Columna
De la recuperación de Los Pumas. De eso escribí hoy en La Nación. Lo reproduzco acá porque no está subido a la web.
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¿Importa una derrota como ésta en el resultado? De ninguna manera. Muchas veces, tanto en la vida como en el deporte, se puede ganar aún perdiendo. Esa es la imagen que dejaron ayer los Pumas. Porque no se puede evitar el contexto: una semana después de una goleada por 60 tantos de diferencia, tras una actuación muy floja desde todos los ángulos, teniendo enfrente a los mismos XV del segundo mejor equipo del mundo y, además, afrontando la revancha sin varias de los titulares (Fernández Lobbe, Albacete, Hernández y Carizza). Por eso no hay que detenerse en la chapa del 17-22 ni lamentarse por lo que era una victoria histórica a sólo 8 minutos del final.
Esta de ayer es una victoria Puma, teniendo en cuenta de lo que se venía y de lo que se viene. Que no tiene que ver con una derrota digna. Porque el seleccionado argentino recuperó, ante todo, su identidad. Y a partir de ahí, de su amor propio, escarbó el juego que había perdido no sólo el sábado anterior, sino hace un tiempo.
Les hacía falta a los jugadores y al staff una actuación así, mucho más después de la debacle en Soweto. Juan Leguizamón resultó el símbolo de esta recuperación asombrosa, porque, tal como estaba el panorama, no era ilógico suponer otra goleada en contra. El santiagueño fue uno de los que abandonó llorando el vestuario el sábado anterior. Ayer se comió la cancha. El hambre se le notaba en la cara. Tackleando con locura a todo el que estaba enfrente. Y marcando un try en la primera pelota que tocó. Él fue el general que se necesitaba para esta batalla. Y todos los demás estuvieron a la altura de la circunstancia.
Y así como en Soweto no hubo nada para rescatar, en Mendoza la actuación del equipo fue sólida grupal e individualmente. Prácticamente sin puntos flojos, porque el test se jugó como lo plantearon los Pumas. Asfixiando, atacando cada pelota, quitándole ritmo a la potencia de los Boks.
Quizá quede como nota negativa los penales en los últimos 20 minutos (la disciplina mejoró ostensiblemente; sólo 3 infracciones en el primer tiempo), pero el rival juega y también el arbitraje de Steve Walsh dejó varias dudas.
Ahora viene la parte más difícil del Rugby Championship: el largo viaje a Oceanía para enfrentar primero a los invencibles All Blacks en Hamilton y, 7 días después, tras un vuelo de 8 horas, a los Wallabies en Perth. Pero hay una semana para recuperarse en la Argentina antes de eso. Y será con otra cabeza. Sabiendo que éste, y no el otro, es el camino. Jugar unidos, con actitud, cumpliendo lo más elemental del juego para seguir la ruta del crecimiento.
Ha sido la de ayer una gran lección de cómo un equipo abatido puede salir del laberinto en sólo una semana. Ese es el gran triunfo de los Pumas. Y si esa sigue siendo la imagen, tampoco importarán los resultados, sin perder de vista que aún le falta al juego. Pero en Mendoza se recuperó le ruta que se había perdido en Soweto. Y eso es lo que cuenta.






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