Ganar
Siempre es importante una victoria para un equipo que viene cascoteado en su cabeza y autoestima por tanta derrota y goleada. Los Pumas necesitaban una, y la oportunidad, la última que restaba, era hoy, ante Italia, en el Olímpico de Roma. Desde esa visión, que no es antojadiza en un contexto general que debe ir mucho más allá de los análisis fríos y metódicos, el objetivo se cumplió. Se ganó. Con lo justo, sufriendo, ante un rival limitadísimo que incluso pudo llevarse el test si hubiese tenido a un pateador más confiables, pero se ganó. Cerrar el año con un 1-11 quizá no tenía vuelta. Con un 2-10 es otra cara, al menos. Otro ánimo, otro discurso.
¿Jugaron bien Los Pumas? Para nada. Quizá el rendimiento fue más bajo que con Gales, una semana atrás. ¿Ganaron bien? Tampoco. Pudo ser tranquilamente de Italia, que falló 5 patadas a los palos. Por, se insiste, hay que analizar desde dónde venía el seleccionado para comprender que, en este caso, ganar era indispensable.
Lo dicho. Fue un partido flojísimo, de muy bajo nivel, de características similares al de junio entre Los Pumas y Georgia. Tampoco ayudaron la lluvia, algunas decisiones del árbitro neocelandés Chris Pollock y el escenario semivacío del Olímpico de Roma. Pareció, lo fue, un test de segunda categoría entre dos equipos que pensaron más en no perder que en ganar.
En ese contexto, hay que apuntar que Los Pumas anotaron el primer try y único try de la ventana de noviembre, cuando tras una buena jugada de varias fases, Nicolás Sánchez atacó la defensa y habilitó a Juan Imhoff para que el rosarino hiciese el resto. Y también que volvieron a vulnerarle su ingoal, cuando Santiago Cordero -recién ingresado- quedó desestabilizado en la altura para que apoye Michele Campagnaro.
Sánchez fue lo mejor del equipo. Por su tremendo tackle (majestuoso cómo se lo llevó puesto a Sergio Parisse en la acción que ilustra el comienzo de este post) y su enorme puntería (3 penales, un golazo de conversión y el drop de la victoria; falló sólo un envío a los palos), pero al 10 argentino le sigue faltando otra cuestión clave en su puesto: la generación de juego. Varias de sus ejecuciones facilitaron el tackle italiano en el centro de la cancha.
Fue una buena prueba de otro tucumano, Benjamín Macome, quien con 12 tackles sólo fue superado en ese rubro por Eugenio Guiñazú (14). Sin brillar, dejó el alma en cada pelota. Y también, otra vez, la primera línea, lo más sólido de noviembre. Y se robaron varios lines. Pero, en contrapartida, Los Pumas volvieron a la indisciplina: ¡16 penales! y una amarilla (a Marcos Ayerza, por reiteración de infracciones de los argentinos) en el momento más caliente del partido. Se insiste: con un pateador confiable (el escocés Tomasso Allan metió sólo 3 de 8) era derrota.
Ahora habrá que ver para qué sirvió este triunfo a futuro. La victoria descomprimió y alivió a un grupo que la necesitaba, pero el camino al Mundial 2015 -máximo objetivo- es largo y es imperioso no volver a cometer el sinfín de errores que gobernaron el 2013. Se necesitaba ponerle fin a este año tumultuoso ganando, pero no servirá de nada si las partes involucradas en el proceso de la alta competencia -jugadores, staff, dirigentes- no asumen que 2014 hay que empezarlo de cero.
Ganar era lo importante para Los Pumas. Quedó para otra ocasión el juego que, por otra parte, no apareció nunca este año. Se verá si sirvió para que en el futuro a éste 2013 se lo recuerde sólo como un mal paso.
Crédito Fotos: Rodrigo Vergara/Prensa UAR
Crédito Audios: Prensa UAR








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