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Diez cuarenta y cinco de la mañana. El viento congela el cuerpo en el Palacio de los Deportes de Montmorency, a unos 10 minutos de Enghien les Bains. Como siempre, llega la orden a los periodistas de abandonar el lugar. Sin embargo, inmediatamente se cambia la idea. Sólo se pide que se vayan las cámaras y que los fotográfos guarden sus lentes. Entonces, Marcelo Loffreda y Daniel Baetti plantan de entrada a un equipo: Ignacio Corleto; Lucas Borges, Manuel y Felipe Contepomi, Horacio Agulla; Juan Hernández, Agustín Pichot; Juan Fernández Lobbe, Gonzalo Longo, Lucas Ostiglia; Patricio Albacete, Ignacio Fernández Lobbe; Martín Scelzo, Mario Ledesma, Rodrigo Roncero.
Ese sería el equipo que el domingo saldría a enfrentar a Irlanda, en el Parque de los Príncipes de París. Hay dos dudas. Juan Leguizamón no participó de la practica -los otros 29 lo hicieron sin problemas- por un golpe en la cabeza. Al volver Longo como ocho, podría ir como ala y en ese caso quedaría afuera Ostiglia. La otra es, por lo visto después en el entrenamiento, si el segundo centro será Manuel o Gonzalo Tiesi.
Por lo pronto, el equipo que hoy arrancó la práctica rugbística es el mismo que empezó contra Francia, salvo Longo. Mañana Loffreda develará todas las incógnitas cuando al mediodía confirme a los 22 en una conferencia de prensa posterior al entrenamiento.
La práctica se dividió en tres partes. Primero, físico, con los forwards y backs separados. Después, los 29 participaron del entrenamiento rugbístico y, por último, los tres cuartos ensayaron jugadas de ataque y los delanteros formaron scrum.
Los Pumas, fieles a su historia, buscarán sacar rédito del fijo. Es quizá el punto más débil de Irlanda, más allá de cómo esté ahora mentalmente. Francia lo empezó a desgastar por ese lado.
Ignacio Fernández Lobbe, uno de los cinco sobrevivientes de los dos partidos con Irlanda en los Mundiales del 99 y 2003 junto a Longo, Pichot, Felipe y Corleto, cambió hoy durante la rueda de prensa el enfoque de lo que venían declarando sus compañeros. Para él sí es el más importante el partido del domingo, pero aclaró: “Lo que más quería era ganarle a Francia, en su casa y en el partido inaugural”.
El ánimo sigue bien alto en cada palabra, en cada gesto. Este plantel desborda confianza, pero conociendo sus límites. Tiene claro, y vale reiterarlo todos los días, que a Irlanda hay que salir a ganarle. No darle respiro desde la primera pelota. Ahogarlo en los primeros 20 minutos para que entre en estado de desesperación. Manejar los tiempos.
La tarde estuvo reservada para el descanso. La noche, para la tradicional cena a 48 horas de cada partido. En el mismo restaurante en el que comieron antes de ganarle a Francia. Sobre la imponente Champs Elysees, en pleno centro parisino, a dos cuadras del Arco del Triunfo. Mañana, entrenamiento matutino y después la conferencia de prensa de Loffreda y Pichot anunciando el equipo.
El sábado, reconocimiento y práctica en el Parque de los Príncipes. Y el domingo, a las 17 de aquí, a las 12 de allá, unos 15 mil argentinos en el estadio y ciento de miles frente a los televisores. “Vamos Pumas”, se escucha de todos lados.






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