Cuatro

Que cuatro cracks como Agustín Pichot, Felipe Contepomi, Ignacio Corleto y Juan Martín Hernández no se hayan entrenado al igual que sus compañeros a sólo tres días de la semifinal ante los Springboks puede ser motivo de gran preocupación. Pero no se advierten señales rojas en el campamento de Los Pumas. Se estima que los cuatro llegarán el domingo a la batalla en el Stade de France de París.
Quizá lo más preocupante sea el cuadro gripal que todavía lo afecta a Felipe. Porque sólo participó de una práctica en dos semanas y porque salió extenuado del partido del domingo ante Escocia. Pero está medicado, guardado en su habitación del Grand Barriere y porque, fundamentalemente, como dijo su hermano mellizo Manuel antes de los cuartos de final, “tienen que matarlo para que se pierda un partido de estos”.
Hernández (golpe en la tibia izquierda) y Corleto (golpe en la rodilla derecha) hoy sí se movieron, pero sólo al trote alrededor de la cancha del Parque de los Deportes de Montmorency. Así arrancó también Pichot, pero a las dos vueltas decidió meterse en el vestuario para que lo atienda el fisioterapeuta del plantel, Maximiliano Marticorena. El capitán tiene un dolor en la espalda producto de sus viejos problemas con los isquiotibiales. También se calcula que estarán el domingo cuando a las 21 de acá, las 16 de la Argentina, se produzca el kick-off.
De todos modos, las incógnitas se develarán mañana al mediodía, cuando Marcelo Loffreda diga quiénes serán los 15 titulares y los 7 suplentes para salir a buscar nada menos que la final del Mundial. Casi en simultaneo hará lo mismo su amigo Jack White, entrenador de los Boks.
No hay ninguna pista sobre cómo armará el equipo Loffreda. Si repite a los mismos 15 que contra Irlanda y Escocia o si se decide por algún cambio, que si se da, tendrá que ver con el esquema táctico a llevar y no por cuestiones de rendimiento.
Sí está claro cómo puede presentarse el partido. Cerradísimo. Bien táctico. Porque esa es la fórmula, además, que está teniendo éxito en este Mundial. Tacklear sin descanso, ahogar con la presión, ser implacables en el apoyo interno, poner la pelota al fondo para ir a buscar el error, atacar sin la pelota. Y, por supuesto, máxima concentración y disciplina. En este último rubro, ambos están muy parejos y son los que menos penales cometieron en el torneo: 35 Los Pumas y 36 los Springboks. Claro que los argentinos no recibieron ninguna tarjeta y sus rivales del domingo ya vieron dos amarillas y se salvaron de una roja que merecía el tremendo Schalke Burger por un tackle asesino a un samoano. Después lo castigaron -a la manera del IRB- con dos fechas de suspensión.
El sabio de Les Cusworth, entrevistado hoy por el diario inglés The Guardian, advirtió que a los Springboks se los ha vulnerado más de la cuenta en este Mundial. Recibieron 9 tries (Los Pumas, sólo 3): Tonga y Fiji les hicieron 3, Estados Unidos 2 y Samoa 1. Sólo mantuvieron el ingoal en cero contra los ingleses, en lo que fue su mejor producción hasta ahora. Aquella noche, también en el Stade de France, lo trituraron al actual campeón.
¿Qué se infiere de lo que dijo Cusworth, quien brinda un invalorable apoyo en el análisis del juego a Los Pumas? Que cuando se dé la chance, a los Boks hay que atacarlos con la pelota viva. Darle vuelo y desordenar a una defensa que ante esas situaciones ofrece más huecos de lo esperado. Lo demostró el sábado Fiji, que llegó al empate y estuvo cerca de pasar al frente. En 15 minutos los volvieron locos moviéndolos de un lado al otro y les marcaron dos tries con un jugador menos.
Eso hicieron Los Pumas en el 2003, en Porth Elizabeth. Los atacaron con y sin la pelota. Felipe fue clave ese día. Y Hernández, como fullback, los quebró cada vez que se lanzó. Nunca la selección argentina estuvo tan cerca de ganarle a los Springboks. Pero también habrá que recordar el triunfo, con la camiseta de Sudamérica XV, en 1982, en Bloemfontein. Cuando un despechado ex entrenador de los Boks le dio la receta a Rodolfo Michingo O’Reilly entre un test y otro: jugar sólo las pelotas buenas.
Antes que eso, Los Pumas deberán intentar que los Springboks desarrollen lo que más les gusta: su rugby de enorme contacto físico. Lo llevan en el alma. Gozan más con un topetazo que con un cambio de pase. Es el arma que los ha distinguido históricamente. La que aún hoy los hace sentirse superiores al resto. Lo viven como ha vivivo Sudáfrica toda su existencia. Como una cuestión de raza.
Si Los Pumas logran detenerlos y maniatarlos en esa primera batalla, entonces sí se puede buscar el desequilibrio por afuera. También habrá que utilizar la bomba, donde el fullback Percy Montgomery -uno de los desequilibrantes de este equipo- no se siente muy a gusto. Y no darles ni un milímetro a las dos saetas negras que tienen en las puntas: Bryan Habana y Jon-Paul Roger Pietersen.
El drop también puede ser un arma clave en el partido del domingo. Hernández ya metió cuatro. El apertura tirado al centro Francois Steyn todavía ninguno, pero es un especialista.
Aquí, en tanto, ya se vive con un enorme fervor la otra semifinal, la que se jugará el sábado en idéntico escenario y horario. Francia repite a los titulares y suplentes que estuvieron en la todavía festejada victoria de Cardiff ante los All Blacks. Inglaterra sigue apostando por sus viejitos (Mike Catt se convertirá en el primer inglés en jugar tres semifinales) y, por sobre todas las cosas, al gigante Jonny Wilkinson.
A propósito de Wilko. Coincido con varias opiniones que se dejaron en este blog. Si está ciento por ciento, es el mejor del mundo. Hace todo bien. Tacklea con fiereza, lanza la línea como nadie y ni hablar de su pie. O de los dos. No está entre los cinco mejores del año porque jugó muy poco.
Rescato una anécdota del 10 inglés. Cuando terminaron los 80 minutos de la final del 2003, Clive Woodward reunió a todos sus jugadores para darle las indicaciones con vistas a los 20 que quedaban. El único que no participó fue Wilkinson. Se quedó probando drops. Resultado a la vista. Otra. Sorprendió verlo errar tanto en los cuartos ante los Wallabies. Los ingleses se quejaron porque dijeron que la presión de las pelotas no eran las exactas. Bien, Wilko probará hoy las seis que se utilizarán el sábado.
Volvamos a Los Pumas. Hoy se almorzó con un gran asado en los jardines del Grand Barriere de Enghien les Bains. Ideal para continuar con el más que necesario plan de distracción. Como en Lyon, el típico olorcito hizo añorar aún más a los pagos que hace ya tanto tiempo que dejamos. Mañana el único entrenamiento será a las 18, durante el reconocimiento al Stade de France. Los Pumas, como ante Francia e Escocia, ganaron el sorteo: mantendrán la camiseta original, repetirán el mismo turno del reconocimiento y volverán a cambiarse en el vestuario B.
Falta menos. Quedan sólo cuatro de los 20 que empezaron. Se está viniendo encima un fin de semana sensacional. Y un domingo de aquellos. A preparar los corazones.






Todos al Ingoal (25°)
17º
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