Juntos

Otro día plomizo y húmedo en París. Otro día de descanso para Los Pumas. Pero, también, es día de mudanza. No se le pudo torcer el brazo al todopoderoso International Rugby Board (IRB) y a la noche hubo despedida del Grand Barriere de Enghein les Bains para marcharse hacia el Marriott Courtyard Neuilly, en el centro de la capital francesa. Allí se armará la viglia para el test del domingo ante Escocia, en busca de las ansiadas e increíbles semifinales.
Entonces, la tarde tiempo para reunirse de nuevo. Aunque, dispersos por el centro de París, Los Pumas siempre están juntos. Esa es una de las tantas claves de este equipo. Hay una unidad absoluta. Y juntos van por más.
Hoy será hora de retornar a los entrenamientos. Los 30 jugadores están en condiciones de practicar sin problemas, incluso Juan Leguizamón, quien no realiza actividad alguna desde el miércoles pasado por un golpe en su cabeza que, además, lo dejó afuera del pàrtido con Irlanda.
No habrá exigencias físicas mayores. Marcelo Loffreda anunció hoy que estos días se utilizarán más que nada para trabajar el aspecto mental y para estudiar cómo enfrentar a Escocia, al que no se lo debe ver como un rival accesible, por más que Los Pumas estén hoy por hoy un escalón arriba.
Ocurre que es fundamental quitarse de encima todo lo que significó el partido del domingo. Recuperarse del stress que provocó la prolongada espera del choque que más esperaban los jugadores, de la tensión que se vivió dentro de la cancha y del desahogo posterior al triunfo. Daniel Baetti lo ratificó: “El partido en el que más estuve nervioso fue contra Irlanda”.
El equipo tiene el ánimo bien alto, pero sigue consciente de que esto recién empieza, como les dijo Agustín Pichot a todos ni bien concluyó la batalla en el Parque de los Príncipes. Es partido a partido y Los Pumas llegaron al Mundial para alcanzar, al menos, las semifinales. El objetivo del capìtán es la final, el 20 de octubre en el Stade de France.
Los Pumas también son conscientes de todo lo que está generando en la Argentina, pero también tratan de mantenerse al margen de la euforia generalizada. De todos modos, están sorprendidos, sobre todo por el cambio de horario del superclásico entre River y Boca. Loffreda abrió los ojos sin poder creerlo cuando Raúl Taquini, en una entrevista para ESPN, se lo anunció. “Es fabuloso. Le hace muy bien al deporte argentino que no se piense sólo en el fútbol”, señaló el Tano.
Los Pumas también siguen generando elogios del mundo del rugby. Además de las clasificaciones que se les otorga a los jugadores y que en este blog figuran en un comentario del amigo Toluba, en L’Equipe de hoy hay un concepto que realza lo hecho hasta aquí por los argentinos. En un reportaje, David Kirk, capitán de los All Blacks campeones del mundo en 1987, señala que el equipo que más lo sorprendió fue el argentino, y lo pone en el mismo plano que los de negro. Pavada de halago.
Pero por sobre lo que leí me quedo con lo que escribió hoy Pichot en su columna en Clarín. Resalta la esencia del rugby argentino. Los Pumas no se olvidan jamás de eso. Juntos. Por eso están donde están. Por eso contagian de esa manera tan pocas veces vista en la Argentina.
Mañana será tiempo de empezar a poner el objetivo en Escocia. “Habrá que reducir la cantidad de penales. Volver a 5 como máximo, como al comienzo”, opinó Loffreda. Es un rival duro, que está muy bien de la cabeza, como lo demostró en el tremendo -y malo- choque con Italia, cuando avanzó a los cuartos con los penales de Chris Paterson. Los del Cardo son fuertes en el line, tienen un pack sólido, pero cometen algunas desatenciones en la defensa y no poseen muchas luces cuando abren la pelota.
Sigue el sueño. Empieza ahora la cuenta regresiva hacia Escocia. Hacia el domingo a las 21 de acá, las 16 de allá, cuando la Argentina se vuelva a paralizar por este equipo.






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