Champions Cup (Final)
Un excelente artículo de Ricardo Sabanes y John Quinn (Toluba), sobre la super final de Europa que se disputará este sábado en Newcastle. La historia, la tradición y la actualidad de Saracens y Leinster. Para vivir la previa y saber todo sobre el gran partido. La mejor final de la historia, un gran texto con la firma de dos escritores que ya forman parte de la identidad de Periodismo Rugby.
La mejor final de la historia
La tristeza por el descenso de los Falcons va a verse atenuada en Newcastle, una divertida ciudad de puertas abiertas que se prepara para un espectacular fin de semana “europeo”, cuya arena principal será el magnífico estadio St. James’ Park, a cuyo lado Twickenham parece el museo de cera de Madame Tussaud. Como introducción al rugby del hemisferio norte, el viernes a la noche Clermont y La Rochelle disputarán la Challenge Cup ahí mismo, y el sábado…
La final entre Leinster y Saracens promete ser un Test match. Tras olerse de lejos los últimos años, los dos equipos más consistentes de Europa disputarán la Copa de Campeones. La colisión entre los despiadados Saracens y los hijos de Leinster, duros como rocas, enfrenta una fuerza implacable contra otra inamovible. ¿Quién surgirá como primus inter pares?
Para muchos el ganador del sábado podrá considerarse el mejor equipo europeo de la historia del rugby profesional. Hay argumentos estadísticos. Leinster va por un quinto título europeo y su segundo consecutivo, mientras Saracens busca una tercera Copa de Campeones en cuatro años. Si bien un Toulon lleno de estrellas obtuvo un hat-trick entre 2013 y 2015, para luego desvanecerse, Saracens y Leinster han aparecido en siete finales en la última década.
“Probablemente sea la final que todos querían”, dice Richard Wigglesworth, medio scrum de Saracens e Inglaterra. “Se enfrentarán los dos mejores equipos, es la razón por la que jugás rugby”.
Saracens y Leinster, los dos mejores de la actualidad, no lo fueron en el pasado. No traen consigo las tradiciones de Toulouse, Wasps, o Leicester que ya eran clubes con grandes logros antes de 1995. Los finalistas de St. James’ Park son producto del reciente rugby profesional.
Saracens
Saracens nació en 1876 en Marylebone, Londres. Creado por los Philological School Old Boys, el nombre del club proviene de “la resistencia, el entusiasmo y la invencibilidad de los sarracenos, guerreros del desierto de Saladino del siglo XII”, que vencieron a los cruzados en la batalla de Hattin en 1187. El hecho de que el club rival se llamara Crusaders —con quienes se fusionaron dos años más tarde— puede haber sido un motivo de la elección del nombre. La media luna y la estrella que aparecen en el emblema del club recuerdan las que se ven en la bandera del Imperio Otomano. En 1892 Saracens se trasladó a Winchmore Hill (alejados al sur de Londres), y desde entonces jugaron en nueve sitios diferentes. Este nomadismo no les sirvió para conquistar Jerusalén —como Saladino—, y perjudicó su posición dentro del establishment de los clubes ingleses que se clasificaban como first class, second class, y hasta third class, y que acordaban calendarios anuales ente los de una misma clase (donde pesaban el origen, las instalaciones, el número de jugadores y también el pedigree). En 1939 se mudaron a Bramley Road en Holland Park, donde no pudieron jugar hasta 1945 debido a la guerra. El partido inaugural fue frente a Blackheath, pero tuvieron que esperar nueve años antes de que Harlequins los incluyera en su calendario anual. Saracens encontraba dificultades para conseguir partidos con equipos de primera clase ya que las instalaciones de Bramley Road eran “muy pobres”.
Pero el destino de Saracens comenzó a cambiar. El club aparece por primera vez en la Merit Table B que publicó The Sunday Telegraph en 1984. Cuando en 1987 la RFU decide que se compita en formato de liga (la Courage League) y los partidos dejan de organizarse por tradición y comienzan a jugarse por puntos, Saracens es clasificado en la National 2 (segunda división). En 1989 asciende a National 1, desciende en 1993 y regresa en 1995 para quedarse hasta el presente; gana la Anglo-Welsh Cup de 1998 (la primera copa de su historia), para más tarde ganar la Premiership en 2011, y luego obtener las de 2015, 2016 y 2018. Producto de la era profesional (en la que muchos clubes first class desaparecieron), nunca olvidaron “la resistencia, el entusiasmo y la invencibilidad de los sarracenos”. Los argentinos Roberto Grau, Tomás de Vedia, Carlos Nieto, Francisco Leonelli, Marcelo Bosch y Juan Figallo han lucido la media luna y la estrella en sus pechos.
