Mario, hoy ganamos…
En casa, en la oficina, en el negocio, en el colegio, en un bar al paso del centro, en la sala de espera del médico. Todos recuerdan donde (y con quién) lo vieron. Ni hablar los que estuvieron en Saint Denis. Fue tan grande el impacto que se convirtió en uno de esos hitos que construyen una memoria colectiva. Pero no fue inesperado ni, mucho menos, casual. Por lo menos para ellos, los jugadores.
“Desde el 1º de julio, cuando empezamos la preparación, lo único que nos poníamos en la cabeza era el 7 de septiembre” (Felipe Contepomi)
“Y llegamos a ese 7 de septiembre al Stade de France y al entrar al ese estadio sabíamos que estábamos bien, que teníamos las cosas claras de lo que teníamos que hacer” (Juan Fernández Lobbe)
“El famoso 7 de septiembre, el día del partido inaugural, sabíamos que podíamos dar la sorpresa, que podíamos, por primera vez en la historia, ganarle al anfitrión” (Manuel Contepomi)
“Y salimos a la cancha a comernos crudos a los franceses” (Ignacio Fernández Lobbe)
“Y antes del partido, me acerqué a Mario y le dije “tranquilo, hoy ganamos”… Y ganamos” (Agustín Pichot).

Foto: Getty
Las palabras de los protagonistas no incluyen ni un dejo de fanfarronería post partido. Simplemente describen la convicción de un grupo de jugadores que se preparó, trabajó duro y planificó, desde mucho tiempo antes, un partido que, como ellos esperaban, iba a ser una bisagra en sus historias y en la de todo el rugby argentino. Cuando, en el atardecer del 7 de septiembre de 2007, Los Pumas llegaron al imponente Stade de France de París, sabían perfectamente a qué iban y cómo lo iban a hacer. Salieron a la cancha a ejecutar un plan perfectamente delineado. Tal vez, esa sea la mejor enseñanza que deja aquella jornada histórica para la actualidad y el futuro del seleccionado argentino.
“Y empezamos a jugar bien y a someter” (Felipe Contepomi)
“Y había un compañero tuyo que tackleaba a un francés y decís “no, después van a sobrar porque acá había dos” pero no, después hay dos de vuelta y todo el partido era un acoso permanente a los franceses, que no sabían que hacer” (Patricio Albacete)
“Y se empezó a dar el partido que queríamos y después vino el gran try de Nani” (Felipe Contepomi)
“Hay chances ! hay chances!...” (Alejandro Coccia, 7 / 9 / 2007)
“80 mil franceses gritándote y que vos les arruines un poquito su fiesta, creo que fue un momento muy lindo” (Manuel Contepomi)
“En un lugar donde la fiesta debía ser para ellos, nos robamos la fiesta” (Felipe Contepomi)
“Con humildad, decir “¿Ven que estamos para grandes cosas? bueno, empecemos con las grandes cosas”. No la cortemos acá. Eso fue el “Esto recién empieza”. (Agustín Pichot)
Hace exactamente 15 años un grupo de jugadores preparados por un staff profesional y responsable encabezado por Marcelo Loffreda y conducido dentro de la cancha por un líder lleno de convicción que gozaba de la confianza absoluta de sus compañeros, jugó el partido planeado y cambió la historia del rugby argentino.
Y, antes del partido, el líder, cuando supo lo que ocurría en la trinchera ajena, terminó de convencer a los que compartían la propia.
Miedo en la trinchera (Leyendas del Rugby 2da edición, Daniel Dionisi 2020, Club House)
Cualquiera sabe que los partidos se empiezan a jugar (y a ganar) antes de entrar a la cancha. En el entrenamiento de la semana, en la planificación previa, en la motivación. Exagerando, podría decirse que una final que se juega en octubre se empezó a ganar en la pretemporada del verano.
Pero el partido del 7 de septiembre de 2007 Los Pumas empezaron a ganarlo muchos años antes.
Esa fecha, 7 de septiembre, estaba en la cabeza de Los Pumas de Bronce desde mucho tiempo atrás. Francia, partido inaugural del Mundial. Una oportunidad única. Ellos lo intuían, el capitán lo tenía muy claro.
Y el 7 de septiembre llegó.
El impresionante Stade de France, en el suburbio parisino de Saint Denis, desbordaba de fanáticos en el anochecer de ese día soñado. Por momentos el murmullo de la tribuna daba lugar a un griterío ensordecedor que impactaba a los que esperaban el partido dentro del campo de juego. Otro Mundial arrancaba. Una vez más, como sucede cada cuatro años, la ovalada con sus piques mágicos captaba la atención de todo el mundo.Y ellos lo sabían. Los de un vestuario y los del otro.
En un vestuario, Mario Ledesma repitió la pregunta por enésima vez en el día. “Dale, Enano, contestame… ¿Ganamos hoy?”. El capitán lo miró y sonrió.
En el otro imperaba el silencio que solo era quebrado por la percusión de los tapones chocando contra el piso.
