El don del rugby
Hace algo más de un año escribí en la columna Tercer Tiempo, en Clarín, una de las tantas historias ricas que andan dando vueltas por el corazón del rugby. Se trataba de un emprendimiento que había puesto en marcha un chico, Juan Nicolás Marchetti, quien buscó darles un espacio a los pibes que recorrían sin rumbo la calle o que perdían horas hipnotizados frente a los jueguitos electrónicos.
De aquel gesto que empezó con un grupito de no más de seis chicos nació el Floresta Rugby Club. Hoy, el proyecto va tomando forma al punto de que hace un par de semanas debutó la Primera en un amistoso contra la Sociedad Alemana de Gimnasia.
A Marchetti se le fue sumando gente con ganas de difundir las bondades del rugby. Cristian Rousseau llegó a juntar 15 chicos para la octava. Damiám De Cillis Morea y el propio Juan entrenan a 12 pibes de la décima. Leonardo Delsanto orienta la escuelita de los más chiquitos y Rolando Faverio está a cargo de la Menores de 16.
Hay contactos con colegios de la zona para seguir creciendo. Y un trabajo hecho a pulmón al que se le agregó el hockey sobre césped, con 20 nenas que son entrenadas por Susana Vázquez y Paula Marchetti.
El Floresta Rugby (www.florestarugbyclub.7p.com) necesita de todo tipo de apoyo. Le sobra corazón y empuje. Como tantos clubes de rugby que andan dando vueltas por la Argentina. Como tantas historias de éstas que merecen su espacio.






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