Hugo Porta, magia pura
Hoy cumple setenta años Hugo Porta, el hombre que le puso magia al rugby argentino.
Crónica de un camino mágico
En 1971 la mística puma estaba en construcción. Los hombres del 65, que habían puesto a Argentina en el mapa del rugby, luego consolidaron esa posición en los legendarios partidos de Jorge Newbery, en el amanecer de Ferro y en el segundo viaje a Sudáfrica. A esa construcción, cimentada a pura garra y coraje, le faltaba un toque de distinción, le faltaba magia. Y la magia iba a aparecer.
En una noche fría del 71 el medio scrum de Banco Nación llegó con el bolso al club YPF de la calle Crisólogo Larralde, que todavía se llamaba “Republiquetas”, para su primer entrenamiento con Los Pumas que se preparaban para el Sudamericano. Se cambió y casi sin hablar salió a la cancha pelada de pasto. Mientras practicaban un movimiento en un costado del rectángulo escuchó que el entrenador Guastella necesitaba un apertura para el ejercicio y llamaba a los gritos al apertura de Champagnat, que estaba en otro sector. “Hermida! Hermida!”, pero Hermida no escuchó. Guastella giró la cabeza y lo vio a él, “Pibe, alguna vez jugaste de apertura?”. “Si, en cuarta”, le mintió. “Bueno, parate acá, agarrá la pelota, corré paralelo a la línea del ingoal y cuando te grito, pasala”. Esa noche nació el diez.
Una semana después, en Montevideo, debutó en Los Pumas, entrando a la cancha detrás de Pochola Silva, “Jugá tranquilo pibe, que en la cancha está papito”. Despegó.
Al año siguiente jugó su primer partido grande, ante Gazelles, y anotó un try justo debajo de los tablones de Ferro donde estaban sus amigos del club.
En 1973 viajó por primera vez a Europa. Guastella lo colgó en los dos primeros partidos provinciales (él nunca se lo perdonó) y cuando lo puso contra Escocia la rompió, apoyó un try y Los Pumas casi le ganan al cardo.
En 1974 y 1975 fueron los primeros tests franceses, en Ferro y en París. Lo empezaban a conocer.
En 1976 viajó otra vez a las Islas y, en Arms Park, salió jugando del ingoal y llegó casi hasta mitad de cancha. “Qué te pasa, nene?” le dijo Tito Fernández, “Éstos son unos forros, vamos a jugar!”. “Estos” eran los jugadores del mejor Gales de todos los tiempos. Gareth Edwards, Phil Bennet, JPR Williams y cia estaban en la cancha.
En 1977 anotó todos los puntos en el primer empate ante Francia.
En 1978 los designaron capitán y despegó definitivamente, empezó a volar bien alto. Él siempre dijo que sus mejores años de rugby fueron del 78 al 83. En las Islas Británicas todavía se acuerdan lo que jugó ese año. Pisó Twickenham y lo llenó de magia.
En 1979, por primera vez llegó a Nueva Zelanda. Cuando volvió a su casa de Vicente López recibió una carta de un millonario neozelandés, fanático del rugby, que le pedía autorización para ponerle “Hugo Porta” al pura sangre de carrera que acababa de comprar.
En 1980, con la camiseta multicolor, la rompió por primera vez en Sudáfrica. Sus compañeros se sorprendían cuando salían a la calle y él no podía caminar cincuenta metros sin pararse a firmar un autógrafo o sacarse una foto con algún fanático. Aunque Argentina todavía era un país períferico del rugby, Hugo ya era una celebridad.
En 1982 la rompió en el triunfo de Bloemfontain. No solo hizo todos los puntos, sino que concretó un full house, es decir, anotó de todas las maneras posibles (try, conversión, penal y drop).
En 1983 pisó Australia. Después del último partido Mark Ella, el diez australiano, dijo que era el mejor apertura que había visto.
1985 fue su año de gloria. Lideró a Los Pumas en la primera victoria ante Francia y el empate ante los All Blacks (todos los puntos). Ese año se convirtió en el primer argentino en el International Hall of Fame y recibió el Olimpia de Oro.
En 1986 cumplió un sueño que algún tiempo atrás ni se atrevía a soñar: salió campeón con su club.
En 1987 sufrió la frustración del primer mundial, pero terminó el año con los brazos en alto, después de ganarle a Australia.
En 1988 se fue de Los Pumas.
En 1989 repitió la enorme alegría de otro título con Banco.
En 1990, a los 38 años, lo imposible: el 14 de julio, de su mano ( y su pie) Banco le ganó a Inglaterra. Hoy esa fecha es el día del club. A fin de año volvió a Los Pumas y, ante Escocia en Murrayfield, jugó su último partido.
Después del retiro fue embajador en Sudáfrica y se sorprendió cuando Mandela le manifestó su admiración. Desde su cargo diplomático fue testigo y acompañó la gran transformación política y social de la Nación Sudafricana. A fines de los noventa fue Secretario de Deportes. En algún momento se acercó a la dirigencia de la UAR, pero no lo disfrutó. Desde hace muchos años es representante argentino y uno de los dirigentes mas importantes de Laureus, la fundación de deportistas mas prestigiosa del mundo. Y siempre está cerca de su club.
Es una apretada crónica de la vida pública de Hugo Porta, de la cual se pueden inferir algunas cosas, pero mejor decirlas; siempre fue un cultor de los valores del rugby, mientras jugó y cuando dejó de hacerlo, un señor dentro y fuera de la cancha. Un hombre de familia que supo ganar y supo perder, que supo liderar y también acompañar a los que lideran. Conjugó una alquimia difícil de armonizar: humildad y orgullo. Humildad para afrontar la vida y orgullo para entender y disfrutar de los logros. Y, por sobre todas las cosas, honró la camiseta celeste y blanca, “con esta camiseta no se cansa nadie porque se juega con el corazón”.
Hoy cumple setenta años el hombre que llenó de magia al rugby argentino.
Gracias Hugo y feliz cumpleaños.
Daniel Dionisi








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