Leinster
Fundado en 1879, Leinster Rugby es uno de los cuatro seleccionados provinciales de Irlanda. Se nutre de jugadores de los 71 clubes afiliados a su jurisdicción, mientras que Ulster selecciona jugadores de 56 clubes, Munster de 59 y Connaght de 23. Antes de los días del rugby profesional, el mayor énfasis estaba en el rugby de clubes. Durante aquellos tiempos, los equipos provinciales eran seleccionados y los partidos eran mucho menos frecuentes que ahora. Entre 1946 y 2002, los equipos se encontraban anualmente para disputar el Campeonato Interprovincial de Irlanda y, en raras ocasiones, jugaban contra equipos internacionales de gira. Uno de esos partidos lo jugaron vs Argentina el 21 de octubre de 1978 en Lansdowne Road. Ganaron los Pumas 24-13, con tries de Gabriel Travaglini (1) y Sansot (1); cuatro penales, un drop y una conversión de Porta. Para Leinster anotaron Andrucetti (1 try) y Quinn (tres penales).
Cuando en 1995 el rugby fue declarado “abierto”, los cuatro equipos se convirtieron en las cuatro franquicias profesionales administradas por la Irish Rugby Football Union y, por lo tanto, gran parte de la historia de Leinster se ha desarrollado en la era moderna. En Irlanda el rugby sigue siendo el cuarto deporte en popularidad en la isla, detrás del Gaelic football y el hurling (deportes gaélicos nacionales) y el football (soccer). Para algunos el rugby sigue siendo un foreign game (deporte extranjero), por esas cuestiones de nacionalismos y peleas ancestrales entre sajones y celtas. En el rugby irlandés, Munster, los archirrivales de Leinster, fueron los pioneros en cuanto a prestigio y éxitos en Europa a tal punto que calificaban a Leinster como Ladyboys, o señoritas, a la manera de las cargadas de los provincianos a los capitalinos de colegios privado. Así fue hasta la llegada de Michael Cheika y Joe Schmidt, quienes le dieron a Leinster un marco de profesionalismo superior, tanto en el juego como en las estructuras necesarias: un equipo técnico de cuatro coaches (entre ellos hoy está nuestro Felipe Contepomi como coach de backs, venerado por los fans tras su paso por Leinster entre 2003 y 2009) y veintiséis asistentes en el backroom staff que monitorean desde el equipo superior hasta la Academia de una manera hiperprofesional. Desde entonces son los referentes tanto en Europa como en el Pro14.
La final de todas las finales
Leinster seleccionó a catorce jugadores de Irlanda en su alineación titular para la semifinal contra Toulouse. Rhys Ruddock se retiró antes del partido para reducir el total a trece, la misma cantidad de jugadores internacionales con que Saracens jugó la otra semifinal contra Munster.
Los dos clubes tienen dieciséis Lions entre ambos y han dominado la Copa de Campeones desde la última Copa del Mundo en 2015. Saracens la ganó en 2016 y 2017, invicto en el torneo en esos dos años, y Leinster la obtuvo la temporada pasada tras eliminar a su rival del sábado en cuartos de final en Dublin. La tasa de éxito de Leinster en los últimos tres años es del 86%, ligeramente superior al 83% de sus oponentes. Saracens es el último campeón de Inglaterra y Leinster obtuvo el título del Pro14 de la misma temporada. Si hubiera una gira de los Lions este año, Leinster y Saracens probablemente suministrarián la mayor parte del equipo de Test, incluidos los cinco de adelante, donde el segunda línea James Ryan, de veintidos años, muestra la precocidad que Maro Itoje tuvo a esa misma edad. Ambos jugadores vienen de las academias. Toulon pudo haber dominado la Copa de Campeones en la primera mitad de la década, pero compraron talento en lugar de desarrollarlo y no pudieron mantener el éxito. Los finalistas de este año hicieron crecer los suyos.
Las finales son a menudo tensas, con el riesgo minimizado, pero habrá un contraste de estilos. Leinster busca mantener la posesión con su juego de fases en busca de abrir las defensas, mientras que Saracens, como Irlanda, prefiere poner la pelota en el aire. Ben Spencer demolió a Munster con sus kicks precisos que parecían detenerse cuando alcanzaban su punto más alto, antes de descender sobre una jauría de perseguidores que rodeaba al receptor y forzaba el error.
En una esquina estará Sexton, el jugador World Rugby del año, que ha sufrido una temporada con altibajos pero que invariablemente se levanta para la ocasión. Él dicta mientras, en la otra esquina, Owen Farrell delega más, mezclando la explosión de Brad Barritt con la evasión de Alex Goode. Puede que se defina por kicks a los palos y de cómo las dos partes juegan con el árbitro, Jérôme Garcès, que estuvo a cargo cuando Inglaterra derrotó a Irlanda en Dublín por el Seis Naciones de este año.
“Sufrimos mucho dolor en Europa antes de ganar bajo la lluvia de Lyon [en 2016]”, dice Wigglesworth. “La sensación de ese día fue de alivio. Ahora no hay pánico: eso no se compra, viene de la experiencia. Podemos reaccionar a la presión y hacer el trabajo”, agrega. “Ambas partes tienen tanta experiencia, habrá tanto talento y clase en el campo que por eso promete ser una ocasión épica, podría ser la mejor final de la historia “.
Por John Quinn (Toluba) y Ricardo Sabanes













22º
22º
22º