El Negro
Anduve atrasado y escueto con la información este fin de semana. Se debió a un hecho doloroso, que si bien es muy particular, necesito volcarlo en este blog. El sábado a la nochechita me avisaron de la muerte de Jorge Ezequiel Sánchez, el Negro Sánchez, un gran amigo y uno de mis maestros en el periodismo. Se fue a los 65 años, muy pronto, después de penar largo con unos pulmones -“fuelles”, como solía decir- que no lo dejaron en paz.
Lo conocí en 1984, en La Razón matutina de Jacobo Timerman, y lo que nos empezó a unir fue la afición por el rugby. El Negro amaba este deporte, al cual cultivó en su pasado como cronista de la legendaria revista Try.
A partir de ahí armamos una relación de afecto, más allá de la diferencia de edad. Me llevó a El Ciudadano, un semanario con opinión radical que cerró cuando Angeloz perdió las elecciones con Menem. Y me llevó a Clarín en 1994, como prosecretario de redacción. Primero en Información General, y luego, a Deportes, cuando se fundó Olé.
Pero lo más importante es que me me llevó en su vida. Y tuvo un gesto conmigo de esos que jamás se pueden olvidar, en un momento muy difícil de mi vida. Se la jugó en una situación en la que él se podría haber llevado la peor parte. Quedará entre nosotros lo que pasó, pero créanme que si hoy estoy escribiendo esto es en gran parte por la mano que me dio.
Una pluma brillante, una capacidad de trabajo impresionante, un don de gente absoluto. Culto, leído como pocos conocí en mi vida, amante de las largas sobremesas. En Clarín se puso al hombre durante años toda la parte de atrás del diario; inventó la Segunda Sección; armó proyectos; llevó adelante decenas de libros (varios me tocaron editarlos) y, sobre todo, defendió siempre las banderas del periodismo ético.
La avanzada sobre la redacción de los cultores del “todo por el mismo precio” y del discurso empresarial lo corrieron del día al día. Pero no se dio por vencido, y siguió haciendo periodismo desde un subsuelo del otro lado del edificio. Hasta que la salud lo agotó y, también, el manoseo. Y se fue, querido por todos.
Ayer fue la despedida. Nos abrazamos con Julito Marini, otro gran amigo, a quien el Negro le confió la dirección de la sección Deportes junto a mi. Nos abrazamos con Ezequiel y Octavio, sus hijos, que son un calco suyo. Nos abrazamos con Mora, su inseparable mujer. Y lloramos. Lo extrañaremos al Negro.
Necesitaba escribirlo. Gracias.






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