La Catedral
La profesión de periodista me ha otorgado, entre tantas cosas, la oportunidad de conocer lugares fascinantes. Uno de ellos es Twickenham, el estadio donde Los Pumas intentarán vencer a Inglaterra por primera vez en su casa. Mi debut con la Catedral del rugby fue en el Mundial de 1999, en oportunidad del test de los locales contra los All Blacks. Sin embargo, la vez que más lo disfruté fue en el 2000, cuando Los Pumas viajaron a Londres.

En aquella ocasión, una semana antes del partido que tenían que jugar los argentinos, me di el gusto de vivir junto a los hinchas toda la previa del test con Australia. Yo paraba en Richmond, uno de los barrios más paquetes de Londres, y que es la estación de tren más cercana a Twickenham. Entonces, comprobé lo que es la fiesta del rugby para los que inventaron este deporte. Ya desde la mañana todos llevaban varias cervezas encima, riéndose a carcajadas y colmando los micros que iban hacia el estadio, flameando sus banderas y casi absolutamente todos con la camiseta que lleva la rosa en el corazón.
Estar en Twickenham es sentir al rugby. Es difícil de explicarlo, pero el escenario, la gente, el ambiente, lo hacen sentir a uno que está en el lugar más importante que tiene el rugby.
El Museo es una preciosura donde se repasa todo lo que ha ocurrido con la historia del deporte. Al lado está el shop, abarrotado cada vez que juega el seleccionado. Prohibitivo para nosotros, teniendo en cuenta que una libra esterlina es igual a 6 pesos.
Al de Twickenham le dicen el césped sagrado, porque sólo se pisa cuando juega la selección. Y Clive Woodward, el ex entrenador del campeón del mundo del 2003, instaló una cámara área a la que llaman El ojo de Dios. Sólo el entrenador la puede utilizar. Enfrente está la fastuosa y antigua casa de la Federación de Rugby Inglesa.
Twickenham fue construido en 1907 con una capacidad para 20 mil espectadores, y el primer test internacional se jugó en 1910, entre Inglaterra y Gales. Después de varias ampliaciones, el estadio llegó a albergar a 75 mil personas sentadas, pero la última remodelación estiró la cifra a 82 mil. Además, se acaban de construir 100 boxes ejecutivos y, en los alrededores, un hotel de cuatro estrellas.
Los ingleses tienen ese algo que a uno le hace sentir que está pisando la historia. Pasa en Wimbledon, donde comenzó el tenis. Pasa en Silverstone, la cuna de la Fórmula 1. Pasa también en Twickenham. Soy un agradecido a haber estado allí. Y quería compartirlo.






Todos al Ingoal (27°)
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