Europa
Para graficar uno de los mayores problemas que afronta actualmente el rugby en su terreno profesional, Bernard Lapasset utilizó como ejemplo la finalísima de la Champions League que hoy disputarán en Moscú el Manchester United y el Chelsea: “Dos equipos inglesen casi sin jugadores ingleses”. Desde aquí se puede agregar que ambos reúnen a futbolistas de 21 países distintos y que ni siquiera son ingleses sus directores técnicos ni sus dueños, aunque también figuran entre los cuatro clubes de más ganancias en el mundo, a un promedio de 300 millones de euros por temporada.
Lapasset habló de la necesidad de “preservar la identidad europea”. Lo hizo ante los dirigentes argentinos y también en la conferencia de prensa. Y anunció que en los próximos meses habrá una reunión cumbre entre los presidentes de las federaciones europeas de los cuatro deportes de conjunto más importantes: el fútbol (representado por el titular de la UEFA, otro francés, Michael Platini), el rugby, el básquetbol y el voleibol. “Estamos ante un serio problemas”, agregó.
Francia es quizá el país que más sufre con esta globalización del rugby. Quedó demostrado en el último Mundial. Hoy por hoy, los titulares de los clubes son mayoritariamente extranjeros y desde allá se intuye que eso no permite la aparición de nuevas figuras. Por ejemplo, ¿hace cuánto que Francia no saca primeras líneas o parejas de medios de gran nivel?
Aunque estemos lejos en todo sentido de Europa, el tema toca sensiblemente a la Argentina, cuyos jugadores de calidad de selección actúan todos en ese Continente. ¿Qué pasará si allá deciden, como ya está sucediendo en otros ámbitos, cerrar las fronteras?
Ese aspecto, agregado al hecho de que Los Pumas deberán competir en un futuro en el Hemisferio Sur, tornan de modo casi indispensable que se acelere -sin prisa- el proceso de contratar a los jugadores para que dependan de la Unión Argentina de Rugby (UAR). Y por ahí hay que leer, sobre todo, la monumental inyección económica de 3 millones y medio de libras esterlinas que este país recibirá después del Mundial del 2011 en Nueva Zelanda. Lapasset aclaró que ese dinero “no es para pagarle a los jugadores”, pero también anunció que a partir de allí se acabarán las giras y que las competencias quedarán reducidas a los dos Hemisferios.
Los dirigentes argentinos, que tienen por delante una tarea que no es para nada sencilla, deberán atender también este frente que sucede a 10 mil kilómetros de distancia pero que pronto se sentirá como en casa.
Link La Nación






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