Los Pumas y los Mundiales (capítulo XXIV)

En Dublin, claro, esperaban a la selección irlandesa. La sorpresa que habían dado Los Pumas en Lens aún retumbaba en todos los estamentos del rugby mundial. Los argentinos ahora aguardaban a Francia, en el añejo Landsdowne Road. Había poco tiempo de recuperación y, encima, les bleus llegaban descansados porque habían llegado a los cuartos de final directamente desde la primera rueda.
Los Pumas se alojaron en un espectacular centro de golf del siglo XIX, en las afueras de Dublin. Un lugar en el cual el único ruido era el de los pájaros o el de los argentinos que iban llegando de a grupos desde distintos puntos del mundo.
El test por los cuartos estaba pactado para el domingo 24 de octubre de ese mil novecientos noventa y nueve, y Los Pumas compartían escena con las elecciones presidenciales que se realizaban ese mismo día en la Argentina.
Alex Wyllie dispuso el mismo equipo que salió a enfrentar a Irlanda, salvo el regreso de Roberto Grau por el lesionado Omar Hasán. El comienzo del partido fue tremendo para Los Pumas. A los 10 minutos ya perdían 17-0 por tries de Xavier Garbajosa, Philippe Bernat-Salles y Emile N’Tamack, todos por errores argentinos.
Parecía que se venía una goleada, pero Los Pumas, de a poco, fueron recuperándose. Primero fue con un try de Agustín Pichot, quien con su acostumbrada viveza encontró un hueco tras un scrum. Luego, con una corajeada del capitán, Lisandro Arbizu. Entonces, se fueron al descanso con Francia arriba por 27-20.
En los 20 primeros minutos del segundo tiempo se vio el mejor rugby de Los Pumas en el Mundial. Con un juego sin fisuras, garra y audacia empezaron a acorralar a los franceses mientras desde las tribunas llegaba el aliento del público. A los 17, Diego Albanese fue frenado a cinco yardas del ingoal. Enseguida, los argentinos dispusieron de un penal factible para patear a los palos. El marcador estaba 30-23. Arbizu optó por el scrum. Los Pumas lo ganaron, se generó un maul y cuando estaban a punto de apoyar, el árbitro galés Derek Bevan le cobró un penal a Martín Scelzo.
Dos minutos después, Felipe Contepomi, que había ingresado por Quesada (anótó 3 penales y dos conversiones), acortó la diferencia con un penal: 30-26.
El partido estaba para cualquiera. Los Pumas atacaban y buscaban otro milagro, pero llegó un momento en el que el físico dijo basta. Y los franceses, se sabe, no perdonan en esas situaciones. Vino otro try de Bernat-Salles y otro de Garbajosa hasta establecer el 47-26 final.
Pichot se retiró ovacionado cuando lo reemplazó Nicolás Fernández Miranda. Y lo mismo ocurrió con el equipo al término del partido. Wyllie había hecho entrar a todos los suplentes: además de Felipe, Scelzo y Nico, ingresaron Manuel Contepomi, Ostiglia, Ruiz y Canalda.
En la ceremonia del vestuario, Wyllie se quebró por primera vez en cuatro años. Dijo “Guys…” y no pudo seguir. Antes, los jugadores habían llorado en la cancha. Francia estaba en las semifinales, pero Los Pumas habían dado un muestra de corazón pocas veces vista. Todos se hacían le pregunta obvia: ¿Cómo un equipo amateur y que llegó con tantos problemas era capaz de semejante actuación? La respuesta estaba en esos jugadores.
Sigue el martes 17/7






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