Argentina (II)
En el post titulado Argentina, escrito el 7 de abril pasado, decíamos que quizá el rugby le podía pegar un vistazo al escenario de mayor conflicto que muestra el país en estos días para evitar quedar en una encerrona de discursos y piquetes. Claro que con consecuencias mucho menos graves, el rugby argentino estaba ofreciendo un panorama con sorprendentes paralelos: sectores que quieren hacer creer que la realidad es como ellos la plantean; disputas de intereses en las cuales lo más lejano parece el bien común; planteos esquizofrénicos; acusaciones que reflotan viejos vicios; treguas que se convierten sólo en tensas esperas (lugar común del periodismo que viene bien en este caso); desconfianzas extremas; búsquedas de fantasmas donde no los hay; y hasta la prensa en el medio -aunque esto es lo menos importante-, con silencios que pueden interpretarse de varias maneras y con sospechas a aquellos que opinan o se limitan a contar lo que pasa.
Evidentemente, el rugby argentino no miró ese escenario y optó por lo de siempre. Y quedó encerrado. Anoche, tal como se prevía y como venía relatando este blog, la reforma de los estatutos no fue aprobada y, entre otras tantas cosas, quedó en riesgo la posibilidad hipotética de instalar a Los Pumas en el concierto internacional y de que el International Rugby Board (IRB) destrabe los fondos que por derecho le corresponden a este país.
La asamblea extraordinaria que concluyó cerca de las 2 de la mañana de hoy quedó trabada en la puja Buenos Aires-Interior. Una puja que tiene mucho de política y algo de filosófica. Una puja histórica cuyos actores otra vez no han logrado zanjarla.
Desde la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) se planteó que el estatuto no se aprobó por la negativa del Interior. Desde el Interior, en un comunicado de prensa emitido esta mañana, se difundió lo contrario. Se señala que 21 de las 25 Uniones propusieron aprobar el estatuto, pero que Buenos Aires se opuso no sólo porque tiene el 47 por ciento de los votos, sino porque ejerció su exclusivo derecho a veto.
Buenos Aires acusa al Interior y el Interior acusa a Buenos Aires. Y, off the record, algunos dirigentes de las Uniones provinciales también se mostraron muy disconformes con el presidente de la Unión Argentina de Rugby (UAR), Porfirio Carreras, a quien le endilgan que actuó como si fuese el presidente de la URBA.
Tarde, no sólo por la hora, se buscaron nuevas soluciones para un tema que está trabado desde siempre. Como se contó aquí, la URBA planteó anoche aprobar las cuestiones del estatuto en las que había acuerdo, y el Interior se negó porque, en el fondo, sabía que sus reclamos quedarían postergados eternamente. Luego, el Interior quitó de la cancha el tema de los votos y reclamó mayor presencia en la futura estructura profesional, pero la URBA allí también fue intransigente con su porción de poder.
No hay previstos nuevos encuentros y, en consecuencia, la UAR irá con las manos vacías a la reunión que en horas arrancará en la sede del IRB en Dublin.
Habrá que entender que acaba de perder todo el rugby argentino. Porque, lamentablemente, otra vez cada uno de los actores miró su propio ombligo.






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