Globalización
Regresando una tarde en tren hacia el centro de París desde Enghien les Bains, donde estaban concentrados Los Pumas, mantuvimos una larga charla con el periodista Olivier Bras, un amigo que supo jugar al rugby como segunda línea y que maneja muy bien el castellano por su paso por Chile. En pocas horas, la Argentina y Francia se iban a volver a enfrentar en el Mundial, esta vez por el tercer puesto. Olivier nunca confió demasiado en el seleccionado de su país y sí apostaba al corazón enorme de los argentinos. Pero sus pronósticos no sólo pasaban por los planteos extraños de Bernard Laporte, sino por la situación que viene viviendo el rugby de ese país.
Nos contaba Olivier -editor de Courrier Internacional– que el rugby se estaba pareciendo demasiado al fútbol en su peor concepción. Que estaba ingresando gente que no tenía nada que ver con la ovalada, que depositaba millones de euros, que contrataba figuras sin pestañear y que eso, indefectiblemente, iba en contra del espíritu del deporte. Citaba como ejemplo más claro al Toulon de la segunda división. Allí recaló Mourad Boudjellal, un empresario que amasó fortunas con los comics y que, de repente, anunció una revolución en la ciudad que goza de la fabulosa Costa Azul. Informaba Olivier que el segunda línea sudafricano Victor Matfield había firmado contrato por una temporada a cambio, nada menos, de 120 mil euros mensuales. “Va a armar un descalabro que no se sabe dónde puede terminar”, nos apuntaba el grandote Bras.
En su edición de hoy, el diario Olé brinda una muy buena pintura del Toulon escrita por el periodista Sergio Stuart. El equipo cuenta con un presupuesto de 12 millones de euros y manda con autoridad en la segunda división de Francia -allí también hizo una millonaria inversión el Racing de París donde juega Agustín Pichot- con figuras de la talla de Matfield, el australiano George Gregan y el neocelandés Andrew Mehrtens, dirigidos por el ex capitán de los All Blacks, Tana Umaga, quien había arribado el año pasado como jugador.
Salvo Asia, todos los continente están representados en el Toulon. Y hasta hay un jugador checo. Pero entre tanta mezcla y figuras, el capitán es un argentino, Esteban Lozada, quien se incorporó después del Mundial tras dejar al Club Atlético San Isidro (CASI).
Los Pumas dieron un ejemplo en el Mundial y fue, además de todas sus cualidades técnicas, el espíritu con el que sienten el rugby. El que mamaron, precisamente, en sus clubes. Olivier nos contaba que eso se estaba perdiendo del todo en Francia. Que lo del Toulon era un ejemplo. Y quizá allí, seguramente, también haya que buscar las razones por las cuales les bleus fracasaron en un torneo que estaba armado para ellos. Perjuicios de la globalización.






21º
Argentina – Australia (Ustedes)
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