Roma, la mítica
Ahí están Los Pumas, con el Coliseo de fondo, posando en el símbolo de una de las ciudades más emblemáticas del mundo.

Porque Roma es historia pura. Lo siente uno al caminar cada una de sus calles, cada uno de sus lugares. Siente eso: que está pisando la historia misma.
Quiero aprovechar que la selección argentina está en Roma para jugar el sábado contra Italia para contar, como lo hice con Londres, algunas de las experiencias que me tocó vivir como enviado especial. Porque, además, para mí Roma tiene un trasfondo bastante particular, pues fue la primera ciudad europea que conocí.
Llegué en mayo de 1989 para cubrir los Abiertos de tenis femenino y masculino, que se jugaban una semana tras otra. La verdad es que el trabajo fue intenso, porque primero ganó Gabriela Sabatini y al domingo siguiente se consagró Alberto Mancini. Pero pude hacerme un tiempo para recorrerla.
Roma es fascinante. No sólo por el Coliseo, su emblema, sino por su mística, por su clima, por su tráfico enloquecido, por las miles y miles de motitos, por los autos suntuosos, por sus monumentos, por sus callecitas empedradas, por la elegancia, por la moda.
Impacta el Coliseo, claro. También el Foro romano. Enamora la Fontana di Trevi, donde se amontonan flashes y monedas tiradas al agua sin mirar. Impresiona el Vaticano y todo su lujo. Se huele el perfume en la Vía Veneto.
Pero a mí hay dos lugares que me fascinaron: la Piazza Navona y la Piazza España, con su increíble Escalinata de la Trinidad. Tomarse un té o un café allí vale todo un viaje. Como este, recordando experiencias de un enviado especial.






Todos al Ingoal (27°)
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