Límites
Hoy, como todas las mañanas, pasé por la puerta del CASI. En la entrada principal, en medio de la vereda y apuntando al club, lucía un trípode que sostenía a una cámara de televisión. En la esquina, enfrente, aguardaba un móvil de Canal 13. Por una cuestión de reflejos y porque conozco cómo funciona el Grupo, paré un instante el auto para mirar Clarín, que acababa de comprar. Obvio: el diario traía otra noticia, esta vez en la tapa, de otro hecho de violencia en la que supuestamente participó otro jugador del Atlético y hacia, claro, allí fue el noticiero del 13.
No debería ser una novedad a esta altura, aunque muchos no se den cuenta, cuál es el criterio de Clarín para informar y para destacar ciertos temas sobre otros o directamente para ni siquiera consignar otros que quizá tengan más importancia para la gente.
No se trata de adherir ni mucho menos a la consigna K de “Clarín Miente” porque hasta antes del conflicto del campo y del proyecto para modificar la Ley de Radiodifusión, todo estaba bien para el Gobierno. Sin embargo, vale preguntarse si no era más noticia para la tapa de hoy, por ejemplo, el juicio que se le sigue a los represores o los pormenores acerca de la ley contra el trabajo esclavo.
Ocurre que este nuevo caso que aborda Clarín, al que relaciona con la del chico Malcolm Glass, es bien distinto. La denuncia menciona “lesiones leves”, que no se justifican de ninguna manera, pero que vale una pregunta: ¿es un tema para mandarlo a la tapa de un diario y que atrás vaya otro soporte del Grupo para enfocar al CASI como si allí se hubiese cometido un asesinato?
Hay cierta saña que, con seguridad, continuará y es probable -como sucede en otros casos- que de ahora en más cualquier rugbier que respire de más se transforme en noticia. Incluso en la nota de hoy existen algunos aspectos al menos sorprendentes, como alguien que culpa también al SIC o como la madre de G. (el agredido) que dice que no se identifica porque teme una represalia, ya que “San Isidro es un pueblo y tenemos miedo”.
Pero detenerse en eso sería lo mismo que hace Clarín. Los jugadores del CASI, después de todo lo que pasó, deberían haber tomado conciencia y no más alcohol para seguir provocando escándalos en boliches. Y el club debería ser más enérgico de lo que fue, poniendo límites a esta situación, ya que, parece, el tema se le ha ido de la mano, como reconoce un dirigente no identificado citado por el diario.
Se afirma lo mismo que en los post Estupor y Estupor II: este tema de la violencia y el alcohol provoca permanentes incidentes nocturnos de los cuales participan rugbiers. Incluso hubo un gravísimo episodio este año en Sudáfrica con un plantel superior de un club de Buenos Aires. Muchos clubes -Alumni es un ejemplo que contaremos próximamente- están tomando celebradas medidas para que los terceros tiempos retomen su esencia y también hay dirigentes que bajan la línea de que el rugby no es sólo una escuela de vida para adentro de la cancha.






Planteles
Todos al Ingoal (26°)
Todos al Ingoal (26°)