Cuarenta minutos antes de la hora fijada para el comienzo del Mundial en los dos vestuarios se escuchó el mismo llamado pero en distintos idiomas: “¡A la cancha!”. Entonces argentinos y franceses salieron al campo para familiarizarse con el ambiente.
Los del gallo por un lado. Los del yaguareté por el otro. Los dos planteles empezaron a moverse en la monumental escenografía de Saint Denis. A lo lejos, el capitán argentino los reconoció a todos. Algunos eran amigos, ya que jugaban con él desde hacía años en París. Otros eran viejos conocidos, rivales de muchas batallas en el campeonato francés.A todos los conocía (los estudiaba) desde hacía mucho tiempo. Por eso Agustín se acercó a saludarlos. No lo hacía por educación, aunque siempre fue un tipo muy educado. Quería verlos de cerca. Palpar las sensaciones que vivían sus rivales un rato an- tes del partido.Tantearlos. Sumar información para dirigir la batalla.Al comandante Pichot no se le escapaba nada.
Primero se cruzó con Christophe Dominici, el experimentado wing era un verdadero amigo. Agustín lo saludó como siempre. Como si estuvieran por empezar un entrenamiento en el Stade Français. Dominici le devolvió la cortesía con un gesto de compromiso sin ninguna efusividad. Después fue el turno de Ráphael Ibáñez, que solo lo miró fijo sin decir nada. El capitán argentino registró un gesto muy tenso en la cara del hooker francés.Anotó.
Luego fueron desfilando varios franceses ante el saludo amable del medio scrum argentino que sumaba información en esa computadora que siempre llevó en su cabeza cada vez que salió a una cancha de rugby.Todos estaban tensos, asustados, abrumados por la responsabilidad de defender a la bleu en el Mundial que se iba a disputar en su casa.
Cuando Pichot tuvo enfrente a David Skrela llenó el casillero que faltaba en su planilla.Agustín lo conocía muy bien porque juntos formaban la pareja de medios del equipo parisino. Además, el argentino era un verdadero líder para el francés. Habían compartido muchas veces la habitación en las concentraciones y el capitán le trabajaba mucho el aspecto psicológico, uno de los puntos débiles que presentaba el hijo del inolvidable tercera línea de la década del 70.
Skrela saludó a su amigo con un gesto tenso, casi angustiado, como si le estuvieran presentando al padre de su primera novia.Y Pichot lo supo con solo mirarlo a los ojos. El apertura francés era el paradigma de la presión que estaban padeciendo los franceses. Solo había miedo en su expresión.
La visita del capitán argentino a la trinchera francesa en ese precalentamiento del 7 de septiembre no duró más de tres o cuatro minutos, y cuando volvió a juntarse con los suyos ya tenía toda la información que necesitaba.Ya había empezado a jugar el partido.Ya tenía ventaja. Por eso, cuando regresaron al vestuario y su amigo Ledesma lo taladró una vez más con la pregunta del día, Agustín Pichot, el gran líder de Los Pumas de Bronce, rompió el silencio.
“Sí, Mario, hoy ganamos…”.
Síntesis
7 / 9 / 2007, Stade de France (París), árbitro: Tony Spreadbury (Inglaterra).
Francia: Cedric Heymans; Aurelien Rougerie, Yannick Jauzion, Damien Traille, Christophe Dominici; David Skrela, Pierre Mignoni; Olivier Milloud, Raphael Ibanez (capt), Pieter de Villiers, Fabien Pelous, Jerome Thion, Serge Betsen, Remy Martin, Imanol Harinordoquy.
Suplentes: Dimitri Szarzewski, Jean-Baptiste Poux, Sebastien Chabal, Julien Bonnaire, Thierry Dusautoir, Jean-Baptiste Elissalde, Frederic Michalak.
Ingresaron: Michalak, Elissalde, Bonnaire, Chabal y Szarzewski.
Argentina: Ignacio Corleto; Lucas Borges, Manuel Contepomi, Felipe Contepomi, Horacio Agulla; Juan Martin Hernandez, Agustin Pichot (captain); Rodrigo Roncero, Mario Ledesma, Martin Scelzo, Ignacio Fernandez Lobbe, Patricio Albacete, Juan Fernandez Lobbe, Lucas Ostiglia, Juan Manuel Leguizamon.
Suplentes: Alberto Vernet Basualdo, Santiago Gonzalez Bonorino, Rimas Alvarez, Martin Durand, Nicolas Fernandez Miranda, Federico Todeschini, Hernan Senillosa.
Ingresaron: Senillosa, Rimas Alvarez, Durand y González Bonorino
Primer tiempo: 5′ penal F Contepomi (A), 7′ penal Skrela (F), 10′ penal F Contepomi (A), 24′ penal F. Contepomi (A), 27, try Corleto (A), 33′ penal Skrela (F), 34′ penal F. Contepomi (A), 40′ penal Skrela (F).
Parcial: Francia 9 – Argentina 17
Segundo Tiempo: 20′ penal Skrela (F)
Final: Francia 12 – Argentina 17






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