestuosa municipalidad parisina, a pasos de Notre Dame y del Sena) hubo 20 mil personas. Pero el esquema de Brian Ashton, los gladiadores de los forwards, el genio de Robinson y el instinto asesino de Wilko arruinaron todo.
Todo puede ser en este Mundial. Así quedó demostrado nuevamente hoy. Quién sabe mañana. Todos debemos estar soñando con los mismo. Acá, donde París al menos por unas horas es Londres, y allá lejos, donde los corazones también ya empiezan a palpitar. Soñemos, entonces.






Todos al Ingoal (25°)
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