Final
La final de la tercera Copa del Mundo, de la que hoy se cumplen 25 años, es uno de los partidos con mayor contenido épico de la historia del rugby. Se ha escrito, se ha hablado y hasta se ha filmado una superproducción de Hollywood (Invictus, Clint Eastwood, 2009) sobre el choque entre Springboks y All Blacks de 1995. También, en Leyendas del Rugby, tuvimos el placer de recrear esa final con el testimonio de algunos de sus protagonistas mas importantes. François Pienaar, Jonah Lomu, Japie Mulder, Andre Joubert y Morne Du Plessis (manager de Sudáfrica en esa Copa) son las leyendas que aparecen en ese programa (ver video). Lo cierto es que en este aniversario vale la pena recordar una vez mas aquella batalla del Ellis Park.
Springboks y All Blacks no llegaban de la misma manera al choque del 24 de junio. Los dos equipos habían atravesado con solvencia la primera ronda, pero Sudáfrica cargaba con el incidente del partido ante Canadá y los dos expulsados que serían un gran dolor de cabeza en la previa de la semifinal tormentosa de Durban. Los dos finalistas habían ganado con holgura los partidos de cuartos de final. En esa instancia Sudáfrica aplastó a Samoa en la tarde mágica de Chester Williams (4 tries) y Nueva Zelanda derrotó con comodidad a Escocia en la altura de Pretoria. La gran diferencia la marcó la fase semifinal. Mientras los All Blacks con Lomu intratable, aplastaron a Inglaterra, los Springboks, con alguna ayudita del árbitro Derek Bevan vencieron con mucha dificultad a Francia. Esos dos partidos, disputados una semana antes de la gran final, eran un buen parámetro para fijar las diferencias entre los dos finalistas. Teniendo en cuenta el recorrido en la Copa y las individualidades de cada equipo, no era aventurado afirmar que los All Blacks estaban un escalón arriba de los locales. Pero claro, los partidos hay que jugarlos y a los datos objetivos se sumaban en el análisis previo, dos factores que terminaron siendo fundamentales en la final. Uno conocido, la localía. Todo un país liderado por Nelson Mandela, estaba detrás de los Springboks y eso, que podría haber sido una presión negativa, terminó siendo un gran empuje anímico. El otro factor, que se conoció tiempo después, estaba ligado a un hecho con ribetes casi delictivos. Dos días antes de la final, Nueva Zelanda debió suspender su entrenamiento por un malestar que atacó a la mayoría de sus jugadores. Han trascendido muchas versiones sobre ese hecho y se habló de que los hombres de negro habían sido intoxicados deliberadamente en los días previos a la final. Rob Steyn, un ex guardaespaldas de Mandela que trabajó en la custodia de los All Blacks durante la Copa, afirmó en un libro publicado en 2000 que “Había acompañado a un grupo de jugadores al cine en la zona de Sandton y al rato Richard Loe (pilar) lucía descompuesto y vi a Jeff Wilson doblado, tomándose desesperadamente el estómago. Volvimos rápidamente al hotel y cuando subí a la sala médica todo parecía un campo de batalla, como una escena de una película de guerra. Había jugadores tirados en el piso y el médico y el fisioterapeuta corrían de un lado al otro, dándoles inyecciones a los afectados… Yo soy un oficial de policía, yo trabajo con hechos. Y lo que me dijeron mis ojos fue que esa noche el equipo fue deliberadamente intoxicado“. Mas allá de la credibilidad de Steyn, el malestar y la suspensión del entrenamiento existieron. Igualmente los All Blacks fieles a su conducta histórica, salieron a jugar sin manifestar excusas.
El Partido
Fue una final sin tries. Sin embargo el partido no tuvo nada de aburrido porque el duelo táctico con predominio de las defensas, generó una tensión permanente en el marcador. Siempre estaban cerca y el partido era para cualquiera. Los pocos quiebres aún hoy son recordados y generaron puntos en un choque de tanta paridad. El gran objetivo que se planteó Sudáfrica fue frenar a Jonah Lomu y la táctica fue evitar que jugara lanzado por afuera. El plan funcionó. Fue tanta la concentración de los sudafricanos que el gigante de Auckland apenas se pudo cortar dos veces y solo una vez por afuera. La primera fue en el primer tiempo. Lomu entró lanzado por el centro de la cancha y Joost van der Westhuizen lo frenó con un gran tackle, pero del ruck posterior se generó un penal abajo de los palos que convirtió Andrew Mehrtens. La segunda fue en el segundo tiempo y terminó con un tackle de Japie Mulder que lo sacó de la cancha (ver video).
La diferencia mínima la hizo el pack de fowards sudafricano en el scrum y en la batalla cuerpo a cuerpo. La única jugada cercana al try ocurrió a los veinte del primer tiempo, cuando el octavo Mark Andrews se levantó de un scrum, se la pasó a Ruben Kruger y éste se zambulló en el ingoal trabado por un neozelandés. Según Pienaar esa jugada hoy, con TMO, es try.
En el dominio fue un tiempo para cada uno, con superioridades muy leves. El primero para los locales, el segundo para los All Blacks. Los ochenta minutos terminaron 9 – 9 y, en un clima de extrema tensión, se llegó al suplementario. Parecía que los sudafricanos, con el apoyo de su gente, tenían un plus anímico y así fue. A pesar de que Nueva Zelanda sacó ventaja con un penal de Mehrtens, Sudáfrica empató con otro de Joel Stransky. Y llegó la jugada decisiva. Así la contaron los dos aperturas, “Francois (por Pienaar) avisó que iban a realizar un movimiento con la tercera línea. Justo miré a Graeme Bachop que estaba apuntando a Joost (por van der Westhuizen) que tenía la pelota para jugarla, pero me di cuenta de que Andrew Mehrtens estaba muy abierto. Entonces le pegué el grito para que anule la fase y me la pasara. No fue un drop muy largo, además estaba casi directo a los palos. Bachop intentó interceptar el pase y, como no llegó, tuve tiempo sin presión para ejecutar el kick glorioso por un canal despejado. Si miro para atrás, me hubiera gustado patear siempre como logré patear aquel drop” (Stransky). “La verdad es que nunca imaginé que Stransky iba a patear el drop sin una primera fase, después de haber ganado el scrum se animó a hacerlo directamente. Normalmente intentás avanzar con varias fases para conseguir el lugar y el momento preciso para hacerlo. Seguramente yo debería haber tomado más recaudos”(Mehrtens).
El drop de Stransky y el final desataron la locura en todo el país. La foto de Pienaar levantando la Copa y la sonrisa de Mandela a su lado, ambos con la camiseta verde y oro número seis, ya es una postal de la historia del deporte, un símbolo del día en que el rugby ayudó a reconstruir a una Nación.
Daniel Dionisi







Planteles
Todos al Ingoal (26°)
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