Ultima

Función de despedida para este maravilloso concierto que han brindado Los Pumas en el Mundial. Ultimo acto no sólo en este torneo, sino quizá también para muchos de los que protagonizaron un ciclo brillante en estos años. Un chau para Marcelo Loffreda y su staff técnico. Quizá un adiós para varios jugadores. Y, por si fuese poco, todo en una noche en la que además estará en juego nada menos que el tercer puesto del torneo. El bronce cerraría todo del mejor modo, pero a esta actuación, más allá del resultado, hay que calificarla de oro. Promete ser el día de mañana entonces un viernes cargado de emociones. Porque se termina para los argentinos un largo torneo al que se llegó muchísimo más lejos de lo que la lógica indicaba. Es verdad: Los Pumas querían la final, deseaban estar presentes en el sábado 20 de octubre, pero cuando puedan descansar y reflexionar seguramente se darán cuenta que aquí escribieron una página única. Concluye una etapa e, indefectiblemente, arranca otra que presenta un desafío mayor para el rugby de nuestras tierras. Sí, mañana es la última.
La cita es otra vez con Francia, como en el partido inaugural de aquel ya lejano pero también inolvidable 7 de septiembre. No será en el Stade de France, reservado para la final del sábado, sino en el Parque de los Príncipes, también en París, donde se protagonizó la fantástica victoria contra los irlandeses. Mismo horario: 21 de acá, 16 de la Argentina. Mismo árbitro que ante los de verde: el neocelandés Paul Honiss, a quien el International Rugby Board (IRB) premió con este partido pese a sus flojas actuaciones.
Al final, habrá sólo cinco cambios con respecto a los titulares que salieron a enfrentar a Irlanda, Escocia y los Springboks. Ocurre que Gonzalo Tiesi amaneció hoy con una rodilla inflamada producto de un golpe que sufrió en el entrenamiento de ayer. No participó de la práctica del mediodía en el Parque de los Príncipes. Entonces, vuelve Manuel Contepomi con la 13, al lado en el crucial centro de la cancha de su hermano mellizo Felipe. Mala suerte la del back de 22 años ex SIC y actual London Irish. Las lesiones no paran de perseguirlo. Llegó con lo justo al Mundial y acá contaba con una gran oportunidad. Pero es jóven y tiene mucho por delante.
Francia tiene toda la presión encima porque acá no soportarían otra derrota con los argentinos, y el cuarto puesto les provocaría un aroma a nada. Pero Los Pumas cargan con un importante cansancio físico y también con el lógico dolor que aún perdura -aunque bastante menos que ayer- por la derrota con los Boks. ¿Cuál de estos factores influirá menos? Esa es la gran pregunta que recién se podrá responder cuando en París se esté más cerca del sábado.
Por eso este es un partido diferente al del 7 de septiembre. También porque a nuestro juicio Bernard Laporte pone un equipo que puede complicar más a Los Pumas que el de aquella ocasión. Un 15 que está en condiciones de desplegar un rugby más veloz y hábil, más fiel a lo que marca la historia de este país. Un rugby más champagne. Manda a la cancha, además, a jugadores con hambre, que tuvieron pocas oportunidades en este Mundial y a otros, cuya emblema es el capitán Raphael Ibañez, que intentarán dar las hurras de la mejor manera posible. Hoy Laporte también tuvo que cambiar al 13: sale Damien Traille e ingresa David Marty.
Los Pumas deberán repetir varias recetas de aquella noche en la que enmudecieron a un país y arruinaron buena parte del negocio. Tackle feroz, presión asfixiante. No darle ni un milímetro a los franceses para que se den cuenta rápidamente que puede perder de nuevo. Jugarle a esa presión que tienen. Y aprovechar al máximo lo que no se consiguió con los Boks porque se dio lo contrario: facturar en cada pelota recuperada. Así llegó el try de Ignacio Corleto.
Para eso es fundamental la concentración en los 80 minutos. Las heridas que provocaron las corridas de Bryan Habana deberán quedar en el archivo y habrá que focalizar la mente en la inteligencia de Jean-Baptiste Elissalde, en el talento de Frederic Michalak y en la sed de venganza que tendrá David Skrela, ahora como 12, aprovechando que no estará enfrente Juan Martín Hernández, su sombra negra.
Los Pumas, se sabe, dan en este tipo de nivel numerosas desventajas que las han reemplazado con coraje, con amor por la camiseta, con conocimientos técnicos del juego, con esa mezcla de amateurismo y profesionalismo que es una marca registrada. Pero en esta instancia se le suma otra que tiene que ver exclusivamente con no poder actuar en una competencia anual. Los argentinos viven la situación inédita de tener que disputar siete encuentros en 50 días. Por ejemplo, Patricio Albacete y Juan Fernández Lobbe vienen de jugar los 480 minutos de este Mundial: Felipe y Corleto entraron como titulares en todos. Rodrigo Roncero, Agustín Pichot, Hernández, Manuel y Horacio Agulla van por el sexto.
Será un compromiso extremadamente duro el de mañana. Los franceses, todos, plantel, periodistas e hinchas, tienen hambre de revancha. Lo demostraron los jugadores hasta en las declaraciones. Habrá que sortear un terreno sumamente hostil en ese sentido. Pero Los Pumas pueden hacerlo. Ya lo demostraron, aunque estemos ante otras circunstancias.
Claro que sería aún más fantástico terminar en el tercer puesto y colgarse la medalla de bronce. A eso van mañana Los Pumas. Pero quizá más que nunca haya que fijarse no sólo en el resultado que arrojen los 80 minutos -o más si se necesita alergue- de juego. La de mañana promete ser una noche cargada de emociones. Se han vivido varias en este Mundial. Pero la de este viernes es la última. Se desparramarán en París y en la Argentina, en el triunfo o en la derrota, más de una lágrima. Porque esto que han hecho Los Pumas no se olvidará jamás. Disfrutémoslo, entonces.